Rapto de la Iglesia: ¿Precursor o Posterior a la Gran Tribulación?

EL LLAMADO DE BEREA

Noviembre 2015 (Publicado por primera vez en Octubre del 2003)

Por Dave Hunt

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El rapto de la iglesia envuelve a creyentes siendo llevados al Cielo, aquellos que acaban de resucitar, al igual que aquellos que todavía están con vida en ese tiempo (1 Tes. 4:13-18). Si esto ocurre al principio del período de la tribulación, entonces claramente la Segunda Venida de Cristo al final de la tribulación para rescatar a Israel en el medio de Armagedón es un evento separado. De acuerdo a Zacarías 14:3-5, “todos los santos” deben acompañar a Cristo de regreso a la tierra. Pero si el rapto ocurre al final de la Tribulación, entonces debe ser simultáneo con la Segunda Venida, haciendo esto un sólo evento. ¿Qué es entonces: dos eventos separados por siete años, o un evento con dos propósitos diferentes?

Esta pregunta, aunque no tiene nada que ver con el evangelio de salvación, divide a muchos en la iglesia evangélica. Afortunadamente, puede ser aclarado fácilmente. Las descripciones en las Escrituras del Rapto y la Segunda Venida respectivamente son tan diferentes en tantos detalles que no podrían estar describiendo el mismo evento. No podemos cubrir todas estas distinciones pero aquí hay algunas.

1) En el rapto, Cristo no retorna a la tierra sino que arrebata a los creyentes en el aire encima de la tierra llevándoselos directamente al Cielo: “… vendré para llevármelos conmigo. Así ustedes estarán donde yo esté” (Juan 14:3); “… seremos arrebatados junto con ellos en las nubes para encontrarnos con el Señor en el aire. Y así estaremos con el Señor para siempre” (1 Tes. 4:17).

En contraste, en la Segunda Venida Cristo regresa a la tierra para gobernar a Israel y al mundo desde el trono de David en Jerusalén: “En aquel día pondrá el Señor sus pies en el monte de los Olivos, que se encuentra al este de Jerusalén” (Zac:14:4); “Él será un gran hombre y lo llamarán hijo del Altísimo. Dios el Señor le dará el trono de su padre David, y reinará sobre el pueblo de Jacob para siempre. Su reinado no tendrá fin” (Lucas 1:32,33); “Luego vi el cielo abierto, y apareció un caballo blanco. Su jinete se llama Fiel y Verdadero. Con justicia dicta sentencia y hace guerra… Lo siguen los ejércitos del cielo… De su boca sale una espada afilada, con la que herirá a las naciones. Las gobernará con puño de hierro” (Ap. 19:11-15).

2) Durante el Rapto ocurre una resurrección de todos los creyentes que han muerto hasta ese tiempo: “En un instante, en un abrir y cerrar de ojos, al toque final de la trompeta. Pues sonará la trompeta y los muertos resucitarán con un cuerpo incorruptible, y nosotros seremos transformados” (1 Cor:15:52, 53); “El Señor mismo descenderá del cielo con voz de mando, con voz de arcángel y con trompeta de Dios, y los muertos en Cristo resucitarán primero” (1 Tes 4:16).

En contraste, durante la Segunda Venida no hay resurrección hasta que el Anticristo sea derrotado, y él y el profeta falso hayan sido “… arrojados vivos al lago de fuego y azufre” (Apo. 19:20), y Satanás haya sido arrojado “… al abismo… (por) mil años” (Ap 20:3)…. y nada de esto está remotamente vinculado con el rapto de los creyentes hacia el Cielo. Entonces, allí, a la “primera resurrección” que ocurrió durante el Rapto será añadido otro grupo único: “… los que habían sido decapitados por la causa del testimonio de Jesús y por la palabra de Dios. No habían adorado a la bestia ni a su imagen, ni se habían dejado poner su marca en la frente ni en la mano. Volvieron a vivir y reinaron con Cristo mil años” (Apo. 20:4,5).

3) Durante El Rapto, los cuerpos de los creyentes vivos (como aquellos que han resucitado) serán cambiados y pasarán a ser inmortales: “No todos moriremos, pero todos seremos transformados. Porque lo corruptible tiene revestirse de incorruptible, y lo mortal, de inmortalidad” (1 Cor. 15:51-53); “Luego los que estemos vivos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados junto con ellos en las nubes para encontrarnos con el Señor en el aire. Y así estaremos con el Señor para siempre” (1 Tes. 4:17).

En contraste, durante la segunda Venida todos los santos retornarán con Cristo del cielo y por lo tanto ya han sido cambiados a inmortalidad: “Entonces vendrá el Señor mi Dios, acompañado de todos sus fieles” (Zac. 14:5); “Luego vi el cielo abierto… está vestido de un manto teñido en sangre… herirá a todas las naciones… (el) castigo que viene de Dios Todopoderoso” (Ap. 19:11-15).

4) El Rapto ocurre durante una época de relativa paz y seguridad, cuando el mundo no espera el juicio de Dios: “Tal como sucedió en tiempos de Noé, así también será cuando venga el Hijo del hombre. Comían , bebían y se casaban y daban en casamiento. Así será el día en que se manifieste el Hijo del hombre” (Luc. 17:26-30).

Otra vez, en completo contraste, la Segunda Venida ocurre en el medio de la peor guerra que el mundo haya visto jamás y siguiendo la peor devastación, desolación, destrucción, ruina, que este planeta haya visto o algún día verá: “Porque habrá una gran tribulación, como no la ha habido desde el principio del mundo hasta ahora, ni la habrá jamás. Si no se acortan ésos días, nadie sobreviviría, pero por causa de los elegidos se acortarán” (Mat. 24:21, 22); “… apareció un caballo amarillento. El jinete se llamaba Muerte y el Infierno lo seguía de cerca. Y se les otorgó poder sobre la cuarta parte de la tierra, para matar por medio de la espada, el hambre, las epidemias y las fieras de la tierra… se produjo un gran terremoto… todas las montañas y las islas fueron removidas de su lugar… todos gritaban a las montañas y a las peñas; ¡Caigan sobre nosotros y escóndannos de la mirada del que está sentado en el trono y de la ira del Cordero, porque ha llegado el gran día del castigo! ¿Quién podrá mantenerse en pie?” (Ap. 6:8-17); “Así que los cuatro ángeles que habían sido preparados precisamente para ésa hora, y ése día, mes y año, quedaron sueltos para matar a la tercera parte de la humanidad” (Ap 9:15); “… el mar se convirtió en sangre como de gente masacrada, y murió todo ser viviente que había en el mar… los ríos y manantiales, y éstos se convirtieron en sangre… El cuarto ángel derramó su copa sobre el sol, al cual se le permitió quemar con fuego a la gente. Todos sufrieron horribles quemaduras, pero ni así se arrepintieron; en vez de darle gloria a Dios, que tiene poder sobre esas plagas, maldijeron su nombre… la gente se mordía la lengua de dolor y, por causa de sus padecimientos y de sus llagas, maldecían al Dios del cielo, pero no se arrepintieron de sus malas obras… Y hubo relámpagos, estruendos, truenos y un violento terremoto. Nunca, desde que el género humano existe en la tierra, se había sentido un terremoto tan grande y violento… las ciudades de las naciones se desplomaron… entonces huyeron todas las islas y desaparecieron las montañas. Del cielo cayeron sobre la gente enormes granizos, de casi cuarenta kilos cada uno. Y maldecían a Dios por esa terrible plaga” (Ap. 16:3-21); “Luego vi el cielo abierto, y apareció un caballo blanco. Su jinete se llamaba Fiel y Verdadero… lo siguen los ejércitos del cielo, montados en caballos blancos y vestidos de lino fino, blanco y limpio. Entonces vi a la bestia (Anticristo) y a los reyes de la tierra con sus ejércitos, reunidos para hacer guerra contra el jinete de aquel caballo y contra su ejército. Pero la bestia fue capturada junto con el falso profeta. Los dos fueron arrojados vivos al lago de fuego y azufre” (Ap. 19:11-21).

5) El Rapto ocurre cuando condiciones en el mundo parecen indicar que todo está bien, cuando muy pocos esperan a Cristo que regrese y Él sorprende aún a la iglesia: “Pero en cuanto al día y la hora, nadie lo sabe, ni siquiera los ángeles en el cielo, ni el Hijo, sino sólo el Padre. Por eso también ustedes deben estar preparados porque el Hijo del hombre vendrá cuando menos lo esperen” (Mat. 24:36, 44).

En contraste, cuando la Segunda Venida ocurra, ni siquiera el Anticristo se va a sorprender; habrá tantos avisos visibles que alertarán a todo el mundo que Dios está en la puerta: “Igualmente, cuando vean todas éstas cosas, sepan que el tiempo está cerca, a las puertas” (Mat. 24:33); “Entonces vi a la bestia y a los reyes de la tierra con sus ejércitos, reunidos para hacer guerra contra el jinete de aquel caballo y contra su ejército” (Apo. 19:19).

6) El Rapto ocurre cuando la iglesia está durmiendo, con muy poca expectación de que el Señor va a venir: “Y como el novio tardaba en llegar, a todas les dio sueño y se durmieron” (Mat. 25:5); ” Por lo tanto , manténganse despiertos… no sea que venga de repente y los encuentre dormidos” (Mar. 13:35, 36).

En contraste, la Segunda Venida ocurre al final de la Tribulación en el medio de una desvastación mundial y terrible angustia y miseria; el Anticristo y sus ejércitos están atacando a Israel y la mayor parte de la ciudad de Jerusalén ya ha sido capturada (Zac. 14:1,2), e Israel está al borde de ser aniquilado. No se puede concebir que la iglesia, si todavía existiera, estuviera dormida o descuidada y bajo la ilusión de que “seguramente Cristo no vendría ahora”.

7) Desde el momento que el Rapto es instantáneo, que nos va a tomar de una manera inesperada, sin morir, fuera de este mundo pecaminoso, de dolor y pena para estar para siempre con Cristo y como Él, nunca más sufrir, lo cual es llamado la “bendita esperanza”: “mientras aguardamos la bendita esperanza, es decir, la gloriosa venida de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo” (Tito 2:13); “Todo el que tiene esta esperanza en Cristo, se purifica a sí mismo, así como Él es puro” (1 Juan 3:3).

En contraste, la Segunda Venida (o el rapto posterior a la tribulación) no podría ser llamado “bendita esperanza”, en vista que muy pocos cristianos habrían sobrevivido en ese entonces para poder disfrutarla. Habiendo rehusado la marca 666 de la bestia “en su mano derecha, o en la frente” y por lo tanto no pudiendo “comprar o vender” y rehusando “adorar la imagen de la bestia” (Ap. 13:15-17). No tiene sentido sugerir que uno podría subsistir comiendo secretamente de latas de basura para evitar el morir de hambre y todavía estar en condiciones de mantenerse fuera del alcance de la policía mundial del Anticristo, si esto podría suceder, pues, ¡Bendita Esperanza! ¡Esa persona será llevada en Armagedón!

8) En lo que concierne al Rapto, sin duda alguna, la iglesia primitiva fue enseñada a que este evento podría pasar en cualquier momento y que esperare ansiosamente por el regreso de Cristo cuando Él arrebate a todos los creyentes y los lleve a la casa de su Padre para estar con Él eternamente: “Manténganse listos con la ropa bien ajustada y la luz encendida. Pórtense como siervos que esperan a que regrese su señor de un banquete de bodas, para abrirle la puerta tan pronto como él llegue y toque” (Luc. 12:35, 36); “Él transformará nuestro cuerpo miserable para que sea como su cuerpo glorioso, mediante el poder con que somete a sí mismo todas las cosas” (Fil. 3:21); “… dejando los ídolos para servir al Dios vivo y verdadero, y esperar del cielo a Jesús, su Hijo a quien resucitó, que nos libra del castigo venidero” (1 Tes. 1:9, 10); “… mientras aguardamos la bendita esperanza” (Tito 2:13) “… y aparecerá por segunda vez, ya no para cargar con pecado alguno, sino para traer salvación a quienes lo esperan” (Heb. 9:28). Uno no espera continuamente o está a la tentativa de algo que no puede pasar hasta que el Anticristo venga o hasta el fin de la tribulación de los siete años. Una vez más, el éxodo de los creyentes puede pasar en cualquier momento.

En contraste, la Segunda Venida, por definición, como es descrita en las Escrituras, no se puede esperar que pase en cualquier momento. Por lo tanto, ninguna de la Escrituras mencionadas concerniente a la expectativa del Señor se refiere a la Segunda Venida o al Rapto posterior a la Tribulación de la iglesia. Estas escrituras se refieren sólo al Rapto precursor a la Tribulación.

9) El Rapto precursor a la Tribulación tiene un poderoso, purificador efecto sobre aquellos que tienen su esperanza en Él. El hecho que se puede esperar este evento en cualquier momento significa obviamente que tiene que suceder antes que el Anticristo sea revelado y antes de la gran Tribulación. Si Cristo pudiera venir en cualquier momento no habría tiempo para perder, no habría tiempo para demorar el ministerio a los impíos, no habría tiempo para entregarse o abandonarse al pecado con la idea de arrepentirse más tarde: “Y ahora queridos hijos, permanezcamos en Él para que, cuando se manifieste podamos presentarnos ante Él confiadamente, seguros de no ser avergonzados de su venida” (1 Juan 2:28); “Todo el que tiene esta esperanza en Cristo, se purifica a sí mismo, así como Él es puro” (1 Juan 3:3).

En contraste, la anticipación de la Segunda Venida (o el Rapto posterior a la Tribulación en ese entonces) no podría tener un efecto purificador, porque no puede tomar lugar por lo menos por siete años, tiempo suficiente para demorar el ministerio a personas que no son salvas, tiempo suficiente para demorar ponerse bien con Dios y vivir santamente hasta más tarde. En realidad, el Señor dijo que creyendo que Él no vendría en cualquier momento, tendría un efecto opuesto de purificar a los creyentes: “Pero ¿que tal si ese siervo malo se pone a pensar: ‘Mi señor se está demorando’ y luego comienza a golpear a sus compañeros y a comer y beber con los borrachos? El día en que el siervo menos lo espere y a la hora menos pensada el señor volverá” (Mateo 24:48-50).

10) El Rapto no es sólo un evento que nosotros estamos esperando en cualquier momento y que anticipamos con gran ansiedad, sino que deberíamos pedir a nuestro Señor que venga inmediatamente. Así es como la Biblia termina: “El Espíritu y la novia dicen: ¡Ven!… Sí, vengo pronto. Amén. ¡Ven, Señor Jesús! (Ap. 22:17, 20).

En contraste la Segunda Venida no es de tal naturaleza y ni tampoco sería el tiempo apropiado para pedir a Cristo que lo efectúe ahora mismo. Desde el momento que Cristo obviamente no puede regresar a la tierra para juzgar y rescatar Israel, parar la destrucción en Argamedón y destruir al Anticristo junto con su reino y sus ejércitos hasta el final de la Tribulación, el que nosotros pidamos a Cristo que venga ahora sería como demandando el pago de una deuda que no se cumple por otros siete años. Aún así, el Espíritu y la novia sí llaman, “Ven, Señor Jesucristo”. Podemos deducir que puede haber una venida de Cristo que puede ocurrir en cualquier momento, pero no puede ser la Segunda Venida o un Rapto posterior a la Tribulación. Sólo puede ser el Rapto precursor a la Tribulación.

11) Hay por lo menos dos eventos que ocurren en el cielo donde la iglesia debe estar presente y que, por lo tanto, no puede tomar lugar hasta que el Rapto ocurra: el tribunal del juicio de Cristo y el matrimonio del cordero con Su novia: “¡Todos tendremos que comparecer ante el tribunal de Dios! (Rom. 14:10); “Porque es necesario que todos comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba lo que le corresponda, según lo bueno o lo malo que haya hecho mientras vivió en el cuerpo” (2 Cor. 5:10); “ya ha llegado el día de las bodas del Cordero. Su novia se ha preparado, y se le ha concedido vestirse de lino fino, limpio y resplandeciente” (el lino fino representa las acciones justas de los santos) (Ap. 19:7, 8).

Es claro que la Segunda Venida no puede ocurrir hasta que estos dos eventos vitales, que demandan la presencia de la iglesia en el Cielo, hayan tomado lugar. Es sólo después que el Cordero se ha casado con Su novia que ella lo acompaña de regreso a la Tierra para rescatar a Israel y para destruir al Anticristo y a sus ejércitos: “Lo siguen los ejércitos del cielo, montados en caballos blancos y vestidos de lino fino, blanco y limpio” (Apo. 19:14).

No sabemos por qué el Novio tarda, pero exactamente como Él lo predijo, la iglesia está dormida. En este contexto, nuestro Señor añade: “A medianoche se oyó un grito: ‘¡Ahí viene el novio! ¡Salgan a recibirlo!'” (Mat. 25:6). Que cada uno de nosotros esté escuchando por ese grito del Espíritu Santo en nuestros corazones. Verdaderamente, nosotros debemos de gritar bien alto, ya que el Señor puede venir en cualquier momento para llevarnos a sí mismo. Así que vigilemos y esperemos y busquemos por Él en ansiosa anticipación e incitemos, animemos, alentemos e infundamos ánimo a otros para que hagan lo mismo. Esto tendrá un purificante y motivante efecto en nuestras vidas.

TBC

***

Traducción: The Berean Call

Título en inglés: “Pre -or Post- Trib Rapture?”

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