Dios, mi Salvador

SÓLO PARA CATÓLICOS

Julio 2016

Por Joe Mizzi

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María confió en Dios para la salvación, al igual que ella felizmente confesó en el Magnificat, “Y mi espíritu se regocijó en Dios mi Salvador” (Lucas 1:48).

Cuando nuestro primer padre Adán pecó, toda la raza humana con él cayó en el pecado. Junto con David, todos podemos confesars: “He aquí, en maldad he sido formado, y en pecado me concibió mi madre” (Salmo 51:5). Del mismo modo, el apóstol Pablo enseñó que el pecado de Adán repercutió en toda la humanidad, “Así que, como por el pecado de uno vino la condenación a todos los hombres…” (Romanos 5:18a). En la teología cristiana esto se llama “pecado original”.

Durante la historia de la Iglesia era debate si María fue manchada por el pecado original. Muchos cristianos siguen creyendo que todas las personas, incluyendo a María, se concibieron en pecado. En el siglo XIX, la Iglesia Católica define el dogma de la Inmaculada Concepción, que quiere decir que María fue preservada de toda mancha de pecado desde el primer momento de la concepción.

A pesar de que no hay acuerdo sobre el asunto de cuándo María fue redimida, ya sea en la concepción o más tarde en su vida, existe un consenso dentro de la Cristiandad, incluyendo la Iglesia Católica Romana, que María fue, de hecho, redimida por la gracia de Dios y los méritos de Jesucristo (véase Catecismo, 491).

María necesitaba la redención y nosotros también. También el Salvador de María es el Salvador de todos los que recurren a Dios por misericordia. María no se veía a sí misma, a lo que podía hacer, a sus propios méritos, o de alguna otra criatura. María confianba de todo corazón en Dios para la salvación.

Debemos hacer lo mismo. Vamos a olvidarnos de nosotros mismos. Olvidemos otras criaturas. Veamos al cielo y confiemos nuestras almas a Dios. Es cierto que hemos pecado, y merecemos la ira y el juicio de Dios. Sin embargo, el mismo Dios envió a su Hijo amado Jesús, inmaculadamente concebido por el poder del Espíritu Santo en el seno de la Virgen María, para dar Su vida en rescate por muchos: Por su madre y para todos aquellos que, como María, confiamos en Dios para liberarnos del pecado.

A continuación, vamos a experimentar también la alegría y agradecimiento mismo que María expresó con las palabras, “Mi espíritu se regocijó en Dios mi Salvador”.

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Copyright © 2000 – 2017 Dr Joseph Mizzi, Sólo para Católicos

Traducción: Alexis “El Broder” Rodríguez

Citas bíblicas: Versión Reina-Valera-Gómez 2010

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