El perdón

BIENAVENTURADO aquel cuyas iniquidades son perdonadas, y borrados sus pecados. Bienaventurado el hombre á quien no imputa Jehová la iniquidad, Y en cuyo espíritu no hay superchería. Mientras callé, envejeciéronse mis huesos En mi gemir todo el día. Porque de día y de noche se agravó sobre mí tu mano; Volvióse mi verdor en sequedades de estío. Mi pecado te declaré, y no encubrí mi iniquidad. Confesaré, dije, contra mí mis rebeliones á Jehová; Y tú perdonaste la maldad de mi pecado. (Salmos 32: 1-5)
Perdonar, palabra que suena tan fácil pronunciar, pero en la práctica es un dolor sofocante que destroza una parte de nosotros, pedir perdón o perdonar a un agresor es solo de valientes, principalmente por el orgullo que nos envuelve.
“…Como olvidar esa tarde, el estaba llorando montado en una bicicleta viendo como su mujer llevaba sus cosas y sus dos hijos, pero ya era tarde, ella siempre trabajadora no soportó más a su cónyuge alcohólico que lo único que hacía era quemar su dinero en las bebidas y hay algo más, ella estaba embarazada…”
Ya no había más nada que hacer, el no quiso cambiar, prefirió el alcohol que su familia, pero a pesar de esa circunstancia él era mi padre, y yo solo tenía 6 años, pero lo amaba.
Nunca más supimos nada de él, mi madre dio a luz a mi hermana y rápidamente se acompañó con otro hombre, quien se convertiría en mi padrastro. A mi corta edad con un celo tremendo hacia mi madre, con el recuerdo de mi padre, sumándole a este nuevo señor que le abraza y le besa a mi madre llenó en mi tanto odio y rencor.
El tiempo pasó, yo crecía pero no aceptaba que otro hombre ocupará el lugar de mi padre. En mis más oscuras noches de soledad recordaba las tardes cuando mi padre llegaba en casa y me llamaba por un apodo que me dio, y era este: … “Niki mi amor…” esa era todas las tardes con galletas y yogurt en sus manos, como olvidarlo, a pesar de su alcoholismo lo amaba.
El maltrato que recibía de mi padrastro generó en mi un odio extraordinario, deseándole la muerte o deseándome morir, una madre cegada por sus pasiones sin poder entender a su hijo, recuerdo que cada vez que sentía que cuero del cinto rompía mis piernas, no me movía, no hablaba, no lloraba, solo escuchaba en el fondo el grito de ese hombre diciéndome:… llora inútil, llora… Pero mi terquedad y orgullo era mayor, no quería mostrarle mi dolor aunque por dentro moría, mi corazón disparaba a mil por hora.
Sentía tanto amor por mi madre, y hasta hoy lo siento aunque ya falleció, pero veía claramente que ella no me podía entender y tomé la decisión de vivir lejos de casa, no fue fácil, desde mis 8 años ya comencé a trabajar todo por salir del hueco de mi familia.
Esa situación en mi edad de adolescencia pudrió mi alma (uso palabras sinceras), odié a mi padre a quien amaba tanto culpándolo de mis errores en aquel tiempo y odiando al padrastro que me trataba como un sirviente.
Proverbios 4:23
Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; Porque de él mana la vida.
Mi corazón estaba muerto, porque estaba lleno de odio, rencor, trapos sucios del pasado, eso hizo que yo tomará caminos distintos a los que Dios quería para mí.
Salmos 32:5
Mi pecado te declaré, y no encubrí mi iniquidad. Dije: Confesaré mis transgresiones a Jehová; Y tú perdonaste la maldad de mi pecado.
Yo hacía totalmente lo contrario, encubría mis pecados, era ojo por ojo y diente por diente, no me importaba romper el corazón de otros, hicieron conmigo, entonces servía el mismo “plato” a los demás –eso pensaba.
Un día vi a un hombre tirado en la calle, era un mendigo, flaco, con hambre, estaba solo, sucio y delirando en la locura, y para mi sorpresa, casi para mi corazón cuando me dicen: Ese hombre que ves allí es tu padre… desde el día que tu mamá lo dejó ha mendigado por la calle- palabras de mi abuela.
“.. No podría creerlo lo que estaba observando, ese hombre es mi padre y de mis dos hermanos también, y es un mendigo”
No había ninguna diferencia entre él y yo en ese momento, los dos mendigábamos por el mismo cariño, amor, familia, yo por su ausencia y el por la nuestra. Solo el Señor sabe el por qué de las cosas, pero sabía que tenía que perdonar para ser libre de tanta carga, el ejemplo más grande de perdón y amor entendí que venía de parte de Dios al entregar su hijo por amor a mí, sólo debía creer en El y así era perdonado.
Proverbios 28:13
El que encubre sus pecados no prosperará; Mas el que los confiesa y se aparta alcanzará misericordia.
Confesé a mi Padre celestial y me habló, diciéndome: Aunque no tuviste a tu padre terrenal contigo, yo nunca te abandoné (escribo esto con lágrimas en mis ojos) ese día entendí cuán grande es el amor de Dios hacía mí.
Así como tuve la oportunidad de que Dios me perdonase, mi padre y mi padrastro también se merecían, y lo hice… Un día en pleno culto, invite a mi padre en la iglesia y proclame el perdón hacia él y que me perdonará también las mías.
El hoy en día, ya volvió a su normalidad, tratando de salir adelante, aunque lo veo como un extraño a veces, hago mi mayor esfuerzo para verle como mi padre, no olvidaré la palabra que dice en Proverbios 20:12.. “Honra a tu padre y a tu madre…”
Yo elegí perdonar, yo elegí bendecir mi vida, yo elegí amar, sin importar el pasado, el dolor y las noches de quebranto, yo elegí ser libre.
Salmos 32:2
Bienaventurado el hombre a quien Jehová no culpa de iniquidad, Y en cuyo espíritu no hay engaño.
Perdona hoy tú también, y será abierto los cielos sobre ti, y serás bienaventurado…

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