“A puertas cerradas”, un comic cristiano sobre la pornografía

El hombre detrás del escritorio estaba inquieto. No veía la hora que el día llegara a su fin. Aunque era bueno en su empleo, ya no se dedicaba a éste con entusiasmo. Antes pensaba que su trabajo le presentaba desafíos y le brindaba satisfacciones. Ahora simplemente le aburría. Vivía con una sensación constante de que debía haber algo más en la vida que la rutina de ir a trabajar y llegar a fin de mes.

Faltaba algo importante en su vida —pero él no sabía qué. Había estado cumpliendo con su vida familiar, su fe e incluso sus actividades recreativas por inercia desde hacía tanto que casi ya ni se acordaba.

Al caer en picado frente a su computadora en casa, el deseo de huir y el anhelo por aventuras llevaron su atención en una dirección conocida. Imágenes prohibidas se habían mantenido fijas, guardadas en su memoria todo el día, pero ahora eran lo único en lo que podía pensar. Una vez que se conectó a la Internet, se encontró digitando direcciones conocidas que finalmente le llevarían a sitios en la red donde ya había estado muchas veces antes.

Cuando las imágenes comenzaron a cargarse en su pantalla, supo que no había marcha atrás. Sintió una ráfaga de excitación mientras navegaba de página en página en la red. Aquellas emociones estaban dando resultado con él. Mirar imágenes sexualmente gráficas hicieron que su aburrido corazón se volviera a sentir vivo. El alivio vino con facilidad mientras estuvo absorto en su propia fantasía.

Por unos breves momentos, disfrutó de la euforia pasajera.

Pero luego la vergüenza irrumpió dentro de él como una tormenta violenta. Se sintió sucio y débil. Con un profundo suspiro, se cubrió el rostro con las manos. No podía creer que lo había vuelto a hacer.

En cierto grado, él sabía que su problema estaba fuera de control. Quería ir en busca de ayuda, pero se sentía demasiado avergonzado.

¿Qué pensarían los demás de él? ¿Cómo podría decirle a alguien la verdad alguna vez? Temía perder todo aquello que significaba algo para él y, sin embargo, no sabía cuánto tiempo más podría seguir llevando una doble vida.

Asqueado consigo mismo, juró que lo dejaría. Así era como generalmente trataba de resolver su confusión interior.

Le rogó a Dios que le perdonara y prometió que esta vez hablaba en serio. Casi se creyó la ya gastada frase que se estaba repitiendo a sí mismo. Pero muy en el fondo sabía que no sería para siempre. Si no había un cambio, sólo era cuestión de tiempo antes de que él volviera a caer en la tentación.

Es triste decirlo, pero la historia de este hombre es algo muy normal. Montones de hombres cargan un oscuro secreto que les deshonra y está envenenando sus relaciones.

Parece que el público se está haciendo cada vez más consciente del problema. Pero a la comunidad cristiana le falta mucho camino por recorrer para reconocer el alcance de este cáncer dentro de su propio terreno. La verdad es que una multitud de hombres cristianos, tanto jóvenes como adultos, y de todas las profesiones y condiciones sociales, miran con frecuencia imágenes sexualmente explícitas.

No todos los hombres que han visto pornografía son adictos a ella, pero muchos sí que lo son. Y cualquiera que eche una mirada ocasional o se tope con ella accidentalmente está en peligro de caer en el vicio.

Trágicamente, la mayoría de los hombres no admiten que tienen un problema sino hasta que los atrapan. Algunos creen tontamente que tienen el control de su hábito. Otros se sienten impotentemente fuera de control y viven en un confinamiento solitario por elección propia. Pero esto no tiene por qué ser así. Hay una salida del pantano de la autodestrucción sexual.

¿Puede Jesús salvar a alguien que es adicto a la pornografía? Lee o descarga gratis el comic A puertas cerradas y averígualo. Lo encuentras, al igual que otros útiles materiales, en http://www.mangascristianos.com/

Información tomada de:

“Cuando la mirada de un hombre se desvía”: Cómo zafarse de las garras de la pornografía, por Jeff Olson (RBCLatino)

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