¿Por qué me has abandonado?

SÓLO PARA CATÓLICOS

Abril 2014

Joe Mizzi

spca


¿Te has sentido solo y abandonado incluso por tus propios amigos y parientes? Tal vez has experimentado momentos en que al parecer hasta Dios escondió Su rostro de ti.

El Señor Jesús sufrió la angustia de la soledad más allá de todo lo que podemos saber. En la cruz Él oró: “Elí, Elí, ¿lama sabactani? Esto es: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?” (Mateo 27:46). Un grito más doloroso y misterioso que nunca ha salido de labios humanos.

Antes de esto, Jesús dijo: “Padre, perdónalos”. Entendemos inmediatamente esta petición porque está de acuerdo con Su bondad, incluso hacia los que le odiaban.

Entonces le dijo al malhechor clavado junto a Él, “Hoy estarás conmigo en el paraíso”. También entendemos esta promesa porque está en armonía con Su misericordia y perdón hacia todos los que se arrepienten y se convirtiesen a Él.

Una vez más, le dijo a Su madre: “Mujer, ahí tienes a tu hijo”. Es impensable que Jesús no haría provisión para Su querida madre después de Su partida. Él le confió a Su discípulo amado, Juan, que cuidara bien de ella.

Pero la próxima vez que abría la boca, Jesús pronunció estas palabras sorprendentes, “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?”. Muchos siglos antes, el salmista declaró: “Joven fui, y he envejecido, y no he visto justo desamparado” (Salmo 37:25). Sin embargo, en la cruz, el Justo fue olvidado por Dios… El que nunca cometió el menor de los pecados, que indefectiblemente obedeció toda la voluntad de Dios, y en quien el Padre estaba complacido. En esa hora oscura el Padre dejó al Hijo por su cuenta.

¿Por qué? ¿Cómo puede Dios Padre alejarse de Su amado Hijo?

El Padre lo abandonó debido a que “al que no conoció pecado, lo hizo pecado por nosotros” (2 Corintios 5:21); “Jehová cargó en Él el pecado de todos nosotros” (Isaías 53:6). Él lo abandonó porque Dios es “Muy limpio [eres] de ojos para ver el mal, y no puedes ver el agravio” (Habacuc 1:13)… a pesar de que el pecado que llevaba no era el suyo.

El pecado era el nuestro; nos merecíamos el castigo que merecíamos: ser rechazado de la presencia gloriosa de Dios y echado en las tinieblas de afuera. Pero Cristo tomó sobre sí los pecados de Su pueblo y sufrió como nuestro substituto. Él fue castigado en nuestro lugar.

Dios lo abandonó para que nosotros, los que confían en Su Hijo, no seamos exiliados eternamente de Su presencia. Él le abandonó por un tiempo para que podamos gozar de Dios para siempre… porque después de la oscuridad de esa hora amaneció un nuevo día glorioso cuando Dios levantó a Su Hijo.

No hay necesidad de estar solo, separado de nuestro Creador a causa del pecado. Cristo sufrió en la cruz a fin de tratar con el pecado, para ser el Camino y reconciliarnos con el Padre. Dios nos abraza con amor cuando vamos a Él a través de Su Hijo Jesús.

 SPC

***

Copyright © 2000 – 2014 Dr Joseph Mizzi, Sólo para Católicos

Traducción: Alexis “El Broder” Rodríguez

Citas bíblicas: Versión Reina-Valera-Gómez 2010

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