Conociendo a nuestro Dios Trino

EL LLAMADO DE BEREA

Mayo 2015

Por T.A. McMahon

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La doctrina acerca de la Trinidad (las tres personas de la divinidad) no es algo que cualquier individuo con su capacidad limitada pueda comprender plenamente. El concepto está más allá del alcance de nuestras mentes mortales. Sin embargo, Dios ha dado a la humanidad una gran cantidad de información acerca de la Trinidad en las Escrituras — información que Sus seres creados pueden y deben comprender, aunque sea de manera imperfecta. Aunque el término “Trinidad” no se encuentra en ningún versículo de la Biblia, los componentes de la Trinidad se encuentran en las Escrituras desde el Génesis hasta el Apocalipsis.  En Génesis: 1:26, Dios dijo “Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza”. Isaías 48:16: “Acercaos a mí, oíd esto; desde el principio no hablé en secreto; desde que eso se hizo, allí estaba yo; y ahora me envió Jehová el Señor, y su Espíritu.” El evangelio de Mateo termina con esta comisión: “Por tanto, vayan y hagan discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo” (Mateo 28:19).

Lo que la Biblia declara acerca de la Divinidad (Hechos 17:29; Romanos: 1:20; Colosenses 2:9) es muy claro: hay sólo un Dios. “Yo soy Jehová, y ninguno más hay; no hay Dios fuera de mí.  Yo te ceñiré, aunque tú no me conociste, para que se sepa desde el nacimiento del sol, y hasta donde se pone, que no hay más que yo; yo Jehová, y ninguno más que yo” (Isaías 45: 5, 6). Hay sólo un Dios, pero Dios está compuesto por tres personas: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. También es muy claro que son personas divinas individuales. Jesús, quien afirma su propia deidad (Juan: 8:24-27), continuamente se refiere a la persona de Dios el Padre como Su Padre. Los líderes religiosos de los judíos buscaban matarlo porque dijo “que Dios era Su propio Padre, haciéndose igual a Dios” (Juan 5:18). En Juan 14:26, Jesús dice del “Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, Él os enseñará todas las cosas…”. Una vez más, tres divinas personas: Padre, Hijo y Espíritu Santo.

En Génesis: 1:1 se encuentra “En el principio creó Dios los cielos y la tierra”. La palabra hebrea para “Dios” (y en más de 2,000 otros lugares en el Antiguo Testamento) es “elohim”, que significa “dioses”. Por otra parte, el sustantivo plural “elohim” se utiliza casi siempre con un verbo singular y esto hace estragos con la gramática. Asimismo, a través del Antiguo Testamento, Dios se presenta como una pluralidad mediante el uso de los pronombres plurales como “nosotros” y “nuestro,” por ejemplo, “hagamos al hombre a nuestra imagen”. “He aquí el hombre es como uno de nosotros” (Génesis: 1:26; 3:22). Puesto que la Escritura declara que Dios es  “Uno”, dicho uso a veces llena la Biblia de muchas contradicciones y en otras ocasiones se presenta de tal manera que minimiza el hecho que la Biblia enseña que Dios es uno, pero compuesto de tres personas. La Divinidad no sólo tiene perfecta armonía y unidad, sino diversidad. Por eso debe haber más de una persona divina incluida dentro del concepto de Dios.

Aunque nosotros usando nuestra razón natural no podemos imaginar un Dios Trino o Trinitario, debido a la naturaleza trascendente de este concepto, podemos ver que la razón y la lógica apoyan tal idea. Dios debe ser perfectamente unido en mente y en propósito en todas las cosas —que de hecho, son Padre, Hijo y Espíritu Santo. Cuando Jesús dijo, “No puede el Hijo hacer nada por sí mismo, sino lo que ve hacer al Padre; porque todo lo que el Padre hace, también lo hace el Hijo igualmente” (Juan 5:19). No estaba diciendo que Él no tenía poder para hacer nada, sino que Él estaba haciendo todo conforme a la voluntad de Su Padre. Esto confirmó en el jardín de Getsemaní: “Y estando en agonía, oraba más intensamente; y era su sudor como grandes gotas de sangre que caían hasta la tierra” (Lucas 22:44) cuando se enfrentó a lo que tenía que experimentar con el fin de pagar por los pecados de la humanidad. Él oró al Padre: “Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa: pero no sea como yo quiero, sino como tú” (Mateo 26:39). Jesús se sujetó completamente a Su Padre.

El “Dios” que es venerado por los judíos, musulmanes, testigos de Jehová y Pentecostales es una entidad única y por lo tanto está incompleto. ¿Cómo esto puede ser así? Las Escrituras enseñan que Dios es amor y el amor debe tener un objeto. Por lo tanto, un Ser Eterno singular no hubiera tenido a nadie a quién amar antes de la creación de los seres humanos, es decir, alguien a quien podría amar. Eso haría un dios imperfecto y en necesidad de seres creados, que no es el caso con nuestro Dios Trino. A través de toda la eternidad, “El Padre ama al Hijo, y todas las cosas ha entregado en su mano” (Juan 3:35).  “Y les he dado a conocer tu nombre, y lo daré a conocer aún, para que el amor con que me has amado, esté con ellos, y yo en ellos” (Juan 17:26). En el Monte de la Transfiguración, Dios el Padre declaró con respecto a Jesús: “Éste es mi hijo amado, en quien tengo complacencia, a él oíd” (Mateo 17:5).

Una de las características principales de la Biblia es la revelación de Dios a sí mismo. Si tal información no viniera directamente de Dios, el hombre se quedaría solamente con sus propias especulaciones acerca de su Creador, lo cual es siempre una posición peligrosa. Es el gran mandamiento el amar a Dios con todo el corazón, con toda el alma, con toda la mente, y con todas la fuerzas. Es imposible amar a Dios de esta manera a no ser que le conozcamos de verdad —y eso puede ocurrir sólo si entendemos, con la ayuda del Espíritu Santo, lo que Él ha declarado sobre sí mismo en Su palabra (1 Corintios 2:14). Jesús oró y continuamente exhortó a sus seguidores para ser unidos en la fe y tal amor del uno por el otro fue demostrado “para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también sean ellos uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste” (Juan 17:21). Su relación con Su Padre es la expresión perfecta de aquello que Él desea, lo que Él ordena, para aquellos que lo siguen. El amor es en definitiva lo que se revela: “Como el padre me ha amado, así también yo os he amado; permaneced en mi amor.  Si guardareis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; así como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor” (Juan 15: 9, 10).

Consideremos lo siguiente, no sólo en relación al concepto de Dios como un ser solitario, que sería por lo tanto incompleto, ya que implica el nunca haber tenido otra persona eterna a quien amar y con quien hubiera podido tener comunión antes de la creación, sino más bien todo lo que ocurre dentro de la relación perfectamente unificada entre el Padre, Hijo y Espíritu Santo. Aquellos quienes predican la superioridad del Padre basándose en la declaración de Jesús: “Mi padre que me las dio, es mayor que todos” (Juan 10:29) no ven todo el contexto, que subraya el poder de Dios para mantener y proteger a todos los que creen en Él.

El siguiente versículo pone punto final al concepto de superioridad de uno de los miembros de la Deidad sobre otro: “mi padre y yo somos uno” (v. 30). Padre, Hijo y Espíritu Santo son conjuntamente o mutuamente Dios y están en absoluto acuerdo el uno con el otro. Sin embargo, tienen diferentes funciones dentro de la divinidad. Dios el Padre es la principal autoridad de la divinidad y supervisa Su Hijo y al Espíritu Santo con respecto a Su propósito para la creación y a Su plan de salvación: “Jesús les dijo: mi carne es para hacer la voluntad de él que me envió y para terminar su obra”. “El padre ama al Hijo, y todas las cosas ha entregado a su mano”. “Entonces él (Jesús) les dijo: ¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que en los negocios de mi Padre me es necesario estar?  (Juan 3:35; Lucas 2:49).  Jesús señala a la soberanía del Padre en su respuesta a Pilato: “Entonces le dijo Pilato: ¿A mí no me hablas? ¿No sabes que tengo autoridad para crucificarte, y que tengo autoridad para soltarte?  Respondió Jesús: Ninguna autoridad tendrías contra mí, sino te fuese dada de arriba” (Juan 19: 10-11).

El plan de Dios Padre es muy claro: “Y nosotros hemos visto y testificamos que el Padre ha enviado al Hijo, el Salvador del mundo” (1 Juan 4:14).  Fue en su amor por la humanidad que envió el Hijo al mundo: “Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él” (Juan 3:17). En Isaías: 43:11 nos dice que hay solamente un Salvador: “Yo, yo Jehová, y fuera de mí no hay quien salve”.  Sin embargo en Tito se declara que Dios es nuestro Salvador y que Jesús es nuestro Salvador. Además, las Escrituras proclaman que Jesús es nuestro “Gran Dios y nuestro Salvador” (Tito 1: 3, 4; 2: 13). Estos versículos pueden ser reconciliados sólo en nuestro Dios Trino. Tanto el Padre como Jesús son Dios. Ellos envían al Espíritu Santo (Juan 14:16; 15:26; 16:7).  Los tres se glorifican mutuamente (Juan 17:1). Jesús se somete al Padre, y el Espíritu Santo se somete a ambos, al Padre y al Hijo (Mateo 26:39; Lucas 11:13; Juan 15:26).

Aunque cada persona divina tiene un papel diferente dentro de la Divinidad, sin embargo todos funcionan en perfecto acuerdo el uno con el otro. Cuando Jesús, a quien el Padre envió, se convirtió en hombre,  Dios-hombre  y fue a la Cruz para pagar el precio completo por los pecados de la humanidad, el Padre aceptó el sacrificio de Cristo para reconciliar a la humanidad a Sí mismo: “Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según su grande misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos” (1 Pedro 1:3). Este era el plan de Dios, autorizado por el Padre, ejecutado por Jesús y fortalecido por el Espíritu Santo.

La función del Espíritu Santo es “el dar testimonio de [Jesús]” (Juan 15:26). De igual manera Él condena al mundo de pecado,  habilita a los pecadores a nacer de nuevo, les da un sello de aprobación, les ayuda a comprender las Escrituras, los guía y los faculta para llevar una vida piadosa y ser testigos ante otros (Juan 16:8; 3:5; 2 Corintios 1:22 ; Juan 14:26; 16:13; Actos 1:8). Aunque en sumisión al Padre y al Hijo, no obstante es completamente Dios, “el Espíritu de verdad, el cual procede del Padre” (Juan 15:26).

De las tres personas de la Trinidad, el Espíritu Santo es el más malentendido y por lo tanto muy a menudo su autoridad es disminuida o rechazada, tanto dentro como fuera de la iglesia. Las sectas como los Testigos de Jehová, el Camino Internacional, los seguidores de Armstrong y Unitarios Universalistas enseñan que el Espíritu Santo es una fuerza impersonal de energía activa. Ellos han cambiado los pronombres personales refiriéndose al Espíritu Santo en sus Biblias o han racionalizado las Escrituras para poder insertar su doctrina bíblica. Juan 14:16 y 16:13-15 entre otros numerosos versículos identifican claramente al Espíritu Santo como un ser personal: “Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre; el espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros …   pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir.  Él me glorificará; porque tomará de lo mío, y os lo hará saber.”

Otros versículos relacionados involucran acciones que razonablemente no se puede aplicar a una fuerza impersonal. Esto es mentir y resistir al Espíritu Santo.  Él personalmente comunica, prohíbe, reacciona favorablemente, autoriza, nos ayuda a amar, ayuda a los creyentes a orar y ora por ellos. Él enseña, personalmente mora en los creyentes, da dones espirituales a los creyentes, se entristece y da aprobación a los creyentes;   Él profetiza, y ha supervisado la redacción de las Escrituras (Hechos 5:3; 7:51; 13:2; 16:6; 20:28; Romanos 5:5; 8:13, 26-27; 1 Corintios 2:13; 6:19; 12:8-11; Efesios 4:30 ; Filipenses 2:1; Timoteo 1:4; 2 Pedro 1:20-21).  Esta clase de dones y acciones pueden ser solamente la función de un ser personal y puede ser negado solamente mediante la imposición de un punto de vista del Espíritu Santo que es totalmente anti-bíblico y prejuicioso.

Aunque la doctrina de la Trinidad da a los creyentes una maravillosa percepción e intuición del carácter de Dios, también proporciona claridad con respecto a cómo debemos relacionarnos con otras personas de una manera que sea agradable a Él y al mismo tiempo producir resultados fructíferos en nuestras vidas. Por ejemplo, podemos usar la imagen de la relación entre Padre, Hijo y Espíritu Santo para aprender la manera en que Dios quiera que el matrimonio entre un hombre y una mujer funcione apropiadamente. Como se mencionó anteriormente, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son conjuntamente o mutuamente Dios. De la misma manera, el marido y la mujer son ambos iguales aunque sus funciones difieren, y ninguno de ellos es considerado superior ante los ojos de Dios. Dios no da un trato preferencial a ninguno de los dos.  El acto de sumisión es otra área en la cual la unión del hombre y la mujer en el matrimonio refleja la  imagen de la Trinidad. El marido es el jefe o la cabeza espiritual, con su esposa en sumisión a él, al igual que Jesús está en sumisión al Padre y el Espíritu Santo se somete al Padre y al Hijo.

El hecho que alguien no entienda todo lo que dice la Biblia acerca de la Trinidad, no significa que la persona sea incapaz de creer en el verdadero Evangelio y ser salva. Sin embargo, cuando la ignorancia de la Divinidad se transforma en un rechazo de lo que enseñan las Escrituras acerca el Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, eso ya se convierte en una creencia en un dios falso y por lo tanto es otro evangelio que no puede salvar a nadie. La búsqueda de aquello que la Palabra de Dios nos dice acerca de las personas de la Divinidad, aumentará nuestro entendimiento y por lo tanto nuestro amor para ellos: “Pero sabemos que el Hijo de Dios ha venido, y nos ha dado entendimiento para conocer al que es verdadero; y estamos en él; verdadero, en su Hijo Jesucristo. Este es el verdadero Dios, y la vida eterna” (1 Juan 5:20).

TBC

***

Traducción: The Berean Call

Título en inglés: “Knowing Our Triune God”

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