“Despojada”, un comic cristiano sobre estripers

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Una prostituta arrepentida

Para que la salvación llegue a tu vida debe de haber un verdadero arrepentimiento, hasta que tomes decisiones, y tomar una decisión es decir: “nunca más por este camino”, si no hay una verdadera actitud de cambio nunca vas a experimentar la bendición de Dios de manera permanente.

Los profetas de la antigüedad, Juan el bautista, el mismo Jesucristo, Pedro, Pablo, los apóstoles y sus discípulos  tenían en común un mismo mensaje: “Arrepentíos” Mateo 3:2, Mateo 4:17, Hechos 2:38 (ante los 3.000) y Hechos 3:19 (ante los 5.000), Pablo en todas sus cartas exhorta a un verdadero arrepentimiento con Dios.

Evans Robert (el líder del avivamiento en Gales a principios del siglo XX) no predicaba a una iglesia de las bendiciones de Dios hasta que sentía que había un verdadero arrepentimiento. Una iglesia no puede ser bendecida ni ungida como pueblo si no hay arrepentimiento. El decía “el avivamiento primero debe de estar en tu corazón antes de llegar a la tierra”

Habíamos dicho en un artículo anterior que arrepentimiento viene de una familia de palabras que entre otras cosas significa “cambio de mentalidad” con respecto al pecado y a Dios y que indican un retorno, un cambio de parecer”, o un repudiodel pecado para regresar a Dios. Se traduce también como “Metanoia” que significa “cambio de actitud, de mentalidad o de propósito de vida”, y no solo “penitencia”, es un cambio de mentalidad, una ruptura de paradigmas, y fortalezas equivocadas con que hemos sido formados según el sistema del mundo.

El arrepentimiento conlleva un cambio, no es simplemente excusarse de su falta. En el Antiguo Testamento encontramos la historia del primer rey de Israel, Saúl, éste hombre es un ejemplo de remordimiento pero no de arrepentimiento con respecto a sus pecados. Él sabía que estaba mal lo que estaba haciendo y una y otra vez pedía perdón y daba muestras de remordimiento y dolor por sus pecados pero bastaba solo una siguiente oportunidad para volver a caer en lo mismo.

Saúl envidiaba y odiaba a David (quien fuera luego su sucesor), lo perseguía a muerte pero cada tanto daba muestras de un aparente arrepentimiento que solo era temporal, en realidad nunca superó su odio y era cuestión de tiempo y oportunidad para perseguir de vuelta a un hombre que nunca le hizo daño. Siendo un Rey vivia como un esclavo. Podemos leer su historia en el libro de 1 de Samuel entre los capítulos 18 al 24

En el libro de Lucas 7:36-50 encontramos la historia de una mujer pecadora que lloró a los pies de Jesús. Esta mujer que probablemente era una prostituta estaba terriblemente convencida de pecado, consiente de una vida sin Dios y sin propósito, llena de vergüenza y humillación.

Los fariseos presentes en ese lugar le cuestionaron a Jesús que una mujer así lo tocara (bajo ninguna circunstancia un rabino podía dejar tocarse por una mujer salvo su esposa y menos aún por una prostituta) y Jesús le responde con un ejemplo diciendo: Entonces respondiendo Jesús, le dijo: Simón, una cosa tengo que decirte. Y él le dijo: Di,  Maestro. Un acreedor tenía dos deudores: el uno le debía quinientos denarios,  y el otro cincuenta; y no teniendo ellos con qué pagar, perdonó a ambos. Di,  pues, ¿cuál de ellos le amará más? Respondiendo Simón,  dijo: Pienso que aquel a quien perdonó más. Y él le dijo: Rectamente has juzgado. Y vuelto a la mujer, dijo a Simón: ¿Ves esta mujer?  Entré en tu casa, y no me diste agua para mis pies; mas ésta ha regado mis pies con lágrimas,  y los ha enjugado con sus cabellos. No me diste beso; mas ésta, desde que entré, no ha cesado de besar mis pies. No ungiste mi cabeza con aceite; mas ésta ha ungido con perfume mis pies. Por lo cual te digo que sus muchos pecados le son perdonados,  porque amo mucho; más aquel a quien se le perdona poco,  poco ama. Y a ella le dijo: Tus pecados te son perdonados”.

En esta historia podemos ver una clara enseñanza del beneficio de un verdadero arrepentimiento, puesto que arrepentimiento implica convicción de pecado esto significa que mientras más convicción de pecado tenemos más nos sentiremos perdonados pues seremos consientes de cuán grande deuda Dios nos condonó y mientras más consiente seamos de esa gracia inmerecida tanto más amaremos y seremos gratos a Aquel que tanto nos perdonó.

Los fariseos sin embargo no tenían convicción de pecado, se creían justos por su moral humanista, por sus apariencias de piedad religiosa pero en realidad eran hombres pecadores, envidiosos, implacables y orgullosos, “sepulcros blanqueados” les dijo Jesús en una oportunidad. Juzgaban sus vidas según sus parámetros y no las de Dios. El orgullo y el alago de los hombres les impedía ver sus miserias.

Esa falta de convicción de pecado no le permitía acercarse a Dios para entrar a cuentas con Él y esta falta de acercamiento verdadero les estaba llevando a la perdición. En cambio los pecadores alevosos como los borrachos, las prostitutas, los ladrones, etc., al ser más consientes de sus pecados y bajo el escarnio social se sentían menos dignos de Dios y los hombres y este estado de humillación se tornaba a su favor para que consientes de sus miserias se acerquen a Dios sin reclamar nada más que el ser perdonados.

Es por ello que Jesús sentenció a los fariseos diciéndoles: “De cierto os digo, que los publicanos y las rameras van delante de vosotros al Reino de Dios” Mt 21:31. Es una gran desventaja para con Dios el creerse justos según nuestros propios criterios.

El arrepentimiento es convicción de pecado, y una persona con convicción de pecado es una persona totalmente dependiente de Jesús (Juan 15:5). Mientras más convicción de pecado tenemos más amaremos a Jesús, le adoraremos más profundamente.

No así aquel que se cree justo según sus propios juicios o aquel que justifica sus pecados, este está realmente perdido, pues no solo no es o no quiere ser consciente de su miseria y error sino que con esa actitud está diciendo que Dios miente, pues si Dios le llama pecador a través de su Palabra y él dice no ser tan así esta contradiciéndole, no está de acuerdo con Dios, no siente que Él tenga que perdonarle nada y en consecuencia no tiene gratitud ni amor hacia alguien de quien, según sus criterios, realmente no le necesita.

La salvación no es “aceptar a Jesús”, la salvación es NACER DE NUEVO Juan 3:1-8

El mensaje fundamental del evangelio es la cruz y la resurrección y ambos hablan de lo que debe ocurrir en la vida de un creyente; muerte (a través de la crucifixión a una vida sin Dios) y vida nueva (a través de la resurrección a una vida con Dios, leer Gálatas 2:20).

Los discípulos no reconocieron fácilmente al Jesús resucitado, esto es una alegoría de que cuando “resucitamos en Cristo” debe de cambiar tanto nuestra vida que es difícil de reconocernos en comparación con nuestra vida anterior.

Necesitamos el encuentro con el Espíritu Santo porque Él nos da convicción de pecado, justicia y juicio (Juan 16:8). Dios no va a vestir a los hombres sin haberles desnudado primero, ni los vivificara por medio del evangelio si antes no mueren por la ley (la ley produce convicción de pecado e impotencia de salvación propia, pues nos muestra que es imposible en nuestra fuerzas cumplirla por eso nos lleva a la Cruz del Calvario, la ley es tan solo nuestro guía hacia Cristo quien es quien realmente salva por fe y gracia (Gálatas 3:22-26).

El gran predicador Charles Spurgeon decía: “Cuando el Espíritu Santo sopla sobre nosotros marchita toda gloria del hombre, para después manifestar una gloria más alta y duradera”.

En una persona que nace de nuevo debe de haber convicción profunda y verdadera de pecado; porque adonde no existe esta convicción no ha habido un nuevo nacimiento.

 

Tomado de http://emilioaguero.com/2010/12/16/una-prostituta-arrepentida/

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