El Dios de Jacob, el Dios de Israel (Primera parte)

EL LLAMADO DE BEREA

Agosto 2016

Por Dave Hunt

[Anteriormente publicado en Agosto 2006]

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De acuerdo a la última encuesta por la Compañía Noticiera ‘Fox’, que fue publicada en Junio 26 de 2006 (las otras encuestas básicamente están de acuerdo), “el 92 por ciento de Americanos dicen creer en Dios”, sólo el 5 por ciento dicen no creer, mientras que el restante 3 por ciento dicen que no están seguros. Michael Shermer, director de la Sociedad de Escépticos y publicador de la revista titulada Escéptica, dice que “Nunca en la historia ha habido tantos y tan alto porcentaje de la población norteamericana que han creído en Dios. No Dios solamente no está muerto, como decía Nietzche, sino nunca ha estado tan vivo como ahora”.

Esta estadística, sin embargo, no es tan alentadora como suena. Si uno preguntara a los encuestados lo que ellos entienden por la palabra “Dios”, muy pocos creerían en el verdadero Dios y muchos menos lo conocerían, al Dios de la Biblia. Y podemos asegurar que la creencia en un Dios falso no es mejor y puede ser aún peor, que el no creer en ningún Dios. Para muchos “Dios” es simplemente un “poder superior”. La pregunta entonces sería ¿Superior a qué? ¿A un poder? ¿Qué clase? ¿Y cómo un “poder” de cualquier clase puede tener la infinita inteligencia (o cualquier inteligencia) para diseñar el átomo, el universo, imprimir las instrucciones escritas en un idioma de código del ADN para construir y operar cada célula, y crear seres inteligentes, seres personales con una conciencia moral y una pasión por un propósito definido?

¡El solo imaginarse que un “poder” pueda crear algo es ridículo! ¿Entonces por qué la creencia en un “poder” es tan atractiva? ¿Acaso el eslogan “Que la Fuerza esté contigo” de la película La Guerra de las Galaxias ha tenido tanta influencia? Probablemente tuvo una gran influencia en la manera de pensar de la juventud norteamericana. Por supuesto, esto siempre ha sido una idea muy popular porque un poder o una fuerza no puede imponer leyes morales, demandar obediencia o juzgar o castigar a alguien; lo que sí puede hacer es ser usado para el beneficio del tal “poder”. Claramente, el Dios verdadero que nos ha creado para un propósito determinado, hace que la humanidad sea conciente de Su creación y sea testigo de Su existencia y responsable a la obediencia de sus leyes morales que Él ha implantado en cada conciencia de cada ser humano (Romanos 1:18-25; 2:14-16). El Dios verdadero no va a ser usado.

Además, así como los seres humanos son celosos de sus identidades individuales, obviamente el Dios verdadero insiste en ser identificado apropiadamente. Él nunca se va a revelar a Sí mismo o entrará en una relación con ninguna persona que no lo reconozca como Él es verdaderamente. Y tampoco simpatizará mucho con aquellos que lo llaman como “un poder superior”. ¡El hacer esto es un insulto al Dios verdadero! El Dios de la Biblia declara a la nación rebelde de Israel, “me buscarán y me encontrarán, cuando me busquen de todo corazón” (Jeremías 29:13). Aquellos que esperan encontrar a un dios que se adapte a sus personalidades, sin duda alguna, no encontrarán al Dios verdadero.
Es sentido común que el Dios verdadero se revele solamente a los que lo busquen con sinceridad y con apasionado deseo y que lo quieran conocer en verdad para así poder obedecerle. El primer requisito para conocer a Dios es el deseo del individuo, en realidad es la pasión, de conocerlo como realmente es, no como uno se lo imagina o como uno quisiera que Él fuera. Es idolatría el crear un dios imaginario en la mente de uno, como lo es el crear a un dios de barro, madera o de piedra. Por lo tanto, ¿quién es este verdadero Dios el cual prueba Su veracidad en la Biblia al decirnos lo que va a ocurrir en el futuro? La Biblia lo identifica como “el Dios de Israel” 203 veces, “el Dios de Jacob” 28 veces, “el Dios de Abraham” 17 veces, y “el Dios de Isaac” 13 veces. Nunca Él es llamado el “Dios de otro grupo étnico”. Estas designaciones forman los cimientos a todo lo que la Biblia enseña, incluyendo la misma personalidad, el mismo carácter, de Dios. El decir que uno cree en Dios y al mismo tiempo tener un prejuicio en contra de la gente escogida de Dios, los judíos o estar en contra de Israel, es convertir las claras identificaciones bíblicas a títulos sin importancia y pone en duda si tal persona realmente conoce al verdadero Dios.

En su refutación a los Saduceos que negaban la resurrección, el principal argumento de Cristo estaba basado en lo que Moisés escribió: “YO SOY… el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob… este es mi nombre para siempre y este es mi memorial para todas las generaciones” (Éxodo 3:14, 15). Claramente, esto era la identidad del verdadero Dios en ese entonces; lo es ahora y lo será para siempre. Dios nunca cambia. Noten ustedes el razonamiento de Cristo cuando dice: “Ustedes andan equivocados porque desconocen las Escrituras y el poder de Dios… ¿no han leído lo que Dios les dijo a ustedes: ‘Yo soy el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob’? Él no es el Dios de los muertos, sino de los vivos” (Mateo 22:29-32). Cristo está diciendo que si Abraham, Isaac y Jacob no vivieran eternamente a través de una resurrección, entonces sería una burla o una parodia, el que Dios se identifique con ellos eternamente. Él sería entonces un Dios de seres cuya existencia es limitada, lo cual sería como un soplo en la eternidad. El ser llamado el Dios de Abraham, Isaac y Jacob, si estos individuos no existieran, sería degradar a Dios.

Si la nación de Israel está muerta o ha sido reemplazada por la iglesia y no tiene un futuro eterno, entonces el término “Dios de Israel” no sería dicho para la gloria de Dios sino sería una difamación del carácter de Dios teniendo en cuenta las muchas promesas que Él hizo diciendo que Israel nunca dejaría de existir. Y aún así esa es la posición que han tomado muchos que dicen que Israel ha sido reemplazado por la iglesia. Hank Hanegraaff, que tiene un programa en la radio titulado El hombre con Respuestas Bíblicas, en su publicación literaria titulada El Último Discípulo tiene un personaje clave en la historia que dice “El convenio entre Dios e Israel fue quebrado por el rechazo del hijo de parte de Israel”.
Hank no explica como un “convenio eterno” puede ser quebrado o roto, ni tampoco nos dice cómo el rechazo de Cristo de parte de Israel puede terminar tal convenio cuando nunca fue condicional que Israel aceptara a Cristo, en realidad no existían ningunas condiciones que Israel tenía que cumplir y además Dios dijo que Él mismo cumpliría el convenio en los últimos días.

Indudablemente, al mismo tiempo que Dios promete bendiciones eternas a Israel para un cumplimiento completo en los últimos días, Él también nos dice de la infidelidad de ésa nación hacia Él, pero sin siquiera mencionar que los muchos pecados cometidos por Israel y por los judíos sean un obstáculo para el cumplimiento de todas Sus bendiciones a Abraham, Isaac y Jacob como observamos en los siguientes pasajes: “Yo les he entregado esta tierra: ¡Adelante, tomen posesión de ella! El Señor juró que se las daría a los antepasados de ustedes, es decir, a Abraham, Isaac y Jacob, y a sus descendientes… en la tierra que di a sus antepasados para siempre… voy a actuar pero no por ustedes sino por causa de mi santo nombre, que ustedes han profanado entre las naciones por donde han ido… los sacaré de entre las naciones, los reuniré de entre todos los pueblos, y los haré regresar a su propia tierra… y quiero que sepan que esto no lo hago por consideración a ustedes… y las naciones que quedaron a su alrededor sabrán que yo, el Señor, reconstruí lo que estaba derribado y replanté lo que había quedado como desierto. Yo, el Señor, lo he dicho, y lo cumpliré” (Deuteronomio 1:8; Jeremías 7:7; Ezequiel 36: 22-26, 32-36).

Aquí vemos, una vez más, que no existen condiciones que Israel tenga que cumplir, pero que Dios, por la integridad de Su nombre, cumplirá cada promesa a pesar de la rebelión de Israel hacia Él. Además, los profetas del Antiguo Testamento profetizaron que el Mesías sería rechazado y crucificado por Israel y en todas estas profecías no hay ni siquiera una sugerencia que por tal rechazo de parte de Israel Dios terminaría Su convenio eterno con esa nación. El convenio fue hecho con Abraham, Isaac y Jacob, no con sus descendientes (Génesis 12:1-3; 15:7, 18:21; 17:7-8, 19, 21, 26; 28:13, etc.); nunca fue hecho con la condición que sus descendientes fueran obedientes y por lo tanto tal convenio no puede ser quebrado o terminado por nada que estos descendientes hagan o no hagan. El decir que Israel ha sido reemplazado es como dar una bofetada en la cara de Dios.

La Escrituras mencionan cientos de promesas de Dios a Israel diciendo que como nación nunca dejará de existir (Jeremías 31:35-37, etc.). Estas promesas no pueden ser anuladas ni por Dios mismo. El hacerlo convertiría a Dios en un mentiroso. Ni tampoco se puede espiritualizar diciendo que la tierra de Canaán, que llegó a ser la tierra de Israel, simplemente significa la herencia celestial de la iglesia.

Es irrefutable que Israel poseyó una tierra física, histórica que le fue dada por el decreto eterno de Dios. Igualmente es una realidad histórica que Israel fue expulsada de su tierra por Dios mismo por su rebeldía. Y también es una realidad histórica que Israel llegó a ser nuevamente una nación en Mayo 14 de 1948 y que millones de judíos han regresado a la Tierra Prometida de más de 100 países, como las Escrituras lo profetizaron. No cabe duda alguna que esto son los comienzos de la promesa que Dios hizo a Israel y sabemos que su final será mejor que su comienzo. Podemos enumerar algunas de las muchas promesas de Dios:

“Allí el Señor se le apareció a Abraham y le dijo: ‘Yo le daré esta tierra a tu descendencia’… Yo te daré a ti y a tu descendencia, para siempre, toda la tierra que abarca tu mirada… a tus descendientes les daré esta tierra, desde el río de Egipto hasta el gran río, el Éufrates… Estableceré mi pacto contigo y con tu descendencia, como pacto perpetuo, por todas las generaciones. Yo seré tu Dios y el Dios de tus descendientes. A ti y a tu descendencia les daré, en posesión perpetua, toda la tierra de Canaán, donde ahora andan peregrinando. Y yo seré su Dios… Así confirmaré el juramento que le hice a tu padre Abraham… Yo soy el Señor, el Dios de tu abuelo Abraham y de tu padre Isaac. A ti y a tu descendencia les daré la tierra sobre la que estás acostado… el Señor es nuestro Dios… Él se acuerda siempre de su pacto… del pacto que hizo con Abraham, y del juramento que le hizo a Isaac, que confirmó como estatuto para Jacob, como pacto eterno para Israel: ‘A ti te daré la tierra de Canaán como la herencia que te corresponde’… (Génesis 12:7; 13:15; 15:18; 17:7,8; 26:3; 28:13; 1 Crónicas 16:14-18).

Al mismo tiempo, teniendo en cuenta el odio de las naciones vecinas de Israel en ese tiempo, el Salmo 83:3, 4 profetiza el plan de los musulmanes de hoy en día de erradicar a la nación de Israel: “Con astucia conspiran contra tu pueblo; conspiran contra aquellos a quienes tú estimas. Y dicen: ‘¡Vengan, destruyamos su nación! ¡Que el pueblo de Israel no vuelva a recordarse!”. Con el mismo afán y deseo de destruir a la nación de Israel, denominaciones cristianas han iniciado un boicot contra las compañías que hacen negocios con Israel. Teólogos de reemplazo como D. James Kennedy, R.C. Sproul, y muchos otros se han aliado y han despojado al Israel moderno de cualquier significado bíblico en el cumplimiento de la promesa de Dios a Abraham, Isaac y Jacob. En una “Carta Abierta a los evangélicos y otras gentes interesadas: La gente de Dios, la tierra de Israel y la imparcialidad del Evangelio”, ellos declaran: “Las promesas de herencia que Dios dio a Abraham… no aplica a ningún grupo étnico en particular, sino solamente a la iglesia de Jesucristo, el verdadero Israel… El supuesto derecho de cualquier grupo ya sea étnico o religioso al territorio del Medio Oriente llamado ‘La Tierra Santa’ no puede ser apoyada por las Escrituras. En realidad las promesas específicas a Israel en el Antiguo Testamento fueron cumplidas o llevadas a cabo, durante el tiempo de Josué”.

Otra vez, entonces la pregunta sería: ¿Un convenio eterno cumplido durante el tiempo de Josué que sólo duró 110 años? ¡Cientos de “promesas específicas hechas en el Antiguo Testamento” no fueron ni siquiera profetizadas por los profetas de Israel hasta muchos siglos después que Josué murió! Hasta las profecías hechas por Moisés durante el tiempo que vivió Josué que Israel pecaría y sería arrojado de la tierra no fueron realizadas “durante el tiempo de Josué”. Esta declaración por Kennedy, Sproul, etc., es inconcebible y el desafío al Dios de Israel es tan grande que a uno le parece increíble que estas declaraciones provengan de “eruditos bíblicos”! Esto es lo que la Palabra de Dios dice:

“Por eso –afirma el Señor– vienen días en que ya no se dirá: ‘Por la vida del Señor, que hizo salir a los israelitas de la tierra de Egipto’, sino: ‘Por la vida del Señor, que hizo salir a los descendientes de la familia de Israel, y los hizo llegar del país del norte, y de todos los países adonde los había expulsado.” (Jeremías 23:7, 8).

Esto es lo que se está cumpliendo en nuestros días. Cuando Dios le dijo a Moisés que Él destruiría Israel y haría de él una gran nación, Moisés razonó con Dios y le dijo que Él estaría faltando a Su palabra si hiciese eso, y sus críticos probablemente dirían que Él no era capaz de mantener Sus promesas. Si solo una promesa fallara, eso reflejaría adversamente a todas Sus otras promesas. (Éxodo 32:9-14). Y aún, hoy en día, un gran creciente número alarmante de personas, que se denominan cristianos, está declarando que ¡el eterno pacto de Dios con Israel ha sido anulado!

Si el perpetuo convenio que el Dios de Abraham, Isaac y Jacob juró a éstos patriarcas de Israel no es cumplido, entonces Dios se ha negado a Sí mismo. Y también sería lo mismo por las otras cientos de promesas que Dios hizo cuando dijo que restauraría a Israel a su tierra prometida. Si una sola promesa no es cumplida, entonces Dios se niega a Sí mismo y no merece nuestra confianza. Aquí hay algunas de las promesas que se pueden citar:

“Como un pastor que cuida de sus ovejas cuando están dispersas, así me ocuparé de mis ovejas y las rescataré de todos los lugares donde, en un día oscuro y de nubarrones, se hayan dispersado… las reuniré de los países, y las llevaré a su tierra… Las haré pastar en los mejores pastos… Buscaré a las ovejas perdidas, recogeré a las extraviadas, vendaré a las que estén heridas y fortaleceré a las débiles, pero exterminaré a las ovejas gordas y robustas. Yo las pastorearé con justicia… Estableceré con ellas un pacto de paz: haré desparecer del país a las bestias feroces, para que mis ovejas puedan habitar seguras en el desierto y dormir tranquilas en los bosques… Ya no volverán a ser presa de las naciones, ni serán devoradas por las fieras. Vivirán seguras y nadie les infundirá temor… Sobre ustedes multiplicaré a los hombres y animales, y ellos serán fecundos y numerosos. Los poblaré como en tiempos pasados, y los haré prosperar más que antes. Entonces sabrán que yo soy el Señor… Nunca más te haré oír el ultraje de las naciones; no tendrás que volver a soportar los insultos de los pueblos… Los sacaré de entre las naciones, los reuniré de entre todos los pueblos, y los haré regresar a su propia tierra… Infundiré mi Espíritu en ustedes, y haré que sigan mis preceptos y obedezcan mis leyes… Habitarán en la tierra que le di a mi siervo Jacob, donde vivieron sus antepasados… Y haré con ellos un pacto de paz. Será un pacto eterno… y cuando mi santuario esté para siempre en medio de ellos, las naciones sabrán que yo, el Señor, he hecho de Israel un pueblo santo” (Ezequiel 34:12-16; 22-28; 36:11, 15, 24, 27; 37:25-28).

Si la palabra “eterno” concerniente a Israel no significa eterno, entonces ¿cómo nosotros podemos confiar en la promesa de Juan 3:16 de una vida eterna para aquellos que creen en Cristo? El Dios de Abraham, Isaac y Jacob, el Dios de Israel, es el único Dios verdadero. El Mesías prometido a Israel por los profetas del Antiguo Testamento vino hace 2,000 años. Él es el Salvador de todos aquellos que creen en Él como el cual, en cumplimiento de lo que los profetas hebreos predijeron, murió por los pecados del mundo, resucitó de entre los muertos y está sentado a la diestra de Dios Padre. Él va a venir en poder y en gloria para traer justicia y castigar al mundo por los abusos infligidos a su pueblo Israel y para reinar al mundo desde el trono de David en Jerusalén. Pongámonos firmes y aferrémonos a la verdad de las Escrituras y prediquemos el verdadero evangelio de Dios, al judío primeramente, y después al gentil.

TBC

***

Traducción: José Victor Delgado

Corrección: Alexis “El Broder” Rodríguez

Título en inglés: “God of Jacob, God of Israel – Part One”

Un pensamiento en “El Dios de Jacob, el Dios de Israel (Primera parte)

  1. Si la palabra “eterno” concerniente a Israel no significa eterno, entonces ¿cómo nosotros podemos confiar en la promesa de Juan 3:16 de una vida eterna para aquellos que creen en Cristo?

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