El mapa del camino a Armagedón

EL LLAMADO DE BEREA

Abril 2017

Por Dave Hunt

TBCabr17

[Este artículo fue escrito por Dave Hunt en enero de 2004. A pesar de que habla directamente respecto a los planes de los líderes del gobierno del mundo para con Israel que eran contrarios a las Escrituras, también envía un mensaje a nuestro gobierno de los Estados Unidos recién formado en la actualidad. Los jugadores han cambiado para nosotros, y es de esperar por el bien. –T. A. McMahon]

El cuarteto de Bush, Putin, la ONU y la UE (Unidad Europea), está determinado, por medio de una división de territorio, a traer una justa y duradera paz” en el medio oriente entre Israel y sus vecinos. Suponiendo que ellos sean sinceros, y no sólo viendo sus intereses propios, el estado mental de ellos debe estar igual a los que le dieron el Premio Nobel de Paz a Yassir Arafat, un asesino mundial, un mentiroso habitual y el terrorista más notorio actualmente en el mundo, quien ha hecho lo máximo para destruir cualquier avance hacia la paz mundial. El mundo occidental debe estar agradecido que Al Gore (el cual repetidamente, cuando era Vice-Presidente, le dio una calurosa bienvenida a la Casa Blanca) no es ahora el Presidente de los Estados Unidos.

En realidad, Mahoma, cuya palabra no puede ser cambiada, instigó en cada musulmán, de cualquier edad, la obligación, el deber, de exterminar a todos los judíos. Sólo cuando esto suceda, el “último día” (el clímax del Islam) podrá venir. Esta realidad nos convence que “paz” entre Israel y los musulmanes es imposible. Cualquier aparente “acuerdo de paz” firmado por los musulmanes, no vale ni siquiera la tinta de sus firmas. Durante los 10 años antes del acuerdo de Oslo, 211 israelitas fueron asesinados por terroristas; durante los 10 años después de tal acuerdo, aproximadamente 1,200 israelitas han sido asesinados y 5,000 han sido heridos.

Ningún árabe/musulmán, ya sea un líder político o religioso, puede contradecir al profeta fundador del Islam. Por lo tanto, tratar de encontrar o negociar una “paz’ en el medio oriente es una locura. Aún así, los líderes políticos del mundo occidental, al igual que los líderes religiosos, continúan aferrándose a una esperanza vana y continúan presionando a Israel para que continúe haciendo concesiones territoriales sin saber, o sin importarles, o ignorando, que tales concesiones, o tal estrategia, va a conducir a Israel a su destrucción.

El Israel moderno ocupa relativamente una pequeña porción de territorio. Los árabes poseen 700 veces más, con muchísimas reservas de petróleo y minerales. Y siendo así, entonces ¿por qué están ellos tan determinados a apoderarse de Israel? ¡Por que el Islam dice que les pertenece a ellos!

Un estado soberano judío probaría que Mahoma es un profeta falso y que Alá no es Dios. ¡Por lo tanto, los musulmanes tienen que destruir a Israel!

La Biblia y el Corán están de acuerdo que hace 4,000 años Dios dio la tierra prometida a Abraham y a sus descendientes. Aún así, los árabes reclaman tal tierra como suya a través de Ismael. Pero Dios declaró que no sería Ismael sino Isaac, quien sería hijo de Sara, el cual sería el heredero que Él había prometido (Gen. 17:15-21).

Al igual que su padre, Isaac tuvo dos hijos, Esaú y Jacob; y otra vez El Señor rechazó al primer nacido y dio la herencia al segundo, o sea que la herencia va de Abraham a Isaac y a Jacob, cuyo nombre fue cambiado a Israel. Doce veces Yahweh se llama “El Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob”, declarando, “Este es mi nombre eterno; éste es mi nombre por todas las generaciones” (Ex. 3:15). Más de 200 veces desde Exodo 5:1 a Lucas 1:68, Yahweh es llamado “el Dios de Israel”.

Los musulmanes dicen que la Biblia fue corrompida por revisiones hechas posteriormente. Sin embargo, los miles de manuscritos bíblicos, históricos y las profecías cumplidas y la intrincada integración de los temas desde Génesis hasta el Apocalipsis, reduce esta alegación de los musulmanes a una simple tontería. Es más, el Corán mismo verifica el derecho de Israel a la tierra prometida.

“Nosotros hemos hecho un antiguo convenio con la casa de Israel” (Sura 5:70); “Trajimos a los hijos de Israel a través del mar (rojo) y el Faraón con sus tropas los perseguían (Sura 10:91)…”Pero se ahogaron todos ellos. Y nosotros dirigimos a los hijos de Israel… a habitar en la tierra para siempre… los traeremos de varias naciones” (Sura 17:103,104), “Nosotros liberamos a los hijos de Israel del Faraón… los escogimos de entre todas las criaturas” (Sura 44:30-32); “los hemos favorecido por sobre todas las gentes” (Sura 45:16). “Recuerda el favor de Alá hacia ti… Él te dió a ti lo que no dió a ninguna otra de sus criaturas. O mi gente, ve a la tierra santa que Alá ha ordenado para ti” (Sura 95:20,21); etc.

El territorio que Dios dio a Abram (al cual Dios le cambió el nombre a Abraham) y a sus descendientes no fue “Palestina”, sino Canaán (Gen. 12:5, 6). No existían gentes “palestinas” de quienes aquellos que han tomado tal nombre reclaman ser descendientes: “los cananeos y los ferezeos también habitaban allí en aquel tiempo” (Gen:13:7).

Abraham se quedó allí el resto de su vida: “Abram se quedó a vivir en la tierra de Canaán” (Gen. 13:12). Dios le dijo, “Yo te daré a ti y a tu descendencia, para siempre, toda la tierra que abarca tu mirada” (Gen13:15); “A ti y a tu descendencia les daré, en posesión perpetua, toda la tierra de Canaán…” (Gen. 17:8).

Abraham se estableció en Hebrón tierra de Canaán y “allí erigió un altar al Señor” (Gen. 13:18) y no a Alá. Diez años después, Ismael (el fruto de la incredulidad de Abraham y Sara) nació por intermedio de Agar, la sirvienta egipcia de Sara. Catorce años después, cuando Abraham tenía 100 años de edad y Sara 90, Isaac nació en Hebrón como resultado de la unión de Abraham y de su esposa Sara, exactamente como Dios lo había prometido.

Treinta y siete años después, a la edad de 127 años, Sara murió. Abraham todavía continuaba viviendo en Hebrón en donde ya había estado por 70 años. Para enterrar a Sara, el compró la cueva de Macpela de Efrón el hitita (Gen. 23:1-20).

Treinta y ocho años después, a la edad de 175 años, Abraham murió. Isaac e Ismael lo enterraron en Macpela junto a Sara. Isaac vivió en Hebrón 110 años más. Isaac, Rebeca, Jacob y Lea fueron también enterrados en la cueva de Macpela.

Abraham había entrado a Canaán 400 años después del diluvio universal y 300 años después de la construcción de la Torre de Babel. No había muchos habitantes en Canaán en ese entonces, la tierra estaba dispuesta a ser tomada y él con Isaac, Jacob y sus familias vivieron allí por más de 300 años antes que se trasladaran a Egipto para escapar de la hambruna que existía donde vivían. En Egipto, por 400 años, fueron esclavos, así como Dios lo había dicho, hasta que los Cananitas se volvieron tan malignos que Dios se vio obligado a destruirlos. Dios usó a Israel para tal tarea, dándoles la tierra de Canaán como una herencia para siempre (Gen. 15:13-16) así como Él lo había prometido.

Dios se refiere a Isaac como el “único hijo” de Abraham (Gen. 22:2). Por lo tanto, Ismael no fue enterrado en Macpela, sino en otro lugar donde el residía, que era bastante lejos, y “Al morir, fue a reunirse con sus antepasados. Sus descendientes se quedaron a vivir en la región que está entre Javilá y Sur, cerca de Egipto, en la ruta que conduce a Asiria. Allí se establecieron en franca oposición a todos sus hermanos” (Gen. 25:17, 18). Ningún árabe o musulmán fue nunca enterrado en Macpela.

Los árabes no pueden reclamar una descendencia directa de Ismael. Los ismaelitas se casaron con los madianitas (Jueces 8:5, 12, 22,24), edomitas (Gen. 28:9), e hititas (Gen. 26:34; 36:1-4). En contraste, durante 400 años de esclavitud en Egipto, los israelitas sobrevivieron como una gente étnica, identificable quienes fueron llevados en masa a la tierra de Canaán. El mundo entero reconoce a los israelitas hoy en día.

En el mundo actual de políticos y negando el patrimonio dado a Israel por Dios mismo, Yitzak Rabin, quien había prometido secretamente a Clinton renunciar a las “montañas de Golan”, declaró, “La Biblia no es un libro de geografía”. Poco después él fue asesinado, impidiendo así que él le diera a Siria uno de los lugares más estratégicos para la defensa de Israel.

No fueron los árabes sino los hebreos que residieron en el antiguo Hebrón y en toda la tierra de Canaán, creando así la nación de Israel y cuyos reyes gobernaron desde Jerusalén todo un imperio que abarcaba desde Sinaí hasta el río Eufrates. En el año 600 A.C. fueron conquistados por los Babilonios y fueron dispersados a muchas naciones.
Echados de su tierra a raíz del juicio de Dios durante el período de los babilonios y también dispersados dos veces más por los romanos, un número de judíos siempre regresó a la tierra prometida. Esta gente despreciada continuó viviendo en Israel bajo el talón opresivo de varios invasores extranjeros por un período de 2,500 años. El 14 de mayo de 1948, Israel declaró su independencia como nación, otra vez. Los judíos una vez más poseían su propia tierra, así como Dios había prometido, pero sólo una pequeña fracción de tal tierra fue permitida por la ONU en la partición del 29 de noviembre de 1947.

En contraste a esto, los árabes nunca vivieron en Canaán, pero residieron en la península de Arabia. No fue hasta el siglo VII D.C., que por medio de las invasiones islámicas, que los árabes vinieron en números significantes a la tierra de Israel, cuyo nombre fue cambiado durante el año 135 D.C., por los romanos en un despliegue de cólera y de despotismo hacia los judíos, llamándola Siria Palestina, copiando el nombre del principal enemigo de Israel, los filistinos.

Los llamados “palestinos” de hoy en día, son árabes cuyos antepasados vienen de Arabia. Ellos son gentes semitas, sin ninguna relación, ya sea a los cananitas o a los filistinos, que no eran semitas. Es una mentira descarada que los “palestinos” de hoy en día (quienes al mismo tiempo también dicen ser descendientes de Ismael) sean descendientes de los habitantes originales de Canaán, la tierra que Dios prometió a Abraham, Isaac, Jacob y a sus descendientes.

David fue el primer rey coronado en Hebrón y reinó allí por siete años antes de trasladar su trono a Jerusalén. Esta ciudad antigua no tiene ningún significado para los árabes/musulmanes, pero aún así, ellos ha edificado una Mezquita en Macpela, han prohibido acceso a los judíos y durante varios períodos de la historia, han masacrado a judíos viviendo allí. Hoy día los musulmanes están tratando de desplazar a los pocos judíos que todavía viven allí. ¡Ellos reclaman que toda la tierra “palestina” pertenece a ellos y consideran a los Israelitas como una gente que están ocupando la tierra ilegalmente y que por derecho le pertenece a ellos! ¡Y este fraude es la base del presente tratado de paz que los políticos están tratando de forzar a que Israel acepte!

El presidente Bush, como cristiano que es, debería temblar a la solemne advertencia de Dios cuando dice que Él destruirá a todos aquellos que dividan su tierra (Joel 3:2). Sí, su tierra: “La tierra no se venderá a perpetuidad, porque la tierra es mía y ustedes no son aquí más que forasteros y huéspedes” (Lev. 25:23). ¡El cuarteto político debería prestar atención: ustedes están desafiando al Dios de Israel y no escaparán sin castigo! Aquellos que hacen “paz” expropiando la tierra de Israel, a quien Dios se la dio, serán destruidos: “En aquel día convertiré a Jerusalén en una roca inconmovible para todos los pueblos. Los que intenten moverla quedarán despedazados” (Zac. 12:3).

En Septiembre 13, 1993, bajo la sonrisa triunfante del Presidente Clinton, Arafat firmó, con Yitzak Rabin, el acuerdo de Oslo en el jardín de la Casa Blanca. Apenas la tinta de las firmas se había secado, Arafat ya estaba pidiendo disculpas en el idioma árabe a los musulmanes en diferentes partes del mundo. Temeroso por su vida (recuerden que Anwar Sadat fue asesinado por “hermanos” musulmanes por hacer “paz” con Israel), Arafat suplicó e imploró que sólo estaba siguiendo el ejemplo de Mahoma y de la ley islámica que él había establecido.

En el año 628 D.C. Mahoma dirigió a un grupo de sus seguidores (reciente convertidos a la nueva religión del Islam) de Medina a Meca, esperando juntarse con miles de árabes paganos en la ceremonia religiosa llamada “Hajj”. Esta peregrinación anual al Ka’aba (el Islam, increíblemente cree que fue hecho por Abraham e Ismael), con sus ceremonias bastante elaboradas, que habían sido practicadas por árabes por siglos antes que Mahoma hubiera nacido. Mahoma fue rechazado por los habitantes de Meca pero pudo lograr firmar un pacto con ellos que consistía en no haber hostilidades entre los dos grupos por un período de diez años y este pacto es conocido como “El Tratado de Hubaybiya” y una de sus cláusulas era que Mahoma renunciaba a ser llamado “el profeta de Alá”.

Este tratado permitió a Mahoma el siguiente año (629 D.C.) a dirigir a un grupo de musulmanes al Hajj. Se unió a miles de árabes “infieles” en las mismas ceremonias paganas en las que sus antecesores habían participado por muchos siglos.

En el año 630 D.C., Mahoma rompió el tratado que había firmado utilizando un pretexto y se apoderó de Meca. Al principio, él permitió a los árabes paganos continuar con las celebraciones de Hajj, uniéndose con los nuevos musulmanes y participando en los antiguos rituales. Entonces dio a los paganos 4 meses para que se convirtieran al Islam bajo pena de muerte. Después de este incidente ninguna persona que no era musulmana sería permitida en Meca, lo cual es cierto hasta el día de hoy.

La fiesta musulmana Ramadán fue declarada (inocentemente) por el Presidente Bush (al igual que previos presidentes) como la “Fiesta Sagrada del Islam”. Esta fiesta del Islam se empieza a celebrar con la primera aparición de la luna llena en el noveno mes del calendario musulmán lunar y ha sido celebrado por árabes paganos en honor a Alá, el dios de la luna, por muchos siglos antes que Islam fuera establecido. A éstas fiestas de Hajj y Ramadán, Mahoma añadió el horror de “Jihad” (guerra santa) y ordenó a los musulmanes a conquistar el mundo para el Islam. Esa creencia ha costado millones de vidas inocentes e impulsa y dirige al terrorismo hoy en día.

Aquellos que promocionan el “Mapa del Camino a la Paz” están siguiendo unos pasos bien intencionados, ya sea de parte de Israel ó de parte de los líderes del mundo occidental, quienes sin lugar a dudas han sido traicionados por los árabes/musulmanes y han hecho la posición de Israel insostenible. Los presidentes americanos, uno tras de otro, han engatusado a Israel para transigir y poner su seguridad nacional en peligro una y otra vez, con los líderes árabes/musulmanes que sólo firman “tratados de paz” para su propia ventaja. Las buenas intenciones de Israel y del mundo occidental siempre han terminado en continua humillación y engaño.

Continuando con sus imposibles iniciaciones de paz, los líderes mundiales desafían al Dios de Israel y de la Biblia, Como dice Dios en Su palabra: “¿Por qué se sublevan las naciones, y en vano conspiran los pueblos? Los reyes de la tierra se rebelan; los gobernantes se confabulan contra el Señor” (Salmo 2:1, 2), aquellos que tienen “oídos para oír” pueden detectar el terrible sonido de la risa del Altísimo; El rey de los cielos se ríe; el Señor se burla de ellos” (Salmo 2:4).

Estamos viviendo ahora los últimos tiempos y estamos experimentando el cumplimiento de las imponentes y formidables profecías bíblicas, detrás de las cuales está la omnipotente mano del Dios mismo: “Convertiré a Jerusalén en una copa que embriagará a todos los pueblos vecinos. Judá será sitiada, lo mismo que Jerusalén, y todas las naciones de la tierra se juntarán contra ella. “En aquel día convertiré a Jerusalén en una roca inconmovible para todos los pueblos. Los que intenten moverla quedarán despedazados” (Zac. 12:2, 3).

Esta extraordinaria profecía está siendo cumplida hoy en día. Nunca antes en la historia de la humanidad, todos los países vecinos de Israel se han unido para destruirla. Este significativo desenvolvimiento histórico y profecía bíblica ha ocurrido por intermedio de la ascensión, subida, levantamiento del Islam.

El presidente Bush quiere una “viable y democrática” nación Palestina que pueda vivir en paz con Israel, pero ninguna democracia existe, ni puede existir en una sociedad musulmana. Israel es la única democracia en el medio oriente. Bush está tratando de crear una democracia en Afganistán y en Irak. Si esto pudiera pasar, sacudiría a todo el mundo musulmán. Islam no puede sobrevivir en una sociedad libre. Por esta razón es que hay tanta fanática oposición de parte de los musulmanes en todo el mundo, aún para la captura de ese asesino sádico y torturador, Saddam Hussein. Los musulmanes tienen prisioneros a 80% de disidentes políticos y religiosos en naciones islámicas a través del mundo.

La precipitada evacuación de parte de los americanos del Líbano hace 20 años, huyendo prácticamente de conocidos terroristas auspiciados por Siria e Irán, en vez de haberlos perseguido, alentó y promovió el terrorismo desenfrenado que existe hoy en el mundo. ¿Puede Bush realmente, aliándose con países terroristas, hacerle frente al pernicioso, nocivo, dañino mal del terrorismo? ¿Cuándo él se va a dar cuenta que el terrorismo es algo natural y progresivo al esparcimiento del Islam? ¿Vendrá tal vez una época (o una situación que sea políticamente correcta) en que la verdad pueda ser divulgada? Todavía queda por ver si es que los Estados Unidos pueden eliminar el terrorismo al mismo tiempo que el Departamento de Estado secretamente se opone a Israel y favorece a los árabes.

La Biblia predice una paz falsa, en la cual el Anticristo destruirá a muchos (Daniel 8:24, 25). Trágicamente, Israel será engañada, destruirá la pared de seguridad que ahora está construyendo y bajará su guardia, abriendo así la puerta al “tiempo de angustia para Jacob” (Jer. 30:7) y Armagedón. Dos tercios de todos los judíos en el mundo serán asesinados (Zac. 13:8, 9). Aquellos que sobrevivirán creerán en Jesús como el Mesías y serán salvados cuando Él los rescate y ellos reconocerán al crucificado, resucitado Señor como su Mesías y Dios (Zac. 12:10; Mat. 24:3; Rom. 11:25, 26).

No debemos abandonar a Afganistán e Irak. Cartas de misioneros que residen allí y están trabajando para el Señor escriben: “¡El instante que las tropas americanas y británicas salgan del país, nosotros estamos muertos!”. Ha llegado la hora en que los cristianos deben de orar como nunca antes lo han hecho y hacer todo lo posible para llevar el Evangelio de Jesucristo a ambos, musulmanes y judíos.

TBC

***

Traducción: The Berean Call

Título en inglés: “Road Map to Armageddon”

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Un pensamiento en “El mapa del camino a Armagedón

  1. Ha llegado la hora en que los cristianos deben de orar como nunca antes lo han hecho y hacer todo lo posible para llevar el Evangelio de Jesucristo a ambos, musulmanes y judíos.

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