Las raíces hebreas y la levadura de la salvación por obras [Parte 2]

EL LLAMADO DE BEREA

Marzo 2017

Por T. A. McMahon y G. Richard Fisher

tbcmar17

“No desecho la gracia de Dios, porque si por la ley fuese la justicia, entonces Cristo murió en vano.” (Gálatas 2:21 RVG)

Hay una gran cantidad de frustración acerca de la “gracia de Dios” por aquellas personas involucradas en el Movimiento de Raíces Hebreas (MRH), debido principalmente a una falta de entendimiento con respecto a la diferencia entre el Pacto de la Ley y el nuevo Pacto de Gracia. Nosotros, como creyentes, celebramos esa diferencia cuando participamos en la comunión. Una explicación completa acerca de esta diferencia está fuera del alcance de estos dos artículos, pero se pueden aclarar ciertos puntos en forma breve. Empezando con Gálatas 2:21, vemos que la justicia no puede venir “por la ley”, como tampoco la salvación o la santificación. En la misma manera que la salvación es un regalo de Dios también lo es la justicia: “Pues si por la transgresión de uno solo reinó la muerte, mucho más reinarán en vida por uno solo, Jesucristo, los que reciben la abundancia de la gracia y del don de la justicia. Así que, como por la transgresión de uno vino la condenación a todos los hombres, de la misma manera por la justicia de uno vino a todos los hombres la justificación de vida” (Romanos 5:17-18). Como H. A. Ironside observó, “no sólo somos liberados de la ley como un medio de intentar garantizar la justificación, pero también somos liberados de la ley como un medio de santificación”.

Lo que leemos en Mateo 28:20 es bastante claro: Así como discipulamos a otros, estamos también obligados a enseñarles todo lo que Jesús ha mandado (una enorme responsabilidad), no todo lo que Moisés ha mandado. El creyente en Cristo que contempla la ley como un medio de justicia está en un grave error. Todos los requisitos de la ley no son justificados por nosotros, sino que se cumplen en nosotros por medio de Cristo, quien cumple todos los requisitos de la ley y también lo hace en cada creyente (Romanos 8:1-4). Cristo ha completado todos los requerimientos justos de la ley, y Él da esa victoria a sus seguidores. Escribe el teólogo sueco Anders Nygren, “Aquellos quienes están ‘en Cristo’ son por ese hecho justos y no por haber hecho posible el cumplimiento de la ley. La justicia consiste en el hecho… que ya no viven por ellos mismos, sino que ‘están en Cristo’. Por este hecho, y no a través de cualquier mantenimiento de la ley es la justicia de la ley cumplida “(Romanos 10:4; véase también Gálatas 3:24-26).

En el año 70 D.C., el Templo de Jerusalén fue destruido totalmente. El Judaísmo del primer siglo murió. En el cuarto siglo, hubo un intento en reconstruir el templo de parte del emperador Julián, pero fue abortado. Sabemos por las Escrituras que cuando Jesús fue sacrificado en la Cruz, Él, como el Cordero de Dios, satisfizo la pena eterna por el pecado de la humanidad, y en ese momento dejó obsoleto el Templo y el sacerdocio (Hebreos: 8:7-13; 10:1-9; 12:26-29). Cuando Jesús gritó, “Consumado es”, Él quiso decir que no sólo fue la redención completa, sino que como resultado, el Judaísmo bíblico había concluido para el propósito en que fue diseñado. Solo Jesús fue el punto focal de salvación. El velo del Templo que fue rasgado en dos al mismo tiempo que Cristo dio Su Espíritu (Mateo: 27:51) significó que Él había logrado lo que el Antiguo Testamento había profetizado. La muerte de Cristo satisfizo y terminó la función de las prácticas bíblicas del Judaísmo con su templo, sus sacrificios y su sacerdocio. El camino hacia el lugar Santísimo y a la presencia de Dios estaba ahora abierto y disponible para todos. El Movimiento de Raíces Hebreas, sin embargo, parece que quisiera coser nuevamente el velo del templo.

Por lo tanto, para que la religión del Judaísmo pueda continuar, sin el Templo, sin sacrificios y sin sacerdocio, tal religión tiene que ser renovada totalmente para compensar sus pérdidas. El camino de Israel hacia Dios ya no existe. Tiene que ser improvisada una nueva forma. Requisitos del Antiguo Testamento, tradiciones adicionales, modificaciones y aportes o contribuciones de los principales rabinos, fueron puestos en documentos conocidos como la Mishná (200 D.C.), el Talmud de Jerusalén (400 D.C.) y el Talmud Babilónico (500 D.C.). El Talmud, con sus más de veinte volúmenes que contienen aportes de cientos de rabinos, es el libro que dicta gran parte de la vida religiosa judía hoy en día. El Mishná Judío consiste en paráfrasis de las Escrituras y comentarios rabínicos. Se trata de un componente añadido al Judaísmo. El Talmud, sin embargo, es la principal fuente de sus creencias y prácticas, y una gran parte de la práctica talmúdica es también observada por el Movimiento de Raíces Hebreas.

Una excepción notable sería los Judíos a quienes se les conocen como Caraítas. Ellos rechazan en su totalidad el Talmud y el Judaísmo ultra ortodoxo (llamándolo fariseísmo) y usan solamente el Antiguo Testamento, punto. El brillante Hebreo Cristiano Alfred Edersheim dijo que el aplicar el Talmud al Cristianismo fue un gran error y que el Talmud contiene disparates y supersticiones de antaño que deberían ser refutados (La vida y tiempos de Jesús el Mesías, volumen 1, página Vlll).

Muchos en el MRH (Movimiento de Raices Hebreas) pretenden ser “observadores de la Torá” (viviendo de acuerdo a Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio), cuando lo que realmente son “observadores del Talmud“. Adherentes del MRH creen que están siguiendo costumbres bíblicas cuando, en realidad, están recreando prácticas que fueron añadidas posteriormente y observan tradiciones medievales. Por ejemplo, el uso de la yarmulke o kipá (un tipo de gorro en la cabeza) por los hombres judíos es una tradición humana sin ninguna base en la Ley de Moisés. Otra aparente necesidad en el MRH es el uso de lo que se llama un “manto de oración”, también llamado “Talit“, un término hebreo que se encuentra en el Talmud pero no existe evidencia de tal práctica en el Antiguo Testamento Hebreo. La práctica generalizada de interpretar el contenido del Talmud, como si fuera fiel al contenido bíblico, ha creado a una gran cantidad de Judíos estar mal informados. Entre los seguidores del MRH no existe un deseo legítimo o real de buscar las verdaderas raíces bíblicas de sus creencias y de sus prácticas, incluyendo la mencionada creencia errónea que el Evangelio de Mateo y tal vez los otros tres evangelios, fueron escritos originalmente en el idioma Hebreo. Lo que es más crítico, aparentemente, es la falta de entendimiento del Antiguo Testamento versus el Nuevo Testamento y el concepto de Ley versus la Gracia.

El Nuevo Testamento en todo sentido supera al Antiguo Testamento, espiritualmente y funcionalmente. John Reisinger, explica: “El tema es tan claro como un cristal desde el momento en que vemos que Cristo establece un Nuevo Pacto, el cual sustituye al Antiguo Pacto, ya que el Nuevo Pacto trae leyes de conducta que son nuevas y superiores y que están basadas enteramente en la gracia. Estas nuevas leyes son tan objetivas como cualquier ley bajo el Antiguo Pacto. Estos comandos objetivos pueden exigir un tipo de comportamiento que Moisés nunca podría exigir, simplemente porque estas nuevas leyes se basan en la verdad y en el poder de la gracia”. El Antiguo Testamento alcanza su objetivo previsto en Cristo y esa plenitud y cumplimiento se les da a los creyentes por virtud de Cristo en ellos (Gálatas: 2:20-21). El poder vivir plenamente y como Dios requiere, puede ser posible solamente por la habilitación del Espíritu Santo que mora en aquellos quienes han nacido de nuevo. Como señala Lewis Sperry Chafer, “la ley de Moisés presenta un Pacto de obras que tiene que ser forjado con la energía de la carne; las enseñanzas de la gracia presentan un Pacto que es forjado en la energía del Espíritu”. En otras palabras, Gracia nos da el poder (nos habilita) mientras que la Ley nos condena.
Muchos de los que participan en el MRH parecen no darse cuenta de que en su celo erróneo de acercarse más a Dios lo que realmente están haciendo es desviarse en dirección opuesta. Se aferran a partes de la ley, sin rima ni razón para sus decisiones, ya que ignoran o evitan los juicios impuestos por la ley. La ley es un sistema totalmente unificado como una prenda sin costuras. Uno no puede arbitrariamente mantener lo que uno quiere e ignorar al resto. Eso es simplemente un “Judaísmo de cafetería”, como si la ley fuera una mezcla heterogénea de la cual se puede elegir a gusto. En Santiago 2:10 está bastante claro: “Porque cualquiera que guardare toda la ley, pero ofendiere en un punto, se hace culpable de todos”. La ley nos confronta con el hecho de que necesitamos la misericordia y la gracia encontrada solamente en Jesús.

Lamentablemente, aquellos del MRH no entienden ni la ley ni la gracia y sin saberlo están cumpliendo con lo que Hebreos 2:1 nos advierte a lo que no debemos hacer: “Por tanto, es necesario que con más diligencia atendamos a las cosas que hemos oído, no sea que nos deslicemos”. El deslizamiento actual incluye grandes errores doctrinales de parte de los líderes del MRH, por ejemplo, aquellos que están involucrados o los que participan en la salvación del Doble Pacto.

La enseñanza del Doble Pacto promueve la creencia de que los Gentiles son salvos por Jesús y los Judíos son salvos sin Jesús, presumiblemente bajo el Pacto Mosaico o Abrahámico que consiste en observar las distintas partes de la ley de Moisés. Aquellos que reconocen la imposibilidad de mantener la ley responden que los Judíos por nacimiento son automáticamente e incondicionalmente salvos. Si este fuera el caso, ¿por qué Pablo, bajo la inspiración del Espíritu Santo, declararía acerca de su pueblo, “Hermanos, ciertamente el anhelo de mi corazón, y mi oración a Dios por Israel, es para salvación” (Romanos 10:1)? Pablo lo dice bien claro que el Evangelio es para los Judíos (Romanos: 1:16) primero y por sobre todo. Además, Juan escribe, “Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios” (Juan 1:12-13). La Escritura es absolutamente clara: Jesús es el “único camino” de salvación para el Judío o para el Gentil (Juan 14:6, Hechos 4:12). La Gracia triunfa sobre la raza.

El deslizarse fuera de la Palabra de Dios, y especialmente del Nuevo Pacto, se ha convertido en una inundación entre aquellos del MRH. Su afinidad por el Judaísmo clama a gritos por una respuesta a la pregunta que hicimos anteriormente ¿a qué Judaísmo se refieren? ¿Se refieren al Judaísmo ortodoxo, al Judaísmo reformado (progresivo), conservador, Nueva Era o qué otras sectas y subdivisiones del Judaísmo? No hay respuesta para esta pregunta de parte del MRH y ni siquiera la pregunta es formulada. Ninguna de estas subculturas representa el Judaísmo bíblico, ni siquiera se acercan al verdadero Judaísmo. Dentro del MRH abundan las supersticiones, adivinaciones, necromancia y las prácticas cabalísticas. El Judaísmo moderno en todas sus formas es monoteísta (y en algunos casos agnóstico) y rechaza la doctrina bíblica esencial de la Trinidad.

Mientras que el MRH anhela por las legítimas prácticas del Antiguo Testamento, no se dan cuenta del hecho importante que sólo es una sombra de cosas por venir. Todas las cosas que ellos anhelan, ya se han logrado completamente por Jesús. Y aún así, los seguidores del MRH son indoctrinados que tales cosas son espiritualmente elementales y por lo tanto necesarias para el creyente Gentil hoy en día. No es así. “Por tanto, nadie os juzgue en comida o en bebida, o en cuanto a días de fiesta, luna nueva o días de reposo, todo lo cual es sombra de lo que ha de venir…” (Colosenses: 2:16-17). Note que el versículo 16 incluye fiestas y el sábado como sombras insustanciales; ¿cuánto más entonces están la parafernalia de sombra derivada de tradiciones que no son bíblicas? y costumbres como por ejemplo, la yarmulke (la kipá), los chales de oración, los modos de vestimenta, los peyotes trenzados (rizos de lado), las oraciones en el Muro de las Lamentaciones, las cuerdas de color rojo en la muñeca, los shofars, etc. Para el judío, estas cosas supuestamente tienen algún valor espiritual, aunque no son por instrucción de Dios. Según la Escritura, el utilizar prácticas anti-bíblicas con la intención de ganar mérito espiritual deja al creyente vulnerable a nefarias consecuencias, tal vez esto no será tan dramático como lo que ocurrió en las vidas de Nadab y Abiú y su consecuente muerte producida por un “fuego extraño” (Levítico 10:1), pero nada bueno puede acontecer al tratar de acercarse a Dios usando los caminos del hombre.

Adherentes del MRH son atraídos a las cosas de la Ley y a un Judaísmo obsoleto, tanto del pasado como del presente. Ciertas doctrinas adoptadas al principio de este movimiento son las que se encuentran en el Adventismo del Séptimo Día, con su inclinación por leyes selectivas y también enseñanzas promulgadas por la Iglesia Mundial de Dios (Worldwide Church of God, WWCG por sus siglas en inglés). Dean Wheelock, quien inició las “Raíces Hebreas” a mediados de la década de 1990 y edita una revista con ese nombre, fue educado en la universidad patrocinada por la Iglesia Mundial de Dios. El dejó tal universidad, pero aún así declara: “Hasta el día de hoy mantengo y creo todo lo que aprendí en esa universidad”. Joe Kovacs es un editor ejecutivo de la “Red Mundial Diaria” (World Net Daily, WND), la cual es un promotor importante del MRH (WND ofrece un viaje de excursión de lujo a Alaska este otoño con el escritor de las “Raíces Hebreas” Mark Biltz). Los escritos de Kovacs promueven la teología del ya difunto fundador de la Iglesia Mundial de Dios, Herbert W. Armstrong.
En sus esfuerzos erróneos, el MRH se ha ido a la deriva (si en realidad algún día estuvo en pie firme) de la iglesia, de la novia y del cuerpo de Cristo que incluye Judíos y Gentiles. Gálatas 3:28 aclara que: “Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús”. Colosenses 3:11 confirma que el nuevo creyente en Cristo existe “donde no hay griego ni judío, circuncisión ni incircuncisión, bárbaro ni escita, siervo ni libre, sino que Cristo es el todo y en todos”. Elwood McQuaid nos recuerda, “la iglesia de hoy es un remanente de gemelos de Judíos y Gentiles. No es una institución de Gentiles; y cuando una persona Judía se convierte en un creyente en Jesús, él o ella no es un Gentil. Tampoco, de hecho, es una extensión del Judaísmo. Gentiles no se transforman en Judíos, ni pasan a ser una nueva sucursal o extensión del Judaísmo. La iglesia es única”.

El MRH confunde a ambos: a los judíos y a aquellos en la iglesia. El movimiento se convierte en algo híbrido, que no es Judaísmo ni Cristianismo. Es una farsa del Judaísmo y del Cristianismo. Tienen sinagogas que no son sinagogas, rabinos que no son rabinos y mezclan anacrónicamente tradiciones talmúdicas con conceptos y palabras del Nuevo Testamento, creando así un nuevo sistema de creencias religiosas y prácticas. Ambos lados están muy confundidos. Su elitismo es ilusorio; sus supuestas ideas y superioridad son a menudo imaginarias. En resumen, el MRH es una forma de espiritualidad artificial y por lo tanto se encuentra en oposición a la Palabra de Dios.

¿Cómo podríamos nosotros ministrar a aquellos quienes se han involucrado en el MRH? Aunque las condiciones de confrontación pueden ser muy diferentes a veces, con familiares, amigos o personas en el liderazgo que son creyentes, debemos reconocer que cualquier cambio de su corazón puede lograrse solamente por el Espíritu Santo, quien solo puede producir arrepentimiento. Sin embargo, nosotros podemos utilizar el Espíritu Santo, para explicar lo que enseña el MRH y cómo es contrario a la Escritura. Pablo nos instruye con respecto a la corrección bíblica: “Porque el siervo del Señor no debe ser contencioso, sino amable para con todos, apto para enseñar, sufrido; que con mansedumbre corrija a los que se oponen, por si quizá Dios les conceda que se arrepientan para conocer la verdad, y escapen del lazo del diablo, en que están cautivos a voluntad de él” (2 Timoteo 2:24-26). Debemos estar firmes y constantes y no ser abrumadores, sino suaves, pacientes, enseñando con humildad, y siempre recordando que solo Dios puede traerlos “al reconocimiento de la verdad.” Por último, y lo que es más importante, nuestro esfuerzo para llevar al reconocimiento de la verdad a estas personas debe ser apoyado por oración incesante (1 Tesalonicenses: 5:17; Hebreos: 4:16).

TBC

***

Traducción: The Berean Call

Título en inglés: “Hebrew roots and the leaven of works salvation – Part 2”

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