¿Dónde quedó el amor? Una crítica evangélica

¿Alguna vez te diste cuenta de que hacía falta algo pero ni tú ni nadie hizo algo para remediarlo?

Por Alexis “El Broder” Rodríguez

Indigente

Esto sucedió hace algunos años, cuando era joven:

Me tocó asistir a un congreso cristiano en Tijuana. Solo duró tres días, pero el trayecto de Culiacán hasta allá, de ida y vuelta en auto, se me hizo eterno. Nunca había estado tan cerca de EU y, bueno, ¿a quién no le gustan los viajes? Como sea, el evento fue de bendición, se acabó y cada quien a su casa. Una caravana de autos que llegó a la frontera se regresaba a Sinaloa.

¿Y qué pasó? Pues resulta que cuando regresábamos vi un tráiler a un costado del camino, saliéndole humo. Un hombre, con su esposa e hijos, estaban afuera de él atemorizados.

Mi reacción en mi mente fue: “Debemos ayudarlos”. Pero resulta de que alguien dijo en voz alta: “Mira, un trailero y su familia. Ya debieron avisarle a otro por radio para recibir ayuda”. Y eso fue todo.

Nunca superé eso. No sé por qué no hablé y dije: “Hay que detenernos a ayudarlos”. Pero ni yo ni nadie lo hizo. No era algo seguro de que esa familia fuera a recibir ayuda inmediata, estaban en medio de nada y nosotros que podíamos hacer algo, simplemente pasamos de largo mientras oíamos cantos en casetes.

“El amor de Dios es maravilloso. ¡Cuán grande es el amor de Dios!”

 

Compasión.

Una vez me enteré de lo siguiente:

En cierta iglesia “cristiana” llegó un hombre enfermo que no tenía a nadie, pero tenía un don: Sabía enseñar música.

A este hombre lo contrató el pastor de la iglesia para que enseñara a cantar a otros y se le daría hospedaje en el templo, dinero  y comida.

Todo iba muy bien, el señor se quedó un tiempo viviendo ahí.

Pero entonces ocurrió que una “hermana” formuló un complot para sacar fuera al hombre, porque un pastor anterior había predicado algo así sobre la “dignidad del templo” (?). O sea, que el templo no podía albergar a esa persona (porque no era cristiano).

Pues el pastor nuevo no dejó que lo sacaran, ya que ningún mal había hecho.

La cosa es que cuando menos lo esperaron, el hombre desapareció: Lo terminaron corriendo un grupo de “hermanas”.

¡La dignidad del templo se salvó!

 pobricida2

Comida con desconocido.

¿Alguna vez has salido al cine con tus amigos? ¿O a un restaurante? ¿O a un juego deportivo? ¡Quién no lo ha hecho!

Estoy seguro de que el Señor desea que disfrutemos la vida al lado de nuestros familiares, amigos y hermanos en Cristo.

Pero, no sé ustedes, ¿han notado alguna vez cuántas veces visitamos y comimos con personas que nos hacen felices?

¿Cuántas veces hicimos lo mismo con un desconocido?

Te puedo asegurar de que hay muchas sorpresas en ello.

Recuerdo un caso que me sucedió hace unos dos años:

Era temprano en la mañana y no tenía trabajo. Tenía muy poco dinero y estaba cerca de la Isla de Orabá (algo así como nuestro Central Park).

Entonces veo acercarse a un indigente al bote de basura de mi lado y me sonríe. Y yo le regreso el gesto. Comenzamos a platicar.

“Carlos” era un joven que sufrió mucho en la vida. Se hizo drogadicto desde pequeño y sus efectos se notaban en su rostro.

Comenzamos a hablar de muchas cosas, y le pregunté dónde dormía. Me dijo que en el parque. “¿No tienes miedo?”, le pregunté. “No”, respondió, “porque tengo esto”, y entonces saca un enorme cuchillo de un árbol. Me han pasado cosas más raras.

Entonces yo le dije que existía algo mejor que un arma, algo que en verdad lo iba a proteger. Y entonces saqué de mi mochila mi Biblia.

Platicamos por horas. Al final, él se tenía que ir, pero yo insistí en invitarlo a comer. Lo llevé a un buen restaurante, lugar donde según él nunca había estado. Se sentía “indigno”.

Al domingo siguiente, después de que él durmió en una cama con pulgas (eso dijo), fuimos a la iglesia.

 

Dar.

Estaba trabajando vendiendo productos de salud casa por casa y me quedaba como una hora para salir. Llegábamos con el pretexto de una encuesta sobre salud y así podíamos ofrecer el producto.

Entonces llegué al hogar de “Georgina”. Una pequeña casa donde vivían ¡16 personas!

En lugar de hacerle la encuesta, Georgina me contó su vida.

Era una mujer madura que había pasado cosas tremendas: Sus padres la abandonaron en un basurero cuando era niñita. Fue violada, golpeada y obligada a juntarse con un hombre mucho mayor. Tuvo hijos con él, el hombre murió y tuvo que hacerse cargo de sus hijos. Trabajaba en los basureros para mantenerlos. En medio de un basurero, un día, se encontró una Biblia y, ella no sabía leer, ¡pero aprendió leyendo la Biblia! El libro le daba paz pero un día hubo un incendio en su casa y la perdió con todo lo que tenía. Ahora se había casado con su marido actual y tuvo más hijos con él. Pero actualmente ella estaba muriendo de cáncer.

Les juro que no sé cómo le hice para no llorar. Nunca había visto tanta desgracia sobre desgracia y ella tenía las marcas para probarlo.

Entonces ella me dijo que creía que no había Dios por todo su sufrimiento, y fue ahí donde comencé a hablarle de Jesucristo. No sé por cuánto tiempo hablé, pero le prometí que volvería con una Biblia.

A las 3 semanas, busqué mi ropa lo que no pensaba usar y me di cuenta de que tenía muchas cosas que nunca usé ni volvería a usar.

Llené mi mochila, más dos bolsas de plástico con cosas, y fui a su casa en autobús. Pero resulta que tomé uno equivocado que me hizo recorrer dos horas la ciudad y todo quedó oscuro. Lo peor es que no recordaba la dirección.

Entonces tomé un taxi y, por obra del Espíritu Santo, llegué a casa de Georgina con ropa y una Biblia nueva en medio de la noche.

¡Ella no podía creer que había cumplido mi promesa!

 

¿Quién predica a los indigentes?

Es fácil hacer un bien a alguien que nos lo puede devolver, pero por alguna razón no hacemos lo mismo con alguien que no nos puede regresar el favor.

¿Alguna vez le has predicado a un indigente? Puede que estén mal vestidos y huelan mal, pero creo que Dios los ama igual que a nosotros.

No sabemos cómo acabaron así, y es una bendición que nosotros no estemos en esa situación.

Me llama mucho la atención algo de las redes sociales. Muchos de mis agregados muestran fotos de ellos muy felices.

Están al lado de familia, amigos y hermanos en Cristo. Pero entonces de un tiempo acá me di cuenta de que nunca los veo al lado de desconocidos.

Déjenme explicar.

¿Alguna vez han visto a un cristiano feliz al lado de un indigente?

Te voy a decir lo que veo en las fotos de la mayoría de los cristianos: Veo a Cristianos que están tan metidos en los asuntos de esta vida que no les importa aquellos con los que no tiene que ver.

Son cristianos que van al gimnasio, salen a pasear, van a restaurantes… PERO  LA MAYORÍA NO GASTA NI UN SOLO CENTAVO EN LA SALVACIÓN DE LAS ALMAS. No compran tratados, no compran Biblias, pero eso sí: Compran un libro “motivacional” o la música de moda (Las ofrendas y diezmos no tienen que ver aquí).

¿Sabes cuántos mueren cada día? Unas 150 mil personas. ¿Cuántas de esas personas recibieron a Cristo? Muy pocas. ¿Y qué fue de todos esos que no le aceptaron? ¿Te preocupa? Si te dices cristiano y no te preocupa, ENTONCES NO ERES CRISTIANO.

Me llama la atención de que hay tanta necesidad de hablar de Cristo y lo que veo son muchos “cristianos” más preocupados por ellos mismos que por su prójimo. Aman más a los que los aman.

Existen muchos evangélicos que prefieren un nuevo celular con más funciones y gastar mucho dinero en él que invertir en la salvación de las almas.

¿Te sobró dinero? Qué bueno. ¿Lo vas a gastar solo con tus seres amados? Qué malo.

¿Por qué no le cambias la situación a alguien? Estoy seguro de que alguna vez le has dado monedas a uno de ellos. ¿Alguna vez le diste dinero junto a un Tratado Chick? Así le das alimento físico y espiritual.

¿Qué haría Jesús? Estoy seguro de que no solo anduvo en fiestas socializando, sino anduvo entre los necesitados, los leprosos, los más pobres… Jesús habló con todos, de hecho, Él se FUE DE SU TIERRA a predicar a los demás.

Yo no digo que hagas lo mismo, pero debes fijarte si en verdad tu “agenda” es la Agenda de Dios.

 

Tiempo.

Tengo varias enfermedades, algunas incurables. Estoy muriendo.

Si pudiera regresar el tiempo, regresaría a Tijuana y sería valiente, ayudando a esa familia. Les daría comida, bebida y, lo mejor, a Cristo.

Si pudiera regresar el tiempo, regresaría a ese templo y evitaría que hubieran corrido a ese hombre. Lo hubiera defendido no importa el costo.

Si pudiera regresar el tiempo, hubiera buscado a más Carlos y Georginas, el mundo está lleno de ellos: Personas que el mundo y los cristianos han ignorado.

Escribo esto porque no es posible que estemos “gozando las misericordias” de Dios y no las compartamos. Se supone que los Cristianos debemos amar más que nadie en el mundo.

Esta crítica me la aplico a mí mismo también, porque sé que pude hacer más.

¿Algún día “caminarás una milla extra” por un desconocido? ¿O es que no lo valen?

 

Para meditar: Hechos 20:35, Romanos 12:17-21, Mateo 5:42-48, Santiago 1:27, Santiago 2:15-17, 1 Juan 3:17, 18 y Gálatas 6:10.

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