Jesús se pone difícil (Segunda parte)

EL LLAMADO DE BEREA

Octubre 2012

T. A. McMahon

 

En estas series en dos partes estamos considerando las características de Jesús como han sido reveladas en las Sagradas Escrituras, pero hoy en día están siendo ignoradas o rechazadas por la iglesia actual. Como lo hemos mencionado en la primera parte, Jesús se revela ante Juan en el primer capítulo del libro de Apocalipsis de una manera muy simbólica, una manera que es muy diferente a la revelación que ocurrió cuando Jesús estaba físicamente con Juan y cuando ellos caminaron juntos. Juan, el apóstol a quien Cristo amó, y quien parecía haber tenido una relación más íntima con su Señor y Salvador que los otros apóstoles es sin embargo confrontado visualmente con una imagen de Jesús tan abrumadora que el sólo puede reaccionar echándose abajo de cabeza ante Él. No queda menor duda que la relación entre Juan y nuestro Señor Jesucristo se hizo más profunda después de la ascensión de nuestro Señor, de la misma manera debe ser con todos los creyentes a medida que maduran en la fe. Pero parece que hasta el mismo Juan no estaba preparado para lo que fue testigo.

Esta imagen simbólica representa una característica de Jesús que Él quiere que Su iglesia, Su novia, aquellos que en Él creen, lleguen a entender acerca de la relación que tienen con Él. Él quiere que Sus seguidores sean puros, sean santos, en la misma manera que Él es puro y santo (1 Pedro 1:15-16). Eso parece ser indicado por Sus cabellera y la imagen de Sus ojos resplandecientes: “Su cabellera lucía blanca como la lana, como la nieve; y sus ojos resplandecían como llama de fuego. Sus pies parecían bronce al rojo vivo en un horno, y su voz era tan fuerte como el estruendo de una catarata” (Apocalipsis 1:14-15). Todos estos elementos simbólicos parecen representar el juicio final. Pero puede que también sea el significado de la “espada de doble filo” saliente de la boca de la imagen de Cristo (Apocalipsis 1:16). La espada es Su Palabra, las Sagradas Escrituras, por las cuales todo el mundo será juzgado. Él es la Palabra, y son Sus Palabras que juzgarán y condenarán a los incrédulos. Sus palabras también juzgarán a los creyentes en el sentido de corregirlos y mejorarlos para que sus vidas conformen con la verdad y para que sean más fructíferos.

Debemos ser conscientes que el simbolismo atribuido a la ciertamente intimidante figura de Cristo y Su exhortación en los primeros tres capítulos del libro del Apocalipsis, no está dirigida al mundo sino a Su novia, a Su iglesia. Estos son los cuales a quienes Juan declara que el Novio ama:”Al que nos amó y nos lavó de nuestros pecados con su sangre” (Apocalipsis 1:5). Y aún así cualquier creyente que no entiende que Jesucristo está siendo severo con Su novia está perdiendo un aspecto muy importante de Su mensaje a las siete iglesias, es decir que Jesucristo realmente quiere que Su novia “esté preparada” antes de la boda.

A mí parecer esta es una exhortación “prenupcial” y también podríamos decir que es una exhortación bastante clara. Pero, ¿por qué Jesús se dirige a Su novia en la manera en que lo hace? Ciertamente no es la manera en que los jóvenes de hoy en día le hablarían a sus novias para asegurarse que ellas cumplan con la iglesia. Indudablemente, aquello que nos parece correcto es debido a las influencias culturales del mundo que casi nunca están de acuerdo con las enseñanzas de las Escrituras. Aún así, la pregunta sigue siendo ¿porqué Jesús de cierta manera está “instando” o “advirtiendo severamente” a Su novia en sus mensajes a las siete iglesias? Voy a sugerir ahora algunas posibilidades.

En primer lugar, y lo que realmente es importante, Jesús lo dice para el propio bien de las iglesias. Esta es una conclusión sabia y segura, porque todo lo que Jesús dice y hace es bueno y para el bien de aquellos a quienes se está dirigiendo. Pero aún así haymucho más que podemos deducir. Aunque nosotros esperamos que el Señor en cualquier momento regrese del cielo por Su novia, y aunque no sabemos el día ni la hora, sí podemos saber la condición espiritual que existe en el mundo en tal momento. Está indicado en las palabras de Jesús, en Lucas 18:8:”No obstante cuando venga el Hijo del Hombre, ¿encontrará fe en la tierra?” En el evangelio de Mateo, nuestro Señor le dice a Sus discípulos que los días antes de Su regreso serán caracterizados por una decepción espiritual (24:4) que será muy seductiva: “Porque se levantarán falsos Cristos, y falsos profetas, y harán grandes señales y prodigios, de tal manera que engañarán, si fuere posible, aún a los escogidos” (Mateo 24:24).

Algunos declaran que este versículo nos está enseñando que los escogidos son inmunes a tal decepción. Este punto de vista acarrea varios problemas. Jesús está hablando a Sus discípulos, quienes eran ciertamente los escogidos, y aún así Él les advierte que no se dejen engañar, lo cual no tendría sentido si ellos fueran inmunes al engaño. Los creyentes siempre han sido presa de la decepción. Las Escrituras nos advierten que no caigamos en las “artimañas” de Satanás (2 Corintios 2:11). Además, todas las epístolas escritas a los creyentes, contienen correcciones de doctrinas falsas que han seducido a creyentes o que tienen el potencial para hacerlo. Estas son cosas que el Señor sabe que Su novia va a tener que enfrentar.

La severidad de Cristo, en cierta manera, puede ser comparada a la de un sargento entrenando a sus soldados rasos para el día del combate. Un sargento, no importa cuál sea el ejército, es universalmente conocido por ser bastante severo con su tropa. Su manera de actuar es directa y severa ya que su preocupación no es solamente por la sobrevivencia de su tropa sino también quiere que sus soldados sean victoriosos en las batallas que van a enfrentar. De la misma manera, creyentes en Jesús a través de la historia de la humanidad han sido sujetos a intensas batallas espirituales. La preocupación de nuestro Señor es que nosotros estemos preparados para enfrentar lo que se nos avecina. Él hace hincapié articulando los problemas a las siete iglesias (y a nosotros en el tiempo presente) que van a debilitar su relación con Él y consecuentemente la efectividad de estas iglesias y de todos los creyentes, en lo que respecta a la preparación para Su reino.

Los Efesios, por ejemplo, son halagados por muchas cosas, pero los cimientos de su iglesia estaban siendo debilitados al mismo tiempo que su amor por el Señor se estaba enfriando. Esto puede parecer insignificante en comparación con todas las buenas obras que ellos estaban realizando, pero tenemos que ver que es mucho más crítico que lo que nosotros creemos y a la vez es también bastante simple. Si nuestro amor a Cristo no es nuestra primera y más importante motivación por las obras que estamos haciendo, entonces ¿cuál sería nuestra motivación, aunque no nos estemos dando cuenta de ella? Sin lugar a dudas es la satisfacción para nosotros mismos. Y cuando el interés a uno mismo se infiltra en nuestra motivación, el orgullo y la arrogancia no está muy lejos, y esas llegan a ser solamente obras de la carne.

Esto es tan importante y tan serio que el Señor declara a Su novia, a los Efesios (y también a nosotros), que si ellos no se arrepienten Él quitará “de su lugar el candelabro” (Apocalipsis 2:5). El candelabro es un instrumento que da luz, iluminación, un símbolo que alumbra toda la casa y en los pasajes de Mateo 5:14-15 Jesús llamó a sus discípulos “la luz del mundo”. Ellos eran la luz solamente en el sentido que ellos estaban instruyendo a otros lo que el Señor les había enseñado a obedecer, todo lo que el Señor les había mandado a ellos. (Mateo 28:20). Su Palabra, tal como Pedro se refiere en las Escrituras, la cual él llama la “palabra de profecía,” y como “una luz que ilumina un lugar oscuro” (2 Pedro 1:19). Yo estoy convencido que la acción de quitar o retirar el “candelabro” es a consecuencia de los creyentes apartándose de la luz de la Palabra de Dios. Además en Juan 8:12, Jesús, quien es la Palabra viviente, se refiere a sí mismo como “la luz del mundo.” Isaías, también claramente expresa esta relación de la luz y las Escrituras: “¡Aténganse a la ley y al testimonio! Si no dijeren conforme a esto, es porque no les ha amanecido” (8:20).

Como hemos mencionado en la primera parte de esta serie, las siete iglesias del libro de Apocalipsis, no estaban todas ellas operando o funcionando durante el tiempo en que Juan escribió el libro, sino que reflejan lo que la iglesia en general ha experimentado en ciertos períodos a través de la historia. Además, los temas a los que Cristo se refiere pueden ser encontrados en iglesias locales a través de todo el mundo. Por lo tanto, continuamos repitiendo que es imperativo el prestar atención a lo que Jesús dijo a esas iglesias históricas y aplicar esas enseñanzas a nuestras iglesias locales y aplicarlas también a nosotros como creyentes individuales, es decir a Su novia, con suma urgencia en nuestro tiempo presente.

Para dos de las siete iglesias, Esmirna y Filadelfia, Jesús no ofrece corrección. Jesús les da solamente consuelo y ánimo debido a lo que ya habían sufrido y sufrirían debido a su constancia y perseverancia en la fe. Existen multitudes de grupos de creyentes que están pasando persecuciones similares por ser testigos por Cristo hoy en día y muchos más creyentes que probablemente pasarán por lo mismo en el futuro. Las palabras de Cristo, por lo tanto, al ser aceptadas están siendo asimiladas y puestas en práctica fortalecerán y darán ímpetu a Su novia, no solamente para poder soportar lo que se avecina sino también para ser victoriosos y fructíferos en medio de estas pruebas.

Las palabras de parte del novio hacia las otras cinco iglesias consiste mayormente en una lista de temas que están creando problemas espirituales a Su novia, problemas que afectarán seriamente la relación del creyente con Jesucristo y al mismo tiempo también afectarán su productividad y efectividad es lo que respecta a Su reino.

Haciendo hincapié a lo que es central en lo que se refiere a la corrección de las iglesias que se han desviado de Su Palabra, nuestro Señor repite el simbolismo por la Palabra con el cual fue identificado al principio, cuando se dirige a la iglesia en Pérgamo:”Esto dice el que tiene la aguda espada de dos filos” (Apocalipsis 2:12). Esto no es solamente central sino que también forma la base por discernimiento necesario que la novia debe tener para poder reconocer la decepción y arrepentirse de las prácticas espirituales erróneas en las que ya se ha sumergido o en las que se va a sumergir en el futuro.

La iglesia de Pérgamo tenía problemas que no eran únicos dentro de esa congregación. Algunos de sus miembros estaban enseñando doctrina falsa, indudablemente por conveniencia propia, y también estaban promoviendo inmoralidad sexual. Miembros de esa iglesia se habían adherido a la doctrina de los Nicolitas, que involucraba cierta manera de elevar a los líderes a un nivel espiritual más alto, facilitándoles el control del resto de la congregación. Esto es evidente en las iglesias de hoy en día donde existe una jerarquía y una clase de líderes distanciada del resto de los congregantes. Jesús declara que Él odia esta clase de niveles sociales y que Él directamente iba a confrontar ese problema a través de Su Palabra si la congregación no se arrepiente.

Cristo se dirige a la iglesia de Tiatira en términos que claramente indican un juicio severo. Reiterando el simbolismo en los casos anteriores que representan lo mismo que ahora Él repite: “Esto dice el Hijo de Dios, el que tiene ojos que resplandecen como llamas de fuego y pies que parecen bronce al rojo vivo” (Apocalipsis 2:18). En esa iglesia había una mujer que había introducido inmoralidad sexual, fornicación espiritual y prácticas relacionadas con la idolatría. Demostrando Su infinita misericordia Él había dado a esta mujer y a esta congregación amplio tiempo para arrepentirse.

Expresando Su preocupación por los creyentes en esa iglesia Él expresa Sus palabras más fuertes y severas cuando dice: “He aquí, yo la arrojaré en cama, y a los que adulteran con ella, en muy grande tribulación, si no se arrepienten de sus obras. Y heriré a sus hijos con muerte; y todas las iglesias sabrán que yo soy el que escudriño los riñones y los corazones; y daré a cada uno de vosotros según sus obras” (Apocalipsis 2:22-23).

Cuando estas palabras del Señor nos sorprenden enormemente es porque nosotros nos hemos quedado hipnotizados por las influencias de nuestra sociedad actual, ya sea política, social, religiosa, como también por ser la “manera correcta de pensar”, esto es debido a la influencia psicológica en nuestra sociedad. Además todas estas influencias nefarias nos han cegado y nos han apartado de la verdad bíblica. También hemos perdido la noción de la realidad que Cristo se está dirigiendo a aquellos a quienes Él ama y por quienes Él ha lavado sus pecados con Su propia sangre (Apocalipsis 1:5).

A la iglesia de Sardis, la cual tenía solamente un remanente de sólidos creyentes, Él da una exhortación: “Sé vigilante y afirma las otras cosas que están para morir; porque no he hallado tus obras perfectas delante de Dios. Acuérdate pues de lo que has recibido y oído, y guárdalo y arrepiéntete. Pues si no velas, vendré sobre ti como ladrón, y no sabrás a qué hora vendré sobre ti” (Apocalipsis 3:2-3). Yo estoy convencido que esto es lo que claramente tal iglesia necesitaba en ese momento o en ese período de su existencia, un juicio correctivo del Novio a Su novia. Esto es lo que Pedro proféticamente confirma: “Porque es tiempo de que el juicio comience por la casa de Dios; y si primero comienza con nosotros, ¿cuál será el fin de aquellos que no obedecen al evangelio de Dios?” (1 Pedro 4:17).

El novio tiene palabras más suaves para Su novia en Filadelfia, una congregación de “poco fuerte” pero que aún así ellos habían mantenido y aplicado las Palabras de Cristo y no habían negado Su nombre. Él declara Su amor por estos creyentes y los elogia por la aplicación de Su Palabra y por su paciente perseverancia. Aún así, les advierte: “Ya que has guardado mi mandato de ser constante, yo por mi parte te guardaré de la hora de tentación, que vendrá sobre el mundo entero para poner a prueba a los que viven en la tierra. Vengo pronto. Aférrate a lo que tienes, para que nadie te quite la corona” (Apocalipsis 3:10-11). Parece que el Novio no solamente tendrá a Su novia vestida de “lino, limpio y resplandeciente” (Apocalipsis 19:8) debido a Su rectitud y justicia, sino que también quiere que Su novia sea adornada con coronas obtenidas por su amorosa obediencia a Su Palabra.

Muchos han sugerido que la iglesia de Laodicea es la que más representa a las iglesias de hoy en día, especialmente las iglesias del oeste de los Estados Unidos. Una definición que se puede encontrar acerca de la iglesia de Laodicea es “gobierno de la gente y por la gente”; otra definición es “juicio de la gente y por la gente”. Ambas definiciones parecen ser apropiadas y reflejan las amonestaciones de Cristo, es decir que la gente estaba haciendo lo que le convenía y dejaba a Cristo fuera de la congregación. Este ejemplo de iglesias demuestran estar pendientes de sí mismas, concentradas en su propia seguridad materialista y no reconocen que ellas están espiritualmente moribundas y por eso las palabras de Cristo: “Dices: “Soy rico; me he enriquecido y no me hace falta nada”; pero no te das cuenta de que el infeliz y miserable, el pobre, ciego y desnudo eres tú.” (Apocalipsis 3:17). ¿Cómo el Novio responde a ésta condición? En un lenguaje aún más severo hacia aquellos quienes Él caracteriza como tibios en la fe Él declara: “Conozco tus obras; sé que no eres ni frío ni caliente. ¡Ojalá fueras lo uno o lo otro! Por tanto, como no eres ni frío ni caliente, sino tibio, te vomitaré de mi boca” (Apocalipsis 3:15-16).

Una vez más hacemos la siguiente pregunta ¿por qué el Señor habla así a Su novia?

En los últimos pasajes del capítulo 3 del libro de Apocalipsis, Él explica las razones bien claramente en lo que puede referirse a una “exhortación pre nupcial” hacia las siete iglesias. En el verso 3:19 Él declara: “Yo reprendo y disciplino a todos los que amo. Por lo tanto, sé celoso y arrepiéntete.”

Él ama a la novia y le aconseja para que ella reciba de Él todo lo que necesita para ser purificada, y lo que Él da va a purificar su vida y su amor por Él como es expresado en este versículo: “Por eso te aconsejo que de mí compres oro refinado por el fuego, para que te hagas rico; ropas blancas para que te vistas y cubras tu vergonzosa desnudez; y colirio para que te lo pongas en los ojos y recobres la vista” (Apocalipsis 3:18).

Él concluye Su exhortación a Su novia, o hacia nosotros quienes profesamos creer en Él y que aseguramos seguir en Sus caminos, con un reto que implica un examen sobre nuestra realidad con el Señor, una revisión de nuestra relación con Él, con quien nosotros nos hemos conprometido y es lo siguiente: ¿Se ha entibiado nuestro amor por Él? ¿Nos hemos alejado de nuestro primer amor con Él? Cualquiera que sea nuestra condición, Él nos urge y nos alienta: “Por lo tanto, sé celoso y arrepiéntete. Mira que estoy a la puerta y llamo. Si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré, y cenaré con él, y él conmigo”(Apocalipsis 3:19-20).

El novio está dispuesto … ¿pero y la novia? Nosotros debemos prestar atención a cualquier instrucción que encontremos en la Palabra de Dios. Pero cuando encontramos en las Escrituras algo que está repetido como cuando Jesús dice: “De cierto, de cierto…” podemos decir que Él está enfatizando tal instrucción. Por lo tanto ¿qué podemos decir de las instrucciones a Su novia, las cuales Él enfatiza con una exhortación que repite siete veces? “El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias” (Apocalipsis 2:7, 11, 17, 29; 3:6, 13, 22).

Y el Espíritu y la Esposa dicen: Ven. Y el que oye, diga: Ven. Y el que tiene sed, venga: y el que quiera, tome del agua de la vida gratuitamente” (Apocalipsis 22:17).

TBC

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