El secreto bíblico para superarse personalmente

EL LLAMADO DE BEREA

Noviembre 2013

T.A. McMahon

tbcnov13

La popularidad de libros que se han escrito acerca de la superación personal o del esfuerzo personal para ayudarse uno  mismo ha sido, juzgando por la historia de las publicaciones, bastante asombroso.  Las razones que se han dado por la amplia aceptación de tales libros, históricamente y especialmente en nuestros días, son numerosas, pero todo eso se puede reducir al deseo del hombre de mejorar su   condición o situación, ya sea financiera, social, educacional, física, psicológica, espiritual, o “todo lo que se acaba de mencionar.”  Aunque las metas son la superación y el mejoramiento de la condición personal, el método y la motivación principal se reduce al enfoque exclusivamente personal, es decir, el “yo” o  “uno mismo,” es decir, ¿cómo puedo mejorar el “yo”?

Desde el momento que el “yo”, o uno mismo, o sí mismo, es el enfoque fundamental de la superación personal, debemos prestar seria atención a lo que esto verdaderamente significa.  Una serie de definiciones de diccionarios contemporáneos nos revela lo que el “yo” significa: la persona entera; el típico carácter de la persona, el comportamiento de tal persona; el comportamiento temporal de la persona; una persona en óptimas condiciones; la unión de elementos (como el cuerpo, las emociones, los pensamientos y las sensaciones) que constituyen la individualidad e identidad de la persona; el interés personal o la ventaja personal. En resumen, es tú y yo que formamos cada uno de nosotros como individuos.  La definición del “yo” se hace más confuso cuando palabras son añadidas al término.

Existen dos adjetivos los cuales nos indican claramente la mejor y la peor condición del “yo” en nuestras vidas.

Altruista: aquel quien está más interesado con las necesidades y deseos de otros que con los deseos de uno mismo, por ejemplo un acto de devoción desinteresada.  Este término describe maravillosas cualidades de la persona.  Sinónimos de este término serían generosidad, benevolencia, desprendimiento, abnegación, desinterés, filantropía, magnanimidad, etc.

Egoísta: aquel quien no tiene buenas cualidades, ya que tal persona no tiene consideración para otras personas y está interesado solamente por su propio bienestar, lucro o placer. Sinónimos de este término serían egocéntrico, interesado, codicioso, ególatra, ambicioso, etc.

La Escritura usa el término “yo mismo” en una manera bastante directa, como por ejemplo la persona entera, y muy a menudo como pronombres ya sea “uno mismo” y “ellos mismos.”  Por lo tanto el “secreto” del uso bíblico de tal término no está en su definición sino en lo que la Palabra de Dios dice acerca de uno mismo y las instrucciones que nos da para saber usarlo, lo cual está en oposición directa a la llamada “sabiduría” que el mundo ofrece.

De acuerdo al mundo en que vivimos actualmente, el cual ha sido bastante influenciado por la psicología humanista (que es de donde provienen todas las enseñanzas egoístas), el “yo”- queriendo decir la persona entera – es por naturaleza “bueno”.  Defectos, fallas e imperfecciones en la vida de una persona se debe a influencias externas, como por ejemplo, sus padres, su medio ambiental, ya sea físico, social o educacional.  La creencia en la bondad básica del individuo se refleja en todos aspectos de los consejos psicológicos, y no es opcional; está arraigado en los cimientos básicos de la persona.  La razón es obvia.  Si la persona no es básicamente buena y si tuviera un defecto en su naturaleza que afectaría en alguna manera cada aspecto de su vida, entonces no hubiera nada que la psicología pudiera hacer para alterar tal defecto y sus obvias consecuencias.  Es como si uno quisiera cambiar las manchas a un leopardo. Uno pudiera teñir las manchas o tal vez cubrirlas de alguna manera, pero tales actos superficiales no podrían de ninguna manera cambiar las manchas. La contextura genética del leopardo no lo permitiría.

Pero si el “yo” de la persona es básicamente bueno, entonces es relativamente fácil para que un Consejero Psicológico pueda influenciar a un paciente (o cliente) para que él o ella pueda reconocer la bondad innata de su persona y progresivamente, por medio de la psicología, remover todos los obstáculos que están impidiendo la aceptación de tal creencia.  Existen más de 500 diferentes formas de terapias psicológicas que se han formado únicamente para ese fin. Pero muchas de estas terapias están en conflicto entre ellas mismas, y ninguna puede probar la inherente bondad del individuo.  Por lo tanto, todas estas metodologías  analizan los problemas de la persona solamente como si fueran problemas sintomáticos, ya que no pueden hacer nada para cambiar la naturaleza de la humanidad. Sin embargo, ¡lo que es imposible para el hombre, es posible para Dios!

La Biblia declara inequívocamente que el corazón del hombre no es bueno:

Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá?” (Jeremías 17:9);

“Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen los malos pensamientos, los adulterios, las fornicaciones, los homicidios, los hurtos, las avaricias, las maldades, el engaño, la lascivia, la envidia, la maledicencia, la soberbia, la insensatez. Todas estas maldades de dentro salen, y contaminan al hombre” (Marcos 7:21-23).

Las Escrituras nos dicen que ” los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas” (Juan 3:19), y “por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios”(Romanos 3:23).  Estos versículos, y muchos más describen la naturaleza pecaminosa de la humanidad, y no hay nada que alguien pueda hacer para mejorarla.

Solamente Dios puede cambiar al ser humano y hacerlo mejor, pero Él no lo hace utilizando métodos humanos.  Ese es el “secreto” de la superación personal bíblica, que es un secreto solamente en el sentido que el Cristianismo ha perdido la visión de lo que las Escrituras claramente enseñan y que la iglesia ha practicado desde el tiempo de los apóstoles.  Esta ceguera empezó a mediados del siglo pasado cuando el consejo psicológico hizo profundas incursiones en el Cristianismo.  Durante la década de los 1970’s algunos de los nombres de gran influencia dentro de los medios de difusión evangélicos eran Psicólogos Cristianos, al igual que psiquiatras como James Dobson, Frank Minirth, Paul Meier, Gary Collins, John Trent, and Gary Smalley, si uno nombra solamente algunos de ellos. Libros promocionando el “yo” y la auto-estima, inundaron el mercado Cristiano, incluyendo “Ocultar o Buscar: Cómo crear la auto-estima en su niño” por el Psicólogo Dr. James Dobson y “La Auto-Estima: la Nueva Reforma” por Robert Schuller, cuyo libro fue enviado gratuitamente a 250,000 pastores evangélicos.  El amor propio y la auto-estima se convirtieron en las nuevas doctrinas que fueron enseñadas por los más populares pastores evangélicos del momento.

Lo que muy pocos creyentes se dan cuenta es que el avance de enseñanzas anti-bíblicas del “amor propio” dentro de la iglesia en nuestros días es el cumplimiento de profecía.  En 2 Timoteo 3, el Apóstol Paul advierte a Timoteo acerca de tiempos “peligrosos” cuando el amor propio será un cimiento, una base para la multiplicación de pecados que causaría estragos entre los creyentes: “… en los postreros días vendrán tiempos peligrosos.  Porque habrá hombres amadores de sí mismos…(vv. 1-2).  Alguien puede preguntarse, ¿por qué es esto profético, cuando la humanidad ya ha tenido una tendencia egoísta que ha sido bastante clara desde la caída de Adán y Eva en el Jardín del Edén?  Siempre siendo parcial hacia uno mismo, Adán culpó a la mujer quien Dios le había dado, y Eva culpó a la serpiente (Satanás), quien la sedujo para que ella desobedeciera a Dios.

El amor propio ha creado problemas para la humanidad a través de los siglos, pero no fue sino hasta los últimos 100 años que el amor hacia uno mismo fue promocionado como las solución básica para casi todos los problemas de la humanidad, especialmente para nuestros problemas mentales, emocionales y de comportamiento.  Muchos de estos análisis empezaron con el “escudriñase a sí mismo” y el análisis de uno mismo,  practicado por Freud y por Jung, pero irónicamente, y más específicamente fue implicado como una reprimenda por el anti-Cristiano Friedrich Nietzsche diciendo que el amor a sí mismo que los Cristianos experimentaban no era suficiente. Esa afirmación fue absorbida y fomentada por el psicólogo y filósofo humanista Eric Fromm.  Dave Hunt nota lo siguiente:

Fromm, un ateo, popularizó la idea del “amor propio.”  Él obtuvo esta idea de Nietzsche.  Uno de los libros escritos por Fromm fue “Ustedes serán como Dioses.”  Él tomó la mentira de la serpiente para el título de su libro.  En su libro titulado “El Hombre por sí mismo,” Fromm justificó la idea que todos nosotros nos odiamos y que debemos aprender a amarnos nosotros mismos siguiendo lo que Jesús enseñó cuando Él dijo, “Ama a tu prójimo como a ti mismo.”

Esta distorsión de las Escrituras fue aceptado en ese entonces por muchos maestros y predicadores evangélicos quienes deberían haber estado más alertas.  En primer lugar es un simple error de matemática. Los proponentes del amor propio han tomado el “amar al prójimo como a uno mismo” fuera de contexto y lo han convertido como si fuera un tercer mandamiento, cuando en el libro de Mateo podemos leer lo siguiente: “Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas” (Mateo 22:37-40).

Eso son dos mandamientos y no tres. Además así como menciona Dave,”…si fuéramos nosotros deficientes en amor propio, Jesús nunca hubiera dicho amar a tu prójimo como a ti mismo, porque Él nos lo dijo a todos nosotros y no solamente  a una cierta clase de gente. Por lo tanto es bastante obvio lo que se está afirmando aquí: nosotros ya nos amamos a nosotros mismos, y por consiguiente no nos odiamos ya que Jesús no podría haber dicho ‘… todas las cosas que querías que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos’ (Mateo 7:12). Claramente la intención no es hacer daño a otros”.  Ese error es acentuado por Efesios 5:29: “Porque nadie aborreció a su propia carne, sino que la sustenta y la cuida, como también Cristo a la iglesia.”

El amarse a uno mismo antes de amar a Dios y a otros es la preferencia natural de la humanidad, ya sea la persona Cristiana o no, y la consecuencia de eso es asociado con casi todas nuestras dificultades que experimentamos en la vida. Las palabras de Pablo a Timoteo nos da una letanía, oración invocando, por los efectos posteriores de amarse a uno mismo:

“Porque habrá hombres amadores de sí mismos, avaros, vanagloriosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, impíos, sin afecto natural, implacables, calumniadores, intemperantes, crueles, aborrecedores de lo bueno, traidores, impetuosos, infatuados, amadores de los deleites más que de Dios, que tendrán apariencia de piedad, pero negarán la eficacia de ella; a éstos evita. Porque de éstos son los que se meten en las casas y llevan cautivas a las mujercillas cargadas de pecados, arrastradas por diversas concupiscencias. Estas siempre están aprendiendo, y nunca pueden llegar al conocimiento de la verdad” (2 Timoteo 3:2-7).

Bueno, todo esto son las malas noticias. Y entonces ¿dónde están las buenas noticias de cómo Dios puede cambiar nuestra naturaleza y mejorarnos a nosotros mismos?  Eso puede ocurrir solamente si uno acepta a Dios para la salvación que solamente Él  puede otorgar a toda la humanidad. Eso significa estar reconciliado con Él, admitiendo nuestra naturaleza pecaminosa y aceptando el sacrificio que hizo Cristo como pago completo por nuestros pecados y aceptar todo esto solamente por fe.  Nada más es requerido para recibir el regalo de la vida eterna, solamente confiar en Jesús por habernos salvado de la pena infinita que nuestros pecados merecen.  Ese es el Evangelio, y esa es la única forma en que la humanidad puede ser salva.

Una vez que la persona pone su confianza en Jesús para su salvación, él se convierte en una nueva criatura: “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas” (2 Corintios 5:17). La persona ha sido limpiada, purificada de sus pecados cometidos y no está ya bajo la esclavitud del pecado (2 Pedro 1:9;Juan 8:31-32).  Como un creyente en Cristo, la persona ha nacido nuevamente en forma espiritual, está en comunión con Dios, y está capacitada totalmente para amarlo y obedecerlo.  Esto hubiera sido imposible antes de haber sido una nueva criatura en Cristo.  El creyente es ahora “un  nuevo hombre,” un nuevo ser (Efesios 4:24), alguien que ahora puede vivir su vida de acuerdo a las instrucciones de Dios en Su Palabra.

La primera instrucción para una bendecida y fructífera vida es, el darse cuenta que en la misma manera que la persona no podría haberse salvado por sí misma,  así también la persona no puede mejorar su vida por sí misma.  La superación personal Bíblica no se puede comparar con la superación personal que el mundo ofrece.  En realidad es todo lo opuesto.  Aunque la nueva vida del creyente lo ha liberado de la esclavitud del pecado, tal creyente todavía retiene sus antigua naturaleza con su preferencia a sí mismo.  Eso es un campo de batalla para cada creyente en Cristo.  Sin embargo, por todos aquellos que han dado su vida al Señor, Él nos provee a través de Su Palabra y por el Espíritu Santo todo lo que necesitamos para ser victoriosos en la batalla contra la carne y estar capacitados para hacer lo debido y aquello que agrada a Dios.  Al contrario de la propaganda del mundo que nos induce a amar, estimar, glorificar y hasta endiosar a nosotros mismos, la Escritura nos dice que debemos negarnos a nosotros mismos y someternos completamente a Dios y a Sus instrucciones escritas en Su Palabra.

“Y decía a todos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame” (Lucas 9:23).

El negarse a uno mismo no es lo mismo que negar la existencia propia.  Para el creyente, es el reconocimiento que aunque  el “yo,” que anteriormente estaba en rebelión en contra de Dios, aunque continuando teniendo autonomía (la capacidad de hacer decisiones morales para el bien o para el mal), está siendo ahora habilitado para escoger y para vivir en rectitud y en el deseo de agradar al Señor.

En las Escrituras hay abundancia de pasajes en los cuales nos enseñan a poner al Señor y a otros antes que a nosotros.   “Ámense los unos a los otros con amor fraternal, respetándose y honrándose mutuamente” (Romanos 12:10). “Ninguno busque su propio bien, sino el del otro” (1 Corintios 10:24).  “Cada uno de nosotros agrade a su prójimo en lo que es bueno, para edificación.  Porque ni aún Cristo se agradó a sí mismo” (Romanos 15:2-3). Además la Palabra de Dios nos da instrucciones para poder realizar todas estas buenas cosas, en esencia “bíblicamente mejorándose a sí mismo.” Irónicamente, es como si fuera un proceso de fallecimiento.

Nosotros debemos sacrificar nuestra autonomía (también conocida como voluntad propia) no solamente entregándosela al Señor y someterse a Él, sino también para permitir que Su vida viva a través de nosotros:

“Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí” (Gálatas 2:20).

El asunto o tema del “yo” es uno de los más confusos y problemáticos entre los Cristianos de hoy en día, incluyendo aquellos quienes profesan que la Biblia es su autoridad en todos los asuntos de fe y de práctica.  Esa es la primera razón por la cual los problemas de aquellos que no son Cristianos no son tan diferentes de aquellos quienes profesan ser Cristianos.

Esperando al escribir esta serie de artículos podamos clarificar lo que la Biblia nos enseña acerca de uno mismo y cómo podamos nosotros mejorarlo desde el punto de vista Bíblico.  No cabe duda alguna que el entender y el asimilar lo que las Escrituras nos enseñan, transformarán y mejorarán cada aspecto de nuestras vidas en Cristo.

Un pensamiento en “El secreto bíblico para superarse personalmente

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