¡Tengo sed!

SÓLO PARA CATÓLICOS

Abril 2015

Joe Mizzi

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El grito de Jesús proferido en la cruz antes de morir: “¡Tengo sed!”, da testimonio de Su verdadera humanidad. Jesús es el Hijo eterno de Dios, sin embargo, también se hizo humano como nosotros, excepto en el pecado, y como un hombre experimentó el sufrimiento y el dolor.

No había tomado ninguna bebida durante varias horas; Él también fue expuesto a los elementos y sangraba por las heridas de Su cuerpo mientras estaba colgado de la cruel cruz. No es de extrañar que Él gritara, “¡Tengo sed!”.

Durante su ministerio público Jesús dijo: “Cualquiera que bebiere de esta agua volverá a tener sed, pero el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna” (Juan 4:13). ¡Qué paradoja! El que se comprometió a dar agua viva a otros labios resecos ahora pedía; ¡el que creó las aguas ahora estaba rogando para una bebida!

Su agonía y sed eran necesarios para obtener nuestra redención.
Se humilló a Sí mismo para podernos levantarnos con Él en gloria (Filipenses 2:8).
Se hizo pobre para que nosotros fuésemos ricos (2 Corintios 8:9).
Él se hizo pecado por nosotros para que nosotros fuésemos hechos justos en Él (2 Corintios 5:21).
Él fue maldecido para que pudiésemos ser bendecidos (Gálatas 3:13).
Él experimentó la oscuridad, para llevarnos a la luz (Mateo 27:45).
Él sufrió la sed que recibiéramos el agua de la vida eterna (Juan 19:28).
Sin embargo, incluso en ese momento oscuro de sufrimiento y humillación, contemplamos un rayo de gloria. Cuando Jesús expresó Su sed, los soldados romanos le trajeron un poco de vinagre para beber. Sin darse cuenta de que estaban cumpliendo una profecía mesiánica. “Se secó como un tiesto mi vigor, y mi lengua se pegó a mi paladar” (Salmo 22:15); y otra vez, “en mi sed me dieron a beber vinagre” (Salmo 69:22).

El cumplimiento de esta profecía, así como muchas otras, dan testimonio de que Jesús de Nazaret es el Mesías prometido por Dios en las Sagradas Escrituras. Jesús es verdaderamente el Hijo de Dios, el Salvador del mundo.

El que una vez sufrió la sed está ahora en el Cielo y Él derrama una lluvia de bendiciones y la gracia de todos los que creen en Él. “Si alguno tiene sed, venga a mí y beba. El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva” (Juan 7:37, 38).

Si tu vida es seca y vacía, ven a Jesús. Él te dará el Espíritu Santo con el que es posible conocer a Dios y satisfacer tu alma con Su amor.

***

Copyright © 2000 – 2015 Dr Joseph Mizzi, Sólo para Católicos

Traducción: Alexis “El Broder” Rodríguez

Citas bíblicas: Versión Reina-Valera-Gómez 2010

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