El secreto bíblico para superarse personalmente (Segunda Parte)

EL LLAMADO DE BEREA

Diciembre 2013

T.A. McMahon

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Como lo hemos notado en la primera parte de estas series, todo individuo quiere mejorarse a sí mismo no importa cuál sea la situación, condición, imagen o cualquier otro aspecto de su personalidad que el individuo piensa que tal mejora hará su vida más feliz y placentera.  El mundo ofrece numerosas maneras para poder alcanzar tales metas, pero el éxito es efímero y casi no existente.

El enfoque bíblico, por otra parte, tiene, por su objetivo, no solamente la mejoría temporal sino también resultados eternos.  En Su Escritura, Dios le ha dado a la humanidad instrucciones que mejorar enormemente la condición personal de la persona aquí en la tierra así como también la preparará por la venidera recompensa eterna.  Siendo Creador,  Dios es el único quien sabe cada aspecto de cada ser humano, desde la más insignificante parte de nuestros cuerpos físicos a cada minúsculo pensamiento de nuestras mentes.  En otras palabras, no existe nada que Dios no sepa acerca de nosotros.  Por lo tanto, a medida que nosotros tratamos con las situaciones y circunstancias que tenemos diariamente, lo mejor que podemos hacer es acudir a quien nos conoce a la perfección.

De acuerdo al Manual del Fabricante (la Biblia) los primeros humanos, Adán y Eva, fueron creados a la perfección pero desobedecieron a Dios, lo cual dio como resultado la corrupción de sus naturalezas y posteriormente la naturaleza de sus descendientes (Romanos 5:12).  El pecado de nuestros primeros padres afectó su relación con Dios, separándolos a ellos y a toda la humanidad de Él, nuestro Creador, físicamente y espiritualmente y por toda la eternidad (Romanos 3:23;2 Tesalonicenses 1:7-9).  Pero aún así Dios en Su infinita misericordia envió a Jesús para que Él pagara la pena máxima e infinita requerida para que la humanidad pueda reconciliarse con Él.  El sacrificio de nuestro Señor satisfizo la justicia perfecta de Dios y preparó el camino para  todos aquellos quienes por fe aceptaran el pago que hizo Cristo por ellos, y  pudieran así recibir el regalo de la vida eterna (Romanos 6:23).

Aquellos quienes depositan su confianza en Cristo son nacidos nuevamente en forma espiritual. Su naturaleza ha cambiado,  del estado en que estuvieron, es decir, el estar esclavizados por el pecado y bajo la condena de Dios, a un nuevo estado que es el estar cerca a Dios y ser liberados de una vida controlada por el pecado.  Un Cristiano que ha nacido nuevamente espiritualmente, todavía retiene su vieja naturaleza y puede consecuentemente optar por pecar, pero al mismo tiempo su nueva naturaleza le impide o lo abstiene de pecar.  Aunque sus pecados – pasados, presentes y futuros – han sido pagados totalmente y completamente por nuestro Salvador Jesucristo y por lo tanto asegurándonos el destino eterno, cualquier pecado o pecados que el Cristiano pueda cometer indudablemente va a tener consecuencias temporales.  Estas acciones pecaminosas van a afectar su relación con el Señor, las respuestas a nuestras oraciones y su relación con otras personas.  Éste que peque va a cosechar lo que está sembrando, va a experimentar los efectos negativos de actividades inmorales, va a tener que sufrir las consecuencias por desobedecer las leyes civiles, etc., etc.

Estas consecuencias negativas pueden ser evitadas si uno simplemente obedece las instrucciones que la Palabra de Dios nos presenta.  Ese es el “secreto” de la superación personal bíblica, que es solamente un secreto en el sentido que muy pocos Cristianos conocen sus Biblias suficientemente para estar al tanto de las instrucciones de las Escrituras. Aún si un creyente estuviera deseoso de obedecer a Dios, no podría hacerlo si no sabe Sus instrucciones.

Esto nos lleva a lo que es lo más imperativo de la superación personal bíblica: necesitamos saber lo que Dios nos dice y eso puede ocurrir solamente si diligentemente leemos Su palabra. El hábito de leer las Escrituras diariamente no es solamente el mejor hábito que un creyente pueda tener, sino que también es algo crítico y de suma importancia para que el creyente tenga una vida fructífera en Cristo y adquiera una madurez constante en su relación con el Señor.

La superación personal bíblica, como ya lo hemos mencionado, está totalmente opuesta a lo que el mundo considera como superación personal.  El mundo ve el “yo” o “uno mismo” como algo que es básicamente bueno y no solamente eso sino que también el “yo” o  la auto-estima debe ser considerada como algo digno de ser muy apreciada y que hasta debe ser endiosada, de acuerdo a algunas religiones y a varias terapias psicológicas.  En contraste, la Biblia, considera al “yo” o al “uno mismo” como el principal problema de la humanidad, algo que es hereditariamente maligno, desde el momento que está dirigido y enfocado únicamente hacia la persona misma.  Aún entre muchos creyentes, es uno de los mayores obstáculos a una vida que debe ser dedicada a seguir a Cristo, lo que es el verdadero significado del Cristianismo.

En Mateo 16:24, Jesús declaró a Sus discípulos: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz y sígame.”  Absolutamente nada ni nadie debe existir o tener más importancia entre nosotros y el Señor.  Además, creyentes deben tener más consideración hacia otros que a ellos mismos.  Eso es lo que la Biblia enseña, y cuando nosotros hacemos lo que las Sagradas Escrituras nos enseñan, el efecto es que nuestras vidas temporales, ya sea como individuos, familia o iglesia, son transformadas porque nos estamos acercando más a Dios.

El  énfasis del Cristianismo bíblico es enfocado hacia otras personas, es dirigido hacia el bienestar del prójimo.  Jesús dio el ejemplo cuando nos dijo: “Más entre vosotros no será así, sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros será vuestro siervo; como el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos.” (Mateo 20: 26-28). “Entonces Él se sentó y llamó a los doce, y les dijo: Si alguno quiere ser el primero, será el postrero de todos, y el servidor de todos”(Marcos 9:35).

El sacrificio de nuestro Salvador en la cruz fue el acto supremo de un amor incondicional, como Charles Wesley lo notó en su himno: “¡Amor increíble! Cómo puede ser posible, que tú, mi Dios, debas morir por mí?”  Jesús no solamente pagó un inconmensurable rescate por nuestra salvación sino que también Él nos dio un mandamiento que refleja su amor incondicional para nuestra relación con otros: “Éste es mi mandamiento: Que os améis unos a otros, como yo os he amado.  Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos” (Juan 15: 12-13).

Muy a menudo nos enteramos de actos increíbles como el sacrificio personal cuando una persona da su vida por otra y no nos damos cuenta de las oportunidades que se nos presentan cada día de nuestras vidas, en las cuales podamos manifestar el amor incondicional que Jesús nos enseñó.  Jesús nos dio el ejemplo cuando Él lavó los pies de Sus discípulos: “Así que, después que les hubo lavado los pies, tomó su manto, volvió a la mesa, y les dijo: ¿Sabéis lo que os he hecho? Vosotros me llamáis Maestro, y Señor; y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Señor y el Maestro, he lavado vuestros pies, vosotros también debéis lavaros los pies los unos a los otros. Porque ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis.  De cierto, de cierto os digo: El siervo no es mayor que su señor, ni el enviado es mayor que el que le envió.  Si sabéis estas cosas, bienaventurados seréis si las hiciereis” (Juan 13: 12-17).

El lavar los pies a otra persona es indudablemente un maravilloso acto de humildad, pero el ejemplo que el Señor nos da es mucho más que eso.  Jesús nos está diciendo que el servir las necesidades de otros debe ser la regla para nuestras vidas.  El lavado de pies era una actividad bastante común cuando la manera principal de viajar en esos tiempos era el caminar por caminos de tierra y con sandalias.

Consideremos el versículo 17: ” Si sabéis estas cosas, bienaventurados seréis si las hiciereis”.  Este es el “secreto” del mejoramiento personal bíblico, el cual ha sido desplazado por nuestra manera moderna de pensar similar a la iglesia de Laodicea, humanista en forma e influenciada por la psicología moderna que es tan prevalente en nuestras iglesias de hoy en día.  La razón por la cual nuestras iglesias modernas no están “felices y contentas” es porque no estamos practicando lo que Jesús, nuestro Señor de señores y Rey de reyes, demostró y enseñó.  Las consecuencias de esta tendencia es que existe muy poca diferencia, estadísticamente hablando, entre los problemas del mundo y los del Cristianismo moderno.

Tomemos por ejemplo el divorcio entre creyentes.  Indudablemente la raíz del problema es el interés propio cuando personas en un matrimonio quieren disolver tal unión.  ¿Y qué podemos decir acerca  de los problemas que existen entre los miembros de una familia, esposo y esposa, padres e hijos, entre los mismos hermanos y hermanas? Cualquiera que sea el problema la causa es siempre la misma: “primero yo, segundo y tercero yo.”  Ese el campo de batalla en el que estamos en nuestros días.  El Apóstol Pablo en sus cartas (inspiradas por el Espíritu Santo) describe la batalla con respecto del “yo,” o al “uno mismo” o a la “auto estima,” al mismo tiempo que también describe la condición de los combatientes.  Los problemas entre los Filipenses fueron causados por haber hecho cosas por su ambición egoísta y su engaño.  En su manera de corregir Pablo enfoca el tema del “yo” cuando dice: “No hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo; no mirando cada uno por lo suyo propio, sino cual también por lo de los otros.” “Porque todos buscan lo suyo propio, no lo que es de Cristo Jesús”(Filipenses 2:3-4, 21).

Una vez más, el ser un siervo del Señor, dándole la prioridad en nuestras vidas, sirviendo a otros y poniendo al prójimo antes que a uno mismo, son las órdenes para aquellos quienes han recibido el “increíble regalo” de vida eterna. Las Escrituras abundan con enseñanzas acerca del bienestar del prójimo:

“Porque ya conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico, para que vosotros con su pobreza fuereis enriquecidos” (2 Corintios 8:9).

“Amaos los unos a los otros con amor fraternal; en cuanto a la honra, prefiriéndoos lo unos a los otros” (Romanos 12:10).

“Los fuertes en la fe debemos apoyar a los débiles, en vez de hacer lo que nos agrada.  Cada uno debe agradar al prójimo para su bien, con el fin de edificarlo.  Porque ni siquiera Cristo se agradó a sí mismo sino que, como está escrito: ‘Sobre mí han recaído los insultos de tus detractores.'” (Romanos 15: 1-3).

“Por lo cual, siendo libre de todos, me he hecho siervo de todos para ganar a mayor número” (1 Corintios 9:19).

“Ninguno busque su propio bien, sino el del otro” (1 Corintios 10:24).

“Como también yo en todas las cosas agrado a todos, no procurando mi propio beneficio, sino el de muchos, para que sean salvos”(1 Corintios 10:33).

En la carta de Pablo a los Corintios, quienes estaban experimentando tendencias egoístas, él escribió una carta con mucha profundidad y muy significativa acerca del amor en la cual él dice que el amor verdadero “no busca lo suyo”(1 Corintios 13:5).  En otras palabras, el amor bíblico manifiesta su preocupación o enfoque en el bienestar de otros.  Los Corintios, durante los tiempos del Apóstol Pablo, no eran los únicos creyentes con el problema de “auto estima;” era algo característico de muchos creyentes en todas las iglesias, con excepción de la iglesia de Filadelfia (Apocalipsis 3: 7-13) y otras de tendencias similares a través de la historia. Pero aún así Pablo profetizó de tiempos “peligrosos” antes de la segunda venida de Cristo cuando la característica principal en la tierra sería que “… habrá hombres amadores de sí mismos” (2 Timoteo 3: 1-2).

Esta profecía no solo se ha manifestado en una manera imprecedente en los últimos 100 años, pero increíblemente se ha convertido en una falsa doctrina en la iglesia y es enseñada por muchos líderes evangélicos populares y Psicólogos Cristianos.  Este es un acontecimiento impactante teniendo en cuenta que muchos versículo Bíblicos enseñan exactamente lo opuesto.  Pero analizando otra profecía de Pablo, podemos ver cómo ha sido posible que tales enseñanzas (la auto estima, el amor propio, el amor a la imagen personal, el valor personal, etc.,) se hayan infiltrado en la iglesia: “Porque llegará el tiempo en que no van a tolerar la sana doctrina, sino que, llevados de sus propios deseos, se rodearán de maestros que les digan las novelerías que quieren oír”(2 Timoteo 4:3).

Sin embargo, debemos notar que la profecía no determina el curso de eventos. El eterno conocimiento de parte de Dios acerca de eventos que irán a ocurrir no predestinan a individuos a realizar tales profecías en lo que se refiere a estos eventos.  El hecho que Dios ya tenga el conocimiento de antemano acerca de las obras de las generaciones presentes no absuelve a tales generaciones de dar cuentas de sus actos por las decisiones nefarias que han elegido.  Aunque los actos y las consecuencias del egoísmo de la humanidad son bastante explícitas y constantemente demostradas en nuestro tiempo actual, no quiere decir que los creyentes tengan que conformarse a estas manifestaciones o ser controlados por ellas.  La solución para prevenir que nuestras vidas sean afectadas por el maligno “amor a sí mismo” no es nada complejo ni difícil de entender o aplicar.  En realidad muchos de los problemas de la vida diaria pueden ser evitados implementando una palabra: ¡Basta!( o ¡Paren! o ¡Alto!).

La tentación puede venir, cualquiera que ella sea, y nosotros podemos caer en ella o … no caer.  Podemos parar la tentación antes que ella se convierta en pecado. La solución de decir ¡Alto! puede que sea exagerada, pero muy a menudo nos desviamos de la verdad cuando ignoramos que el corregir al pecado o a un pecado potencial depende de nuestra voluntad o de nuestro libre albedrío.  La Escritura, por ejemplo, nos dice que debemos huir o alejarnos de la lujuria de nuestra juventud. Eso fue lo que hizo José cuando huyó de la esposa de Potifar quien lo estaba seduciendo. Nosotros no leemos que José se quedó parado esperanzado y orando que el Señor quite sus deseos sexuales mientras que la esposa de Potifar lo agarraba de su vestimenta.  Por supuesto que no.  El corrió, alejándose de ella, dejando su vestimenta.

Santiago nos dice que debemos resistir al diablo. Pedro escribe que debemos resistir firmes en la fe.  Obviamente estamos capacitados para tomar opciones.  Nosotros elegimos servirnos a nosotros mismos y al pecado o servimos a Dios actuando en forma correcta.  Si optamos por servir a Dios en vez de servirnos a nosotros mismos, tenemos ayuda en la gracia de Dios, tenemos la verdadera sabiduría de la Palabra de Dios, y tenemos la ayuda del Espíritu Santo, las oraciones, el estímulo y la ayuda de nuestros hermanos y hermanas en Cristo.

Aquí tenemos una corta lista para nuestra consideración y corrección:

(1) ¿Estoy haciendo decisiones basadas en lo que me complace a mí en vez de lo que complace al Señor? Este es un tema de amor propio: ¿Me amo a mí mismo más que a Jesús? Piense acerca de las situaciones y oportunidades que tenemos en nuestra vida personal para cometer pecado.

(2) En un matrimonio ¿Estamos dandonos preferencia a nosotros mismos en vez de hacerlo con  nuestros esposas o esposos, y en el proceso, estamos  tratando  a nuestra pareja con bondad amorosa, afección y respeto?

(3) ¿Cómo tratamos a nuestro prójimo? Cuando nos comunicamos con otros ¿lo hacemos con una lengua afilada, con sarcasmo, de manera insultante en vez de una actitud de aprecio?

En lo que se refiere a las primeras 3 preguntas debemos detener inmediatamente nuestra actitud negativa hacia otros.

(4) Como padres de familia ¿Estamos enseñando a nuestros hijos a obedecer las Escrituras y su aplicación para tratar a sus hermanos y a sus amigos?

(5) ¿Somos nosotros ejemplos para nuestros hijos en lo que se refiere a las instrucciones de la Biblia, los corregimos en forma coherente y en forma bíblica cuando ellos actúan en una manera egoísta hacia otros?

Aunque esto es solamente la punta del témpano en lo que se refiere a la aplicación de la Palabra de Dios en nuestra vida diaria como Cristianos bíblicos, puedo garantizar que aunque en estas pocas preguntas y respuestas, cuando sean aplicadas de acuerdo a las Escrituras, van a tener un impacto transformador en nuestras vidas personales, en nuestras relaciones familiares, en nuestras relaciones fuera de la familia, en nuestros testimonios con personas que no son creyentes y lo que es más importante, nuestro crecimiento espiritual va a aumentar al mismo tiempo que nuestra relación personal con Jesucristo.  ¿Por qué estoy yo tan confiado?  Simplemente porque nosotros estamos haciendo lo que Dios nos dice que hagamos, y poniendo esto en práctica, seremos apoyados y estaremos capacitados por la abundancia de Su gracia a través del Espíritu Santo.

En conclusión, el “secreto” de la superación personal bíblica ha sido revelado al ser iluminado por la luz de las Escrituras.  No dejemos que este conocimiento sea quitado de nuestras vidas y una vez por todas deje esto de ser un misterio para nosotros. En cambio, por la gracia de Dios y por Su capacitación, permitamos que la aplicación del servicio bíblico hacia el prójimo sea manifestada en nuestra vida diaria y que de esta manera nos ayude a demostrar al mundo la verdad de la Biblia y la realidad de un Cristianismo que obedece aquello que nuestro Dios verdadero y viviente nos ha comunicado.

TBC

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EL LLAMADO DE BEREA

El tiempo y la eternidad

Enero 2014

Dave Hunt

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Una vez más hemos ingresado a un nuevo año y le hemos dado la bienvenida con las acostumbradas celebraciones a la medianoche de Diciembre 31. Esas festividades son cuestionables hasta en el mejor de los casos. ¿Y por qué celebramos el recordatorio de que un año que ya se ha esfumado al pasado y al mismo tiempo el tener en cuenta que también nuestras vidas están siendo aceleradas al mismo fin? Esta realidad nos debería traer a nuestras mentes una sobria contemplación y oración en vez de un ruidoso regocijo.

El tiempo pasa y no puede ser recuperado.  Un poeta escribió que su memoria estaba corriendo “como un animal perseguido a través de caminos y senderos, los cuales no podría recordar para volver.”  El tiempo es misterioso, más allá de nuestra habilidad de penetrar, de profundizar.  Sabemos ciertas cosas acerca del tiempo, pero lo que realmente es, elude a nuestra más avanzada ciencia. Este tiempo que es tan esencial para el cambio y para la moción en el universo físico, estará ausente en la eternidad.  Nada cambia o envejece en la eternidad; ¡el eterno es ahora! lo cual es imposible para nosotros en nuestro tiempo presente el poder entender o comprender.

¿Es que acaso no vamos a viajar a través de la eternidad y por lo tanto no vamos a necesitar el tiempo? Realmente no;  no en el sentido o la forma en que nosotros entendemos la palabra “viajar”.  El espacio como medida de una distancia entre objetos o lugares probablemente no existirá o por lo menos va a perder su significado. Habrá millones de personas redimidas en el cielo.  ¿Serán algunas de estas personas, las cuales estarán al margen de esta vasta congregación, prohibidas de acercarse a Cristo? En realidad, todos estarán en Su presencia inmediata, lo cual será un gozo que está más allá de nuestra comprensión actual.

Ya durante el milenio, nuestros cuerpos resucitados, como el de Cristo, no serán parte del universo físico y por lo tanto serán inmutables y eternos, capacitados para ser vistos, para luego desaparecer, y para pasar a través de puertas cerradas y a través de paredes.  “Jesús mismo se puso en medio de ellos y les dijo: Paz a ustedes.  Aterrorizados creyeron que veían a un espíritu.  ¿Por qué se asustan tanto? les preguntó, ¿Por qué les vienen dudas? Miren mis manos y mis pies. ¡Soy yo mismo! Tóquenme y vean; un espíritu no tiene carne ni huesos, como ven que los tengo yo” (Lucas 24: 36-38).  Pablo nos informa, “Si hay un cuerpo natural, también hay un cuerpo espiritual” (Corintios 15:44).  No sabemos lo que eso significa excepto que fue demostrado cuando Jesucristo resucitó.

Sin Su resurrección, no existe esperanza de vida eterna.  Y aún así, el triunfo de Cristo sobre la muerte, la parte esencial de nuestra fe, es negada por algunos quienes dicen estar en la fe.  La Iglesia Evangélica Luterana en América no considera esencial la creencia que Cristo resucitó de entre los muertos. Un libro publicado recientemente y cuyo autor es el Profesor Gerd Luedemann, concluye que el cuerpo de Jesús se descompuso en Su sepultura.

Una negación similar de la Resurrección proviene del muy celebrado converso al Cristianismo, Malcolm Muggeridge (en realidad recientemente él se ha convertido al Catolicismo Romano).  Yo estuve muy impresionado cuando ésta persona dio su testimonio durante la cruzada evangelística de Billy Graham en 1974.  Después de ese incidente leí el libro que él (Muggeridge) había escrito, titulado “Jesús Redescubierto” en el cual Muggeridge escribe que no tenía importancia si Jesús había resucitado o no.  Él dice: “Yo prefiero suponer que algún ladrón de cadáveres movió la piedra de la tumba y después se largó del sitio con el cuerpo y más tarde abandonó el cuerpo a las aves de rapiña, quienes a su vez dejaron los huesos para que se blanquearan en el sol, ¡esos huesos preciosos!”

Los apóstoles, entonces, fueron unos mentirosos porque ellos testificaron que Cristo había resucitado de entre los muertos y que “se les presentó dándoles muchas pruebas convincentes de que estaba vivo” (Hechos 1:3).  Entonces, ¿quién era este impostor, con marcas de clavos en sus manos y en sus pies y una herida de lanza en su costado, quien estuvo 40 días con los discípulos y los convenció que Él era Jesucristo resucitado de entre los muertos?  La tumba indudablemente estaba vacía. ¡Es ridículo el imaginar a un “ladrón de cadáveres” vació la tumba siendo vigilada por soldados Romanos!

Además, si Cristo no resucitó entonces el Cristianismo es solamente otra filosofía de vida como el Budismo o el Confucionismo.  En realidad, sería aún peor que eso, porque Cristo mismo prometió que Él resucitaría de entre los muertos, que porque Él vivió también lo harían los discípulos y que un día Él regresaría para llevarlos al cielo. A diferencia del Budismo, Hinduismo o Islamismo, cuyos líderes no hicieron ni podrían haber hecho tales promesas, si Cristo no resucitó, entonces,  ¡Él es un mentiroso y el Cristianismo es un fraude!

Nuestra misma salvación depende en la creencia que Cristo resucitó de entre los muertos: “Si confesaras con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón  que Dios le levantó de los muertos, serás salvo” (Romanos 10:9).  El libro de Muggeridge me dio una de las primeras percepciones que las personas quienes rechazan la creencia esencial del Cristianismo pretenden ser Sus verdaderos discípulos    y consecuentemente destruyen el Cristianismo desde dentro de la iglesia. Me estaba enterando, para mi consternación, que la apostasía de los últimos días ya está aquí y ganando un impulso alarmante.

Nuestro calendario supuestamente marca los años desde el nacimiento de Cristo.  Se han hecho planes elaborados para celebrar el aniversario de Su nacimiento en el año 2,000 DC.  En realidad, hemos alcanzado ya el verdadero nacimiento de Cristo (2,000 años) en 1996, debido a una calculación errónea al principio del calendario.   Cristo actualmente nació en el año 4 A.C.  No existe ninguna diferencia el que celebremos los 2,000 años o 1,999 años como aniversario de Su nacimiento.  Él no cambia.

La celebración en 2,000 DC, como el cumpleaños de Cristo, no se podrá distinguir de las otras muchas celebraciones que tomarán lugar al mismo tiempo, y de esta forma sacrificando o ignorando la exclusividad del nacimiento de Cristo y el verdadero significado de Su venida al mundo. Por ejemplo, Robert Muller, el ex asistente Secretario de las Naciones Unidas y uno de los líderes del Movimiento de la Nueva Era, ha escrito, “Mi  gran sueño personal consiste en poder lograr una alianza de todas las religiones y de las Naciones Unidas y así la humanidad podrá lograr en el año 2,000 una celebración de la vida en todo el mundo, lo cual nos conducirá a una sociedad en ésta tierra que será pacífica, feliz y bendecida por Dios.”

Los cumpleaños nos hacen recordar que todos y que todo, debido al transcurso del tiempo, irrevocablemente se envejece y muy pronto desaparecerán de la escena. El tiempo continúa sin tener en cuenta las fechas o los eventos o los sentimientos humanos, aunque hace un espacio en nuestras vidas, digamos por un corto y elusivo presente para sus momentos fugaces antes de ser absorbido en el pasado.  Uno puede tomar cierto consuelo en esa realidad.  A través de mi vida, lo que me ha ayudado a soportar y resistir muchas situaciones dolorosas fue el recordarme a mí mismo que “Esto, también, pasará.”

Existe otro lado de la moneda.  Mientras que sabemos que nuestro malestar o incomodidad inevitablemente va a concluir, cuando estamos en la silla de un dentista, tiene el efecto opuesto cuando uno está disfrutando de unas vacaciones. Así como sabemos que nuestro dolor va a pasar,  lo mismo va a ocurrir con el placer que disfrutamos. Y es igual con la vida en sí, que no importa cuán larga o prolongada sea, la vida es como la “neblina que aparece por un tiempo corto y luego se desvanece” (Santiago 4:14).

Esa simple realidad es olvidada por todos nosotros la mayor parte del tiempo. Planes, por lo general, son hechos como si la vida en esta tierra nunca fuera a terminar.  Salomón dijo: “Vale más ir a un funeral que a una fiesta.  Pues la muerte es el fin de todo hombre, y los que viven debieran tenerlo presente”(Eclesiastés 7:2).  ¿Suena esto mórbido?  Indudablemente refuta la idea que uno siempre debe ser “positivo”. Moisés lo dijo de la siguiente manera:”Enséñanos a contar bien nuestros días, para que nuestro corazón adquiera sabiduría” (Salmo 90:12).

Por lo tanto, la verdadera sabiduría es el constante recordatorio de la brevedad de nuestros vidas en esta tierra. La realidad es que esta vida (no importa qué tan exitosa y llena de placer o cuan dolorosa y difícil sea de soportar) va a pasar, va a concluir, y la eternidad nunca va a pasar o concluir y el tener esto en cuenta debe mitigar nuestras opciones en esta tierra.  Sin tener en cuenta esta realidad nosotros vamos a vivir solamente teniendo en cuenta el tiempo en consideración (en el cual estamos completamente absorbidos), en vez de vivir por la eternidad (la cual escasamente tenemos en cuenta).

Sí, tenemos que hacer unas decisiones más prudentes en lo que respecta a esta vida.  Cada decisión, no obstante, debe ser hecha teniendo en cuenta la eternidad. Una decisión que solamente toma en cuenta el tiempo en esta vida, sin darle ninguna consideración a lo eterno es una locura.  Jesús nos advirtió que el “ganar todo el mundo” no  es un éxito, sino el peor fracaso que uno pueda imaginarse, si tal éxito es hecho a costo del alma del individuo: “¿qué aprovechará al hombre si ganare todo el mundo, y perdiere su alma?” (Marcos 8:36).

El principio de un nuevo año es el tiempo en el cual “Resoluciones para un nuevo año” son hechas.  Hay un aire de esperanza en la atmósfera y planes optimistas son hechos para el nuevo año.  En su libro clásico titulado “Una llamada seria para una Devota y Santa Vida,” William Law, el autor, menciona a dos hombres, cada uno completamente absorbido en el planeamiento de una mansión para la Jubilación. Uno de estos hombres quiere planificar tal mansión en esta tierra mientras que el otro quiere hacerlo en el planeta Marte. Todos piensan que el segundo individuo es un tonto.  Law, sin embargo, demuestra que ambos son tontos y que la diferencia en estos dos  planes es solamente un período transitorio de tiempo corto.  El hombre que planifica su casa en Marte debe tener en cuenta que es un lugar en el cual nunca va a residir; mientras que el otro, que planifica su casa en la tierra, lo hace un lugar donde nunca va a poder quedarse.

Esto no quiere decir que uno no debe hacer planes para esta vida.  Pero tenemos que estar siempre conscientes que ningún plan, ya sea una casa de jubilación o un plan para el día de mañana, debe hacerse sin primero someterlos a la voluntad de Dios.  Como podemos leer en el libro de Santiago: “¡Vamos ahora! los que decís: Hoy y mañana iremos a tal ciudad, y estaremos allá un año, y traficaremos, y ganaremos; cuando no sabéis lo que será mañana. Porque ¿qué es vuestra vida? Ciertamente es neblina que se aparece por un poco de tiempo, y luego se desvanece. En lugar de lo cual deberíais decir: Si el Señor quiere, viviremos y haremos esto o aquello.  Pero ahora os jactáis en vuestras soberbias. Toda jactancia semejante es mala” (Santiago 4:13-16).

Blaise Pascal y John Locke argumentaban que si uno toma en consideración el concepto que la muerte, ésta es el fin de todo. Y  la persona que  pierde la oportunidad que esta vida ofrece en preparación para la próxima vida, en realidad  no pierde nada eternamente.  Sin embargo, el hombre que vive al máximo por las breves recompensas de este mundo, trae tormento hacia sí mismo por toda la eternidad; éste hombre ha apostado en contra de imposibles probabilidades y por consecuencia él es el único culpable de tal locura.

Aproximadamente hace  250 años, William Law ilustró esta realidad en forma muy vigorosa y enérgica en su publicación titulada “Penitente”, que es la historia de un próspero joven negociante que iba a morir a la edad de 35 años y tuvo unas palabras que decir a sus amigos que lo venían a ver para expresar su compresión y su solidaridad:

“Ustedes me miran a mí con cierta compasión, y eso no es porque yo no esté     preparado para estar frente al Juez de los vivos y los muertos, esa compasión es probablemente porque voy a dejar una carrera próspera en plena juventud. Y si uno se pone a analizar eso, es realmente una necedad y una insensatez.

Nuestro amigo Lépidos murió cuando estaba preparándose para ir a una fiesta.  ¿Ustedes creen que ahora es parte de su problema el hecho que no haya vivido hasta que hubiera disfrutado de tal fiesta?  Las fiestas, los negocios, los placeres, aparentan ser de gran importancia para nosotros, mientras no pensáramos en otras cosas; pero tan pronto añadimos el pensamiento de nuestra mortalidad, todas esas cosas ya mencionadas adquieren una minúscula importancia.

Si ahora voy a disfrutar el gozo de Dios, ¿hay alguna razón para apenarse si esto que me está ocurriendo sucede antes de cumplir los 40 años de edad? ¿Sería triste el ir ahora al cielo sin antes haber completado más transacciones de negocios? ¿Y si yo me fuera ahora en medio de espíritus perdidos, podría haber sido esto diferente si esto me hubiera ocurrido una vez que fuera de edad avanzada y lleno de riquezas?

Ahora que el juicio final es el paso próximo que voy a tener que enfrentar, y que la felicidad o desdicha eterna está tan cerca de mí, todos los placeres y prosperidades de la vida se ven ahora tan vanas e insignificantes.  Pero, amigos míos, ¿cuán sorprendido estoy ahora que no siempre tuve yo estos pensamientos?

¡Qué cosa tan extraña es que un poco de salud o un humilde negocio de una tienda nos mantenga tan ocupados que ignoramos estos impactante eventos que se avecinan tan rápidamente sobre nosotros!”

Ya sea a través del Arrebatamiento o a través de la muerte, todos nosotros estaremos muy pronto frente a Dios para dar cuentas de nuestras vidas. La vida más prolongada termina abruptamente y uno es instantáneamente llevado a la eternidad. El tiempo se ha evaporado hacia el pasado, y sólo nos queda decisiones, palabras y obras que afectarán nuestra eternidad. Sí, cómo vivimos esta vida corta acarrea consecuencias eternas para bien o para mal.  Los que están perdidos se presentarán ante el “gran trono blanco” para oír su perdición (Apocalipsis20:11-15), pero los Cristianos también tendrán que dar cuentas por cada pensamiento, palabra y obra: “Porque es necesario que todos comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo” (2 Corintios 5: 10-11).

El alterar o el arriesgar las creencias de uno pueden ser más difícil de resistir que el pecado sensual, y está siendo más necesario el hacer concesiones para así mantener el favor del liderazgo evangélico del tiempo presente. La misma corrección que la Biblia requiere ya no es aceptable. Pero aún así, todo lo demás tiene que ser aceptado.  Mientras esta publicación es escrita un fax acaba de llegar proveniente de un conductor de un programa radial Cristiano: “Nuestro programa ha sido cancelado… en Octubre 6 por las protestas de algunos oyentes… Hace un par de semanas (la persona que me reemplazaba) hizo un programa acerca de enseñanzas falsas … la administración o gerencia de la emisora no estuvo de acuerdo y lo sacaron del programa y el programa en sí también fue cancelado… Yo he estado 30años en este negocio de radio y ahora estoy viendo que los programas radiales Cristianos están siguiendo un formato trazado por líderes ‘Cristianos’.  Esta manera de suprimir la libre expresión en el ambiente religioso ‘Cristiano’ es peor que en las emisoras seculares.”  Hemos perdido la visión de la eternidad, y el cielo se ha convertido en un lugar al cual todo el mundo quiere ir, pero no todavía.

El pensar en la eternidad nos motiva a ser fieles y leales a nuestro Señor y a Su Palabra, anticipando el gran gozo que Cristo mismo esperaba con sumo ansiedad: “…por el gozo puesto delante de Él sufrió la cruz…”(Hebreos 12:2).  Pablo nos urge: “Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra.  Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios.  Cuando Cristo, vuestra vida, se manifieste, entonces vosotros también seréis manifestados con Él en gloria” (Colosenses 3:2-4).  Juan nos anima diciéndonos, “Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando Él se manifieste, seremos semejantes a Él, porque le veremos tal como Él es” (1 Juan 3:2).  Pablo nuevamente nos muestra una esperanza que reduce lo mejor que este mundo pueda ofrecer a algo minúsculo: “Aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo” (Tito 2:13).

Un antiguo himno nos dice: “Estos vasos de barro se rompen, el mundo mismo se envejece: pero Cristo el Señor tomará nuestro polvo y lo moldeará nuevamente. Él le dará a nuestros cuerpos viles una nueva forma como la de Él. Él hará que toda la creación sonría y silenciará su gemido.”  ¡Por esa esperanza vale la pena vivir y morir!Una vez más hemos ingresado a un nuevo año y le hemos dado la bienvenida con las acostumbradas celebraciones a la medianoche de Diciembre 31. Esas festividades son cuestionables hasta en el mejor de los casos. ¿Y por qué celebramos el recordatorio de que un año que ya se ha esfumado al pasado y al mismo tiempo el tener en cuenta que también nuestras vidas están siendo aceleradas al mismo fin? Esta realidad nos debería traer a nuestras mentes una sobria contemplación y oración en vez de un ruidoso regocijo.

El tiempo pasa y no puede ser recuperado.  Un poeta escribió que su memoria estaba corriendo “como un animal perseguido a través de caminos y senderos, los cuales no podría recordar para volver.”  El tiempo es misterioso, más allá de nuestra habilidad de penetrar, de profundizar.  Sabemos ciertas cosas acerca del tiempo, pero lo que realmente es, elude a nuestra más avanzada ciencia. Este tiempo que es tan esencial para el cambio y para la moción en el universo físico, estará ausente en la eternidad.  Nada cambia o envejece en la eternidad; ¡el eterno es ahora! lo cual es imposible para nosotros en nuestro tiempo presente el poder entender o comprender.

¿Es que acaso no vamos a viajar a través de la eternidad y por lo tanto no vamos a necesitar el tiempo? Realmente no;  no en el sentido o la forma en que nosotros entendemos la palabra “viajar”.  El espacio como medida de una distancia entre objetos o lugares probablemente no existirá o por lo menos va a perder su significado. Habrá millones de personas redimidas en el cielo.  ¿Serán algunas de estas personas, las cuales estarán al margen de esta vasta congregación, prohibidas de acercarse a Cristo? En realidad, todos estarán en Su presencia inmediata, lo cual será un gozo que está más allá de nuestra comprensión actual.

Ya durante el milenio, nuestros cuerpos resucitados, como el de Cristo, no serán parte del universo físico y por lo tanto serán inmutables y eternos, capacitados para ser vistos, para luego desaparecer, y para pasar a través de puertas cerradas y a través de paredes.  “Jesús mismo se puso en medio de ellos y les dijo: Paz a ustedes.  Aterrorizados creyeron que veían a un espíritu.  ¿Por qué se asustan tanto? les preguntó, ¿Por qué les vienen dudas? Miren mis manos y mis pies. ¡Soy yo mismo! Tóquenme y vean; un espíritu no tiene carne ni huesos, como ven que los tengo yo” (Lucas 24: 36-38).  Pablo nos informa, “Si hay un cuerpo natural, también hay un cuerpo espiritual” (Corintios 15:44).  No sabemos lo que eso significa excepto que fue demostrado cuando Jesucristo resucitó.

Sin Su resurrección, no existe esperanza de vida eterna.  Y aún así, el triunfo de Cristo sobre la muerte, la parte esencial de nuestra fe, es negada por algunos quienes dicen estar en la fe.  La Iglesia Evangélica Luterana en América no considera esencial la creencia que Cristo resucitó de entre los muertos. Un libro publicado recientemente y cuyo autor es el Profesor Gerd Luedemann, concluye que el cuerpo de Jesús se descompuso en Su sepultura.

Una negación similar de la Resurrección proviene del muy celebrado converso al Cristianismo, Malcolm Muggeridge (en realidad recientemente él se ha convertido al Catolicismo Romano).  Yo estuve muy impresionado cuando ésta persona dio su testimonio durante la cruzada evangelística de Billy Graham en 1974.  Después de ese incidente leí el libro que él (Muggeridge) había escrito, titulado “Jesús Redescubierto” en el cual Muggeridge escribe que no tenía importancia si Jesús había resucitado o no.  Él dice: “Yo prefiero suponer que algún ladrón de cadáveres movió la piedra de la tumba y después se largó del sitio con el cuerpo y más tarde abandonó el cuerpo a las aves de rapiña, quienes a su vez dejaron los huesos para que se blanquearan en el sol, ¡esos huesos preciosos!”

Los apóstoles, entonces, fueron unos mentirosos porque ellos testificaron que Cristo había resucitado de entre los muertos y que “se les presentó dándoles muchas pruebas convincentes de que estaba vivo” (Hechos 1:3).  Entonces, ¿quién era este impostor, con marcas de clavos en sus manos y en sus pies y una herida de lanza en su costado, quien estuvo 40 días con los discípulos y los convenció que Él era Jesucristo resucitado de entre los muertos?  La tumba indudablemente estaba vacía. ¡Es ridículo el imaginar a un “ladrón de cadáveres” vació la tumba siendo vigilada por soldados Romanos!

Además, si Cristo no resucitó entonces el Cristianismo es solamente otra filosofía de vida como el Budismo o el Confucionismo.  En realidad, sería aún peor que eso, porque Cristo mismo prometió que Él resucitaría de entre los muertos, que porque Él vivió también lo harían los discípulos y que un día Él regresaría para llevarlos al cielo. A diferencia del Budismo, Hinduismo o Islamismo, cuyos líderes no hicieron ni podrían haber hecho tales promesas, si Cristo no resucitó, entonces,  ¡Él es un mentiroso y el Cristianismo es un fraude!

Nuestra misma salvación depende en la creencia que Cristo resucitó de entre los muertos: “Si confesaras con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón  que Dios le levantó de los muertos, serás salvo” (Romanos 10:9).  El libro de Muggeridge me dio una de las primeras percepciones que las personas quienes rechazan la creencia esencial del Cristianismo pretenden ser Sus verdaderos discípulos    y consecuentemente destruyen el Cristianismo desde dentro de la iglesia. Me estaba enterando, para mi consternación, que la apostasía de los últimos días ya está aquí y ganando un impulso alarmante.

Nuestro calendario supuestamente marca los años desde el nacimiento de Cristo.  Se han hecho planes elaborados para celebrar el aniversario de Su nacimiento en el año 2,000 DC.  En realidad, hemos alcanzado ya el verdadero nacimiento de Cristo (2,000 años) en 1996, debido a una calculación errónea al principio del calendario.   Cristo actualmente nació en el año 4 A.C.  No existe ninguna diferencia el que celebremos los 2,000 años o 1,999 años como aniversario de Su nacimiento.  Él no cambia.

La celebración en 2,000 DC, como el cumpleaños de Cristo, no se podrá distinguir de las otras muchas celebraciones que tomarán lugar al mismo tiempo, y de esta forma sacrificando o ignorando la exclusividad del nacimiento de Cristo y el verdadero significado de Su venida al mundo. Por ejemplo, Robert Muller, el ex asistente Secretario de las Naciones Unidas y uno de los líderes del Movimiento de la Nueva Era, ha escrito, “Mi  gran sueño personal consiste en poder lograr una alianza de todas las religiones y de las Naciones Unidas y así la humanidad podrá lograr en el año 2,000 una celebración de la vida en todo el mundo, lo cual nos conducirá a una sociedad en ésta tierra que será pacífica, feliz y bendecida por Dios.”

Los cumpleaños nos hacen recordar que todos y que todo, debido al transcurso del tiempo, irrevocablemente se envejece y muy pronto desaparecerán de la escena. El tiempo continúa sin tener en cuenta las fechas o los eventos o los sentimientos humanos, aunque hace un espacio en nuestras vidas, digamos por un corto y elusivo presente para sus momentos fugaces antes de ser absorbido en el pasado.  Uno puede tomar cierto consuelo en esa realidad.  A través de mi vida, lo que me ha ayudado a soportar y resistir muchas situaciones dolorosas fue el recordarme a mí mismo que “Esto, también, pasará.”

Existe otro lado de la moneda.  Mientras que sabemos que nuestro malestar o incomodidad inevitablemente va a concluir, cuando estamos en la silla de un dentista, tiene el efecto opuesto cuando uno está disfrutando de unas vacaciones. Así como sabemos que nuestro dolor va a pasar,  lo mismo va a ocurrir con el placer que disfrutamos. Y es igual con la vida en sí, que no importa cuán larga o prolongada sea, la vida es como la “neblina que aparece por un tiempo corto y luego se desvanece” (Santiago 4:14).

Esa simple realidad es olvidada por todos nosotros la mayor parte del tiempo. Planes, por lo general, son hechos como si la vida en esta tierra nunca fuera a terminar.  Salomón dijo: “Vale más ir a un funeral que a una fiesta.  Pues la muerte es el fin de todo hombre, y los que viven debieran tenerlo presente”(Eclesiastés 7:2).  ¿Suena esto mórbido?  Indudablemente refuta la idea que uno siempre debe ser “positivo”. Moisés lo dijo de la siguiente manera:”Enséñanos a contar bien nuestros días, para que nuestro corazón adquiera sabiduría” (Salmo 90:12).

Por lo tanto, la verdadera sabiduría es el constante recordatorio de la brevedad de nuestros vidas en esta tierra. La realidad es que esta vida (no importa qué tan exitosa y llena de placer o cuan dolorosa y difícil sea de soportar) va a pasar, va a concluir, y la eternidad nunca va a pasar o concluir y el tener esto en cuenta debe mitigar nuestras opciones en esta tierra.  Sin tener en cuenta esta realidad nosotros vamos a vivir solamente teniendo en cuenta el tiempo en consideración (en el cual estamos completamente absorbidos), en vez de vivir por la eternidad (la cual escasamente tenemos en cuenta).

Sí, tenemos que hacer unas decisiones más prudentes en lo que respecta a esta vida.  Cada decisión, no obstante, debe ser hecha teniendo en cuenta la eternidad. Una decisión que solamente toma en cuenta el tiempo en esta vida, sin darle ninguna consideración a lo eterno es una locura.  Jesús nos advirtió que el “ganar todo el mundo” no  es un éxito, sino el peor fracaso que uno pueda imaginarse, si tal éxito es hecho a costo del alma del individuo: “¿qué aprovechará al hombre si ganare todo el mundo, y perdiere su alma?” (Marcos 8:36).

El principio de un nuevo año es el tiempo en el cual “Resoluciones para un nuevo año” son hechas.  Hay un aire de esperanza en la atmósfera y planes optimistas son hechos para el nuevo año.  En su libro clásico titulado “Una llamada seria para una Devota y Santa Vida,” William Law, el autor, menciona a dos hombres, cada uno completamente absorbido en el planeamiento de una mansión para la Jubilación. Uno de estos hombres quiere planificar tal mansión en esta tierra mientras que el otro quiere hacerlo en el planeta Marte. Todos piensan que el segundo individuo es un tonto.  Law, sin embargo, demuestra que ambos son tontos y que la diferencia en estos dos  planes es solamente un período transitorio de tiempo corto.  El hombre que planifica su casa en Marte debe tener en cuenta que es un lugar en el cual nunca va a residir; mientras que el otro, que planifica su casa en la tierra, lo hace un lugar donde nunca va a poder quedarse.

Esto no quiere decir que uno no debe hacer planes para esta vida.  Pero tenemos que estar siempre conscientes que ningún plan, ya sea una casa de jubilación o un plan para el día de mañana, debe hacerse sin primero someterlos a la voluntad de Dios.  Como podemos leer en el libro de Santiago: “¡Vamos ahora! los que decís: Hoy y mañana iremos a tal ciudad, y estaremos allá un año, y traficaremos, y ganaremos; cuando no sabéis lo que será mañana. Porque ¿qué es vuestra vida? Ciertamente es neblina que se aparece por un poco de tiempo, y luego se desvanece. En lugar de lo cual deberíais decir: Si el Señor quiere, viviremos y haremos esto o aquello.  Pero ahora os jactáis en vuestras soberbias. Toda jactancia semejante es mala” (Santiago 4:13-16).

Blaise Pascal y John Locke argumentaban que si uno toma en consideración el concepto que la muerte, ésta es el fin de todo. Y  la persona que  pierde la oportunidad que esta vida ofrece en preparación para la próxima vida, en realidad  no pierde nada eternamente.  Sin embargo, el hombre que vive al máximo por las breves recompensas de este mundo, trae tormento hacia sí mismo por toda la eternidad; éste hombre ha apostado en contra de imposibles probabilidades y por consecuencia él es el único culpable de tal locura.

Aproximadamente hace  250 años, William Law ilustró esta realidad en forma muy vigorosa y enérgica en su publicación titulada “Penitente”, que es la historia de un próspero joven negociante que iba a morir a la edad de 35 años y tuvo unas palabras que decir a sus amigos que lo venían a ver para expresar su compresión y su solidaridad:

“Ustedes me miran a mí con cierta compasión, y eso no es porque yo no esté     preparado para estar frente al Juez de los vivos y los muertos, esa compasión es probablemente porque voy a dejar una carrera próspera en plena juventud. Y si uno se pone a analizar eso, es realmente una necedad y una insensatez.

Nuestro amigo Lépidos murió cuando estaba preparándose para ir a una fiesta.  ¿Ustedes creen que ahora es parte de su problema el hecho que no haya vivido hasta que hubiera disfrutado de tal fiesta?  Las fiestas, los negocios, los placeres, aparentan ser de gran importancia para nosotros, mientras no pensáramos en otras cosas; pero tan pronto añadimos el pensamiento de nuestra mortalidad, todas esas cosas ya mencionadas adquieren una minúscula importancia.

Si ahora voy a disfrutar el gozo de Dios, ¿hay alguna razón para apenarse si esto que me está ocurriendo sucede antes de cumplir los 40 años de edad? ¿Sería triste el ir ahora al cielo sin antes haber completado más transacciones de negocios? ¿Y si yo me fuera ahora en medio de espíritus perdidos, podría haber sido esto diferente si esto me hubiera ocurrido una vez que fuera de edad avanzada y lleno de riquezas?

Ahora que el juicio final es el paso próximo que voy a tener que enfrentar, y que la felicidad o desdicha eterna está tan cerca de mí, todos los placeres y prosperidades de la vida se ven ahora tan vanas e insignificantes.  Pero, amigos míos, ¿cuán sorprendido estoy ahora que no siempre tuve yo estos pensamientos?

¡Qué cosa tan extraña es que un poco de salud o un humilde negocio de una tienda nos mantenga tan ocupados que ignoramos estos impactante eventos que se avecinan tan rápidamente sobre nosotros!”

Ya sea a través del Arrebatamiento o a través de la muerte, todos nosotros estaremos muy pronto frente a Dios para dar cuentas de nuestras vidas. La vida más prolongada termina abruptamente y uno es instantáneamente llevado a la eternidad. El tiempo se ha evaporado hacia el pasado, y sólo nos queda decisiones, palabras y obras que afectarán nuestra eternidad. Sí, cómo vivimos esta vida corta acarrea consecuencias eternas para bien o para mal.  Los que están perdidos se presentarán ante el “gran trono blanco” para oír su perdición (Apocalipsis20:11-15), pero los Cristianos también tendrán que dar cuentas por cada pensamiento, palabra y obra: “Porque es necesario que todos comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo” (2 Corintios 5: 10-11).

El alterar o el arriesgar las creencias de uno pueden ser más difícil de resistir que el pecado sensual, y está siendo más necesario el hacer concesiones para así mantener el favor del liderazgo evangélico del tiempo presente. La misma corrección que la Biblia requiere ya no es aceptable. Pero aún así, todo lo demás tiene que ser aceptado.  Mientras esta publicación es escrita un fax acaba de llegar proveniente de un conductor de un programa radial Cristiano: “Nuestro programa ha sido cancelado… en Octubre 6 por las protestas de algunos oyentes… Hace un par de semanas (la persona que me reemplazaba) hizo un programa acerca de enseñanzas falsas … la administración o gerencia de la emisora no estuvo de acuerdo y lo sacaron del programa y el programa en sí también fue cancelado… Yo he estado 30años en este negocio de radio y ahora estoy viendo que los programas radiales Cristianos están siguiendo un formato trazado por líderes ‘Cristianos’.  Esta manera de suprimir la libre expresión en el ambiente religioso ‘Cristiano’ es peor que en las emisoras seculares.”  Hemos perdido la visión de la eternidad, y el cielo se ha convertido en un lugar al cual todo el mundo quiere ir, pero no todavía.

El pensar en la eternidad nos motiva a ser fieles y leales a nuestro Señor y a Su Palabra, anticipando el gran gozo que Cristo mismo esperaba con sumo ansiedad: “…por el gozo puesto delante de Él sufrió la cruz…”(Hebreos 12:2).  Pablo nos urge: “Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra.  Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios.  Cuando Cristo, vuestra vida, se manifieste, entonces vosotros también seréis manifestados con Él en gloria” (Colosenses 3:2-4).  Juan nos anima diciéndonos, “Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando Él se manifieste, seremos semejantes a Él, porque le veremos tal como Él es” (1 Juan 3:2).  Pablo nuevamente nos muestra una esperanza que reduce lo mejor que este mundo pueda ofrecer a algo minúsculo: “Aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo” (Tito 2:13).

Un antiguo himno nos dice: “Estos vasos de barro se rompen, el mundo mismo se envejece: pero Cristo el Señor tomará nuestro polvo y lo moldeará nuevamente. Él le dará a nuestros cuerpos viles una nueva forma como la de Él. Él hará que toda la creación sonría y silenciará su gemido.”  ¡Por esa esperanza vale la pena vivir y morir!

TBC

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