El poder de Su resurrección

EL LLAMADO DE BEREA

Abril 2016 (Originalmente publicado en 2009)

Por Dave Hunt

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La oración de Pablo por los creyentes de Efesios es muy específica. Él le pide a Dios que les proporcione un conocimiento y un entendimiento más profundo de Cristo, lo cual es algo que nosotros también deberíamos tratar de lograr. Esto es algo que uno no va a aprender en un seminario o en un estudio bíblico o leyendo libros devocionales. El deseo de Pablo era para que ellos, por su propia voluntad recibieran de Dios “el Espíritu de sabiduría y de revelación, para que lo conozcan mejor” (Efesios 1:17).

Específicamente Pablo ora para que ellos puedan conocer la “grandeza que no tiene límites” del poder que Dios quiere demostrar en sus vidas. Su explicación de este poder es bastante instructivo. Pablo nos lo dice en Filipenses 3. Era, en realidad, lo que él deseaba tanto para sí mismo. Él llamó eso el “poder de Su resurrección” y declaró: “Lo he perdido todo a fin de conocer a Cristo, experimentar el poder que se manifestó en Su resurrección, participar en Sus sufrimientos y llegar a ser semejante a Él en su muerte. Así espero alcanzarla resurrección de entre los muertos. No es que ya lo haya conseguido todo, o que ya sea perfecto. Sin embargo sigo adelante esperando alcanzar aquello para lo cual Cristo Jesús, me alcanzó a mí” (Filipenses 3:10-12).

¿Es que Pablo acaso no estaba seguro de su salvación y estaba también preocupado que no podría estar dentro de los que iban a resucitar en el día del arrebato? ¡De ninguna manera!  Lo que él nos está diciendo es que la Resurrección de Cristo no solo es un hecho histórico, al que nosotros podemos verlo con satisfacción y con gozo, sino que también es el evento más grandioso (pasado, presente y futuro) en toda la historia del Cosmos entero.

El evento más grandioso que el universo podrá ver es también uno de los más difíciles de entender. Aunque lo mencionemos aquí en una forma casual debemos estar conscientes que en este evento está anclada toda la historia y al mismo tiempo está dividida para siempre. La división de tiempo no debe ser solamente AC (antes de Cristo) y DC (después de Cristo); también  debe ser AR (antes de la resurrección) y DR (después de la resurrección).

Con los telescopios modernos y con medios a nuestro alcance de poder ver e investigar el espacio en tal forma que no habíamos logrado hasta ahora, las palabras de David en el Salmo 19 tienen un significado más profundo: “Los cielos cuentan la gloria de Dios…”. La creación es la expresión visible más grandiosa de poder y nosotros nos inclinamos en asombro y en veneración cuando nos ponemos a pensar en el Dios infinito que está detrás de todo lo que vemos. Pero Pablo nos dice que eso no es nada comparado con el Poder manifestado en la Resurrección de Jesucristo y este es el gran poder que Pablo deseaba que los creyentes de la iglesia en Efesios experimentaran en su vida diaria.

En realidad Pablo nos dice que la resurrección es la más grande manifestación de poder que Dios ha demostrado y que nunca va a ser sobrepasado. Se necesita entender por qué esto es así y porqué Pablo oró como lo hizo. Podemos darnos cuenta de esto cuando leemos que  “En Él (Cristo) estaba la vida” (Juan 1:4). Jesús dijo: “Tengo poder para ponerla (mi vida) y tengo poder para volverla a tomar. Este mandamiento recibí de mi Padre”. (Juan 10:18).  Pero entonces, ¿por qué tomó tanto poder para resucitar a Cristo de entre los muertos?

Durante Su vida en la tierra y antes de Su propia resurrección, Cristo había resucitado a muchas personas. Aquellos que fueron resucitados, como Lázaro (Juan 11:1-43) y el hijo de la viuda de Naín (Lucas 7:11-16), murieron después de algunos días o después de algunos años, para así esperar la resurrección de todos los creyentes en el día del Arrebato.

¿Cómo es posible que al que da la vida y por el cual todo ha sido creado (Juan 1:3) lo hayan podido matar? Aquí tenemos una aparente contradicción. Cristo mismo dijo: “Nadie me la quita, (mi vida) sino que yo de mí mismo la pongo”. (Juan 10:18). Y aún así Pedro acusa a los judíos por haber matado a Jesús: “Ustedes lo mataron, clavándolo en la cruz” (Hechos 2:23). Cuando se dirigió al Concilio Rabínico, Esteban usó palabras más fuertes: “Vosotros ahora habéis sido entregadores y matadores” (Hechos 7:52).

La respuesta a la pregunta de por qué tomó tanto poder para resucitar a Cristo de entre los muertos puede encontrarse solamente si uno lo relaciona a la clase de muerte que Él experimentó. Dios había declarado que la pena o el castigo por el pecado es la muerte, que es la separación eterna de Él. ¿No es esto demasiado duro y severo? Adán y Eva fueron echados del Jardín por su Creador, quien los había puesto en ese lugar, por lo que aparentemente fue una pequeña infracción de haber comido cierta fruta. ¿Cómo es posible que esta acción merezca un castigo eterno?

Tenemos una actitud muy casual en lo que se refiere al pecado, enfocando solamente en el acto y no en contra de la persona o personas en contra quien o quienes el acto fue cometido. El pecado de Adán y Eva no fue solamente el haber comido la fruta prohibida. El acto de ellos fue una rebeldía deliberada en contra de aquel que los había creado y creado el universo. Desde nuestro punto de vista, el pecado de la mentira, el adulterio y el asesinato de parte de David fue mucho más serio y reprensible. Pero David sabía lo que el pecado significaba: “Contra ti, contra ti solo he pecado, Y he hecho lo malo delante de tus ojos” (Salmo 51:4).

Haciendo un análisis profundo, el verdadero significado del pecado es una abierta y desafiante rebelión en contra del Creador y Soberano del Universo. Necesitamos recordar esta realidad. La mayoría de Cristianos, quienes, cuando la conciencia los toca admiten y reconocen su culpabilidad, pero aún cuando confiesen sinceramente su pecado no confiesan realmente el horror que han causado. No es suficiente el arrepentirse del acto del pecado. También debemos confesar que, no importa cuan trivial nosotros pensemos que el acto haya sido, nosotros cuando pecamos repetimos la traición de Adán y Eva en contra de Nuestro Señor Dios Todopoderoso. Sin hacer tal admisión, profunda y sinceramente proviniendo de nuestros corazones, la confesión está incompleta.

Ahora, nosotros empezamos a entender por qué tomó la grandeza del poder de Dios para resucitar a Cristo de entre los muertos. El escritor del himno lo puso de una manera correcta cuando dijo, “Fue la carga de nuestros pecados que puso todo el peso sobre Él, el Señor de la Vida, cuando estaba en su tumba”. ¿Qué quiere decir eso? ¿Cómo puede ser que nuestros pecados hayan sido puestos como una carga sobre el Cristo sin pecado? Esto ciertamente no se realizó por la condenación de Cristo por Pilato, ni tampoco ocurrió por los azotes inflingidos a Él o por haber sido crucificado en la cruz por herejes soldados romanos. Y aún así, ese es el mensaje que la película, que no es bíblica, titulada La Pasión de Cristo, ha representado y la cual es halagada por miles de evangélicos incluyendo cientos de líderes.

Lo que realmente ocurrió en la Cruz, no solamente no se puede representar en una película, pero por no poder hacerlo (por omitirlo) ha sido negado. Isaías escribió: “Jehová quiso quebrantarlo, sujetándole al padecimiento. Cuando haya puesto su vida en expiación por el pecado” (Isaías 53:10). Aclarando las  cosas, lo que el hombre hizo a Cristo no tuvo nada que ver con el padecimiento a que Dios sujetó a Cristo y durante este proceso hacer Su alma un sacrificio por el pecado. En el pecado existe una dimensión moral y espiritual por la que Cristo tuvo que sufrir, soportar y tolerar por cada ser humano y que solamente Él podía hacerlo.

No solamente nuestro Salvador tuvo que ser perfecto y sin pecado alguno para pagar por los pecados de otros, sino también tuvo que ser infinito. No existe nadie, que sea menos que Dios, y que pueda satisfacer la justicia requerida. Pero la pena o el castigo ya había sido hecho, promulgado en contra de la humanidad. Por lo tanto, Dios, aunque siendo infinito, no podría pagar tal castigo o pena máxima a no ser que, sin cesar el ser Dios, Él se hiciera hombre completo. Esto es el verdadero significado del nacimiento a través de una virgen.

Los ateístas se quejan que no es justo que una persona inocente pague el castigo que le corresponde a la persona culpable. Eso sería verdad si en la Cruz no existiera otra dimensión. Para los creyentes, Dios considera la muerte de Cristo y Su resurrección como si hubiera sido propia de los mismos creyentes. Una transformación interna ocurre, que Cristo prometió y que Él llamó el ser “nacido de nuevo” (Juan 3:3-16). Esto no es solamente un decir, un cliché, sino una realidad.

Pilato no pudo haber sabido lo que estaba diciendo cuando presentó a Cristo al frente de la multitud diciendo, “¡He aquí el hombre!” (Juan 19:5). Este era el hombre que Dios realmente quería que fuera. Pablo lo llamó el “segundo hombre” y también se le llama “el último Adán (1 Corintios 15:45-47). En otras palabras, desde Adán, creado por la mano de Dios en el Jardín del Edén, hasta Jesús, el último Adán, formado en el vientre de una virgen, no hubo nadie del que se pudiera decir, “He aquí el hombre como Dios intentó que Él fuera”.

El tremendo peso del pecado, que hubiera mantenido a la humanidad en el Lago de fuego por toda la eternidad, podría sólo ser soportado por el Ser Infinito en la Cruz, donde Él estuvo presente entre Dios y el hombre. Si la justicia infinita no hubiera sido satisfecha a través del pago total, completo de Cristo por nuestros pecados, Él no hubiera salido de su tumba.

La pena, el castigo por el pecado, es la eterna expulsión, exilio, destierro de la presencia de Dios y de Su universo y la condenación al Lago de fuego. Eso es lo que es la consecuencia del pecado, eso es lo que significa la traición máxima en la corte del Altísimo. Uno de los horrores del Lago de Fuego será la realidad que aún en ése lugar de tormento, aquellos que odiaron a Dios no podrán escaparse de Él. Él continuará en las conciencias de los malditos, conciencias que no encontrarán ninguna excusa detrás de la cual se podrían esconder. No habrá ningún escape de la verdad que ellos rechazaron, y que los perseguirá eternamente.  David dijo: “Si en el Seol hiciere mi estrado, he aquí, allí tú estás” (Salmo 139:8).

Sería imposible para cualquier ser finito pagar por la pena infinita reclamada por la infinita justicia de Dios. Ningún ser humano tratando de pagar por sus propios pecados puede finalmente decir, como Cristo declaró en la Cruz: “Todo ha terminado.  La pena ha sido pagada”. Pero la pena tiene que ser pagada en forma completa. ¿Cómo entonces podrían abrirse las puertas de la justicia?

En el libro de Job se puede percatar un indicio de la verdadera batalla entre Satanás y Dios por control del Cosmos. “Un día vinieron a presentarse delante de Jehová los hijos de Dios, entre los cuales vino también Satanás” (Job:1:6). En esa extraordinaria historia podemos darnos cuenta de los pormenores de la batalla entre Dios y Satanás. Es un conflicto de proporciones cósmicas por el control del universo y el hombre es el premio que ambos buscan. Esta es una batalla real por el corazón del hombre y por su afección. Tampoco existe una garantía que Dios triunfará en cada caso individual. Con el regalo de la voluntad libre, cada hombre posee en su mente y en su corazón el libre albedrío acerca de que lado él va a escoger.

Los Cristianos tienen un rol vital en la derrota total, final, de Satanás: “Y fue lanzado fuera el gran dragón, la serpiente antigua, que se llama diablo y Satanás” (Apocalipsis 12:9); “por medio de la sangre del Cordero y de la palabra del testimonio de ellos, y menospreciaron su vida hasta la muerte” (Apocalipsis 12:11). Con el amor de Cristo en nuestros corazones, seguiremos el ejemplo que Cristo mismo nos ha dejado: “Quien cuando le maldecían, no respondía con maldición; cuando padecía, no amenazaba, sino encomendaba la causa al que juzga justamente” (1Pedro 2:23).

Satanás continúa entrando en la presencia de Dios con sumo descaro, como lo hizo durante los días de Job. ¿Cómo sabemos esto nosotros? Porque Él continúa acusando a los creyentes delante del trono de Dios día y noche y lo hará hasta el fin de los días (Apocalipsis 12:10).  Como hemos mencionado anteriormente (y merece ser repetido), Satanás es un soberano cuyos días están contados. Él todavía puede ejercer el poder que se le fue dado, sin oposición alguna y ejercer considerable influencia detrás de los bastidores. Él todavía no ha sido expulsado, arrojado, del cielo pero ese día vendrá pronto: “Después hubo una gran batalla en el cielo: Miguel y sus ángeles luchaban  contra el dragón; y luchaban el dragón y sus ángeles; pero no prevalecieron, ni se halló ya lugar para ellos en el cielo. Y fue lanzado fuera el gran dragón, la serpiente antigua, que se llama diablo y Satanás, el cual engaña al mundo entero; fue arrojado a la tierra, y sus ángeles fueron arrojados con él” (Apocalipsis 12:7-9).

A fin de cuentas, ¿cómo será arrojado Satanás del cielo?  Un himno antiguo expresa claramente y en una forma magnífica lo que la Escritura describe: “En la debilidad como en la derrota, Él ganó la corona de la victoria; pudo mantener sumisos a todos nuestros enemigos  humillándose Él mismo. Él pudo controlar el poder de Satanás;  Él fue hecho pecado y pudo vencer al pecado. Él fue sepultado en la tumba y a la tumba. Él venció, y finalmente a la muerte Él conquistó”.

Satanás no puede entender cómo Cristo, a través de Su mansedumbre y de Su docilidad pudo triunfar sobre él. Todo lo concerniente acerca de la Cruz lo confunde. Primero inspiró a Pedro para que él impidiera que Cristo fuera a la Cruz: “¡De ninguna manera, Señor! ¡Esto no te sucederá!” (Mateo 16:22). Sabemos que Satanás inspiró a Pedro por la respuesta de Cristo: “¡Aléjate de mí, Satanás!” (Mateo 16:23). Y después inspiró a Judas para que traicionara y entregara Jesús a los rabinos para que lo crucificaran: “Satanás entró en él [Judas]” (Juan 13:27). Satanás no puede entender esto hasta hoy día.

Satanás realmente piensa que él puede ser el verdadero vencedor en la batalla por las mentes y los corazones de la humanidad. ¿Y por qué no?  Él ofrece al hombre deseos que el hombre codicia, como riquezas, posesiones, placeres carnales, sexo gratuito, popularidad, fama, drogas, alcohol y todo esto en abundancia para así satisfacer cada deseo en su corrupta mente y corazón. Y aún así, multitudes escogen seguir a Cristo, aunque el seguirlo va a provocar el odio y el rechazo del mundo, con persecución y sufrimiento, pero al mismo tiempo el seguirlo significa toda una eternidad en Su presencia, donde la verdadera felicidad realmente existe: “En tu presencia hay plenitud de gozo, delicias a tu diestra para siempre” (Salmo 16:11).

¿Y qué de aquellos que escogen la decisión equivocada y optan por aliarse con Satanás en cometer traición? Dios no se place en castigar a los malvados (Ezequiel 33:11), pero el castigo para cada individuo deber estar de acuerdo al crimen cometido. Cuando uno lee lo que los líderes ateístas dicen acerca de Dios, en su descarada y desafiante rebelión; sabemos que ellos lo arrojarían de Su trono si pudieran. Ellos odian a Dios. Está claro que el tormento por toda la eternidad en el Lago de fuego por esta traición será al fin de cuentas la cosecha de las semillas que ellos han plantado.

Se realizó un debate hace algunos meses entre Richard Hawkins, el líder del Nuevo Movimiento Ateísta, y John Lennox, un fervoroso Cristiano, quien en su conclusión dijo que su fe estaba anclada a la resurrección de Cristo. En respuesta a esto, Hawkins con su voz derramando veneno, dijo: “Bueno, esa tal resurrección a la que usted alude, realmente contradice todo lo que estamos hablando. Estamos conscientes de la física, la ciencia, etc.,  y ahora usted viene con esto de la resurrección de Jesús. Eso es tan trivial, tan local, ese concepto no es digno de existir en nuestro universo”.

Aún así, Dios nos dice que la Resurrección es la más grandiosa manifestación que se puede saber de Su majestuosidad y de Su poder. ¡Qué lamentables y despreciables son los comentarios de Dawkins! Este pagano que obviamente adora la creación en vez de a Su Creador (Romanos 1:21-23), no puede contener su furia. Esta expresión de su odio en contra de Dios lo perseguirá y se burlará de él eternamente (Proverbios 1:20-33), mientras que el cielo se entonará la ya eterna, pero aún así, una nueva canción de alabanza a Dios y al Cordero: “El Cordero que fue inmolado es digno de tomar el poder, las riquezas, la sabiduría, la fortaleza, la honra, la gloria y la alabanza” (Apocalipsis 5:12).

TBC

***

Traducción: The Berean Call

Corrección: Alexis “El Broder” Rodríguez

Título en inglés: “The Power of the Resurrection”

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