La ley de la fe

Por Evangelismo Bíblico

La ley de la fe

Verso clave: “¿Dónde, pues, está la jactancia? Queda excluida. ¿Por cuál ley? ¿Por la de las obras? No, sino por la ley de la fe.” Romanos 3.27

La jactancia viene por lo que el hombre hace (la ley de las obras, Romanos 2.23). Nace del orgullo.

Pero, no hay nadie que pueda justificarse por sus propias obras: Gálatas 2.21. Entonces, la jactancia (por la ley de las obras) queda excluida por una nueva ley (o sea, por un nuevo principio por la cual Dios trata con los hombres): La ley de la fe. Ya todo es igual para todos: Es la fe en Cristo o nada. Y la jactancia pertenece a Dios: Romanos 11.36; Efesios2.8-10; Filipenses 1.6.

Hay un nuevo principio (una nueva “ley”, una nueva “regla”) que excluye la jactancia. Ya no es “fe más obras” (que podría dar ocasión a jactarse) sino “fe más nada”. Dios lo hizo todo y lo hace todo.

Entonces, se puede entender la “ley” de la fe como un “principio” – digamos, como “la ley de la cosecha”. Es un “principio” (una “regla”) que Dios estableció, un principio por el cual el mundo se rige. Si se siembra, la ley de la cosecha (el principio, la regla) dice que muy probablemente tendrá una cosecha de lo que sembró. Con la ley (el principio, la regla) de la fe, es simplemente esto: Es el nuevo principio por el cual la salvación (la vida en Cristo, nuestra relación con Dios) se rige. Es fe más nada. Es diferente de la ley de las obras – fe más obras – como vemos en el Antiguo Testamento.

William R. Newell, en “Romanos, Verso por verso”, dice esto:

“Ley” en sí es regla o plan. Esta “ley,” o principio, de fe aplica no sólo a la justificación sino a cada aspecto posterior de la vida del creyente. “Pero vosotros, amados, edificándoos sobre vuestra santísima fe, orando en el Espíritu Santo” [cita a Judas 1.20] “y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí.” [cita a Gálatas 2.20]

Donal Grey Barnhouse, en el segundo tomo de su comentario de Romanos, dice:

Finalmente, deberíamos notar que la palabra “fe” es usada en conexión con la palabra “ley” … ¿Qué es entonces la ley de la fe? ¿Qué es esto que excluye la jactancia? Es el principio que establece que no vamos a intentar merecer, sino que vamos a confiar. Si le es posible aprender dicha lección, usted habrá entrado en el mismo reposo de Dios. No hay verdad más maravillosa que la que se establece en la epístola a los Hebreos, que dice lo siguiente: “Porque el que ha entrado en su reposo, también ha reposado de sus obras, como Dios de las suyas. Procuremos, pues, entrar en aquel reposo, para que ninguno caiga en semejante ejemplo de desobediencia.” (Hebreos 4:10-11). Un rabí podría escribir acerca de la paz mental, un sacerdote podría escribir acerca de la paz del alma, pero no hay verdadera paz, no hay paz del corazón o del espíritu o del ser completo a menos de que la ley de la fe haya sido comprendida. Debemos procurar entrar en el reposo de Dios. Debemos forzarnos a estimar nuestra propia bondad como maldad a los ojos de Dios aunque esta aún será bondad a los ojos de los hombres. Debemos forzarnos a comprender la naturaleza de la separación involucrada en este juicio.

Entonces, la ley de la fe es el principio o la regla que DEBEMOS seguir en nuestra vida en Cristo. Nuestras obra no valen (porque, como dice Barnhouse: “Debemos forzarnos a estimar nuestra propia bondad como maldad a los ojos de Dios…”), sino sólo la fe para que Él tenga toda la gloria. En esta ley de la fe hay descanso y reposo porque hay confianza completa: Dios lo hace todo, yo confío en Él (completamente). Es el nuevo principio… la nueva regla… la nueva ley… por la cual se rige la relación del hombre con Dios.

No es una exclusión total de las obras de la vida de un cristiano. Pero, las obras nacen de la ley de la fe (de todo lo que Dios ha hecho y todavía hace). No figuran en nuestra aceptación delante de Él ni en lo que Él hace por nosotros. Él ya decidió salvarnos y santificarnos: Filipenses 1.6; Romanos 8.28-29. De un corazón agradecido nacen las obras. Entonces, las obras entran después, no como una manera de conseguir algo de Dios (o ponerlo propicio con nosotros). Más bien, el hecho de que Dios se puso propicio con nosotros y nos aceptó en el Señor Jesucristo (y nos dio vida eterna, el perdón de pecados, un hogar en el cielo…) nos mueve y nos motiva a hacer Su voluntad (obras).

Nota: Agradecimientos a Greg Kedrovsky por su ayuda en el tema (greg.kedrovsky.com).

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