El Juicio Final

SÓLO PARA CATÓLICOS

Mayo 2014

Joe Mizzi

JFC

“Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo” (Romanos 5:1 RVG)

Dios ha establecido un día en el cual juzgará a todas las personas de acuerdo a nuestras obras.

Los que mueren sin un Salvador no tienen que esperar hasta que conozcan la sentencia divina sobre su cabeza. Dios les advierte en las Escrituras de que “el que no cree (en el Hijo), ya es condenado” (Juan 3:18). Ellos ya están condenados porque sus pecados permanecen en ellos. Ese día simplemente sellará su destino para siempre y serán sancionados de acuerdo a sus malas acciones.

Entre los condenados habrá aquellos que llamaban “Señor” a Jesús, pero que habían seguido viviendo en pecado. Estos “cristianos” afirmaban tener fe en Jesús, pero su vida carecía de buenas obras. “Nunca Nunca os conocí; apartaos de mí, obradores de maldad”… éstas serán las últimas palabras que alguna vez escuchen de la boca de Jesús (Mateo 7:23).

Por otra parte, los hijos de Dios son reconocidos por sus buenas obras. Habrá “gloria y honra y paz a todo el que hace lo bueno” (Romanos 2:10). El Señor también nos recompensará según nuestras obras. “Y he aquí, yo vengo pronto, y mi galardón conmigo, para recompensar a cada uno según fuere su obra” (Apocalipsis 22:12). Hoy es nuestra oportunidad de trabajar con fervor por el Señor; que no olvidará nuestra labor de amor en ese día.

Esto no significa que somos justificados en razón de nuestras obras. Para nosotros los que creemos en Jesús, Dios ya ha pronunciado una sentencia a nuestro favor durante nuestra vida en la Tierra. “Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo” (Romanos 5:1). La justificación es una realidad presente. Las Escrituras nos aseguran que ya estamos bien con Dios. “Ahora, pues, ninguna condenación [hay] para los que están en Cristo Jesús” (Romanos 8:1).

Pero ¿qué pasa con nuestros pecados?… Debemos admitir que también a menudo quebrantamos la ley de Dios. ¿Va a acusarnos o castigarnos por ellos? No, no del todo, pues Dios no falta a Su palabra; que ha perdonado nuestros pecados y prometido no traerlos de nuevo. “Y nunca más me acordaré de sus pecados e iniquidades” (Hebreos 10:17). Él no se acordará de nuestros pecados en ese día.

A pesar de que somos culpables y merecemos el castigo, sin embargo, vamos a escapar de la ira de Dios, porque somos justificados por la sangre de Cristo. Dios no perdona nuestros pecados caprichosamente sino por el sacrificio de Su Hijo en la cruz.

Los hijos de Dios no están aterrorizados por el Día del Señor. Para nosotros que creemos y amamos al Señor Jesús, no es el día de la condena y de la condenación, sino nuestro día de graduación, o mejor aún, la reunión largamente esperada con nuestro amado Esposo. La iglesia ora con entusiasmo por el Señor para acelerar su regreso: “Ven: Señor Jesús”, y se alegra cuando oye su promesa: “Ciertamente vengo en breve”.

SPC

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Copyright © 2000 – 2014 Dr Joseph Mizzi, Sólo para Católicos

Traducción: Alexis “El Broder” Rodríguez

Citas bíblicas: Versión Reina-Valera-Gómez 2010

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