Líderes religiosos viven en incertidumbre en México

El asesinato de dos miembros de la Iglesia de los Santos de los Últimos Días, luego de encabezar un movimiento comunitario para oponerse a pagar un rescate que exigían los secuestradores, ocurrido recientemente en la comunidad mormona de Chihuahua, deja una lección para las demás comunidades de fe.

 

Por: Oscar Moha

CIUDAD DE MÉXICO. La Iglesia Mormona no ha sido la única que ha sufrido el secuestro de sus feligreses en México. Si bien en congregaciones cristianas evangélicas no existen estadísticas, hay muchas historias de dolor e impunidad.

Pastores, familiares y congregantes han sufrido la privación ilegal de la libertad, robos, secuestros-exprés, agresiones violentas y otros delitos graves, sin que haya constancia legal de ello, ya que la mayor parte de tales actos ilícitos no son denunciados y sólo la iglesia local se entera a los efectos de la petición de oraciones intercesoras.

Resulta muy común leer, en los boletines internos de las iglesias evangélicas, peticiones de oración por una familia “que está pasando por un momento difícil”, lo cual implica, sin dudas, una de las actividades citadas, que se manejan como “secreto familiar”. Ello es debido a que, en ocasiones, los afectados no denuncian los hechos por la falta de confianza en las autoridades policíacas y judiciales. Muchos de ellos prefieren dejar los hechos en el anonimato y, de la cifra total, solo un 10 por ciento se atreve a presentarse ante el Ministerio Público para levantar denuncia de los hechos.

También el factor del narcotráfico tiene una fuerte incidencia en esos asuntos. Incontables y secretas historias, sobre todo en el norte y centro del país, modelan otra arista del problema. Estados como Chihuahua, Nuevo León, Tamaulipas, Sinaloa, Guerrero, Michoacán y Oaxaca, poseen bandas de narcotraficantes que han llegado a amenazar a quienes predican en contra de ellos.

Una de esas historias la cuenta un líder que realiza eventos infantiles. En diciembre del pasado año la Asociación Bolsa del Samaritano entregaba regalos para menores de escasos recursos en un poblado ubicado en los límites del estado de Michoacán y Guerrero, cuando individuos no identificados, a bordo de camioneras de último modelo, descendieron para advertir a los organizadores que debían pagar “una cuota” si querían proseguir la actividad.

“Nos comentaron que tales eventos están suspendidos en la zona donde ellos mandan –comentó un pastor de esa localidad que prefirió el anonimato por temor a represalias–. Era gente armada que nos pidió que no regresáramos porque íbamos a tener problemas; e incluso, nos perdonaron la cuota que ellos mismos habían fijado en 15 mil pesos mexicanos (unos mil 500 dólares)”.

También en Sinaloa ministros de varios municipios saben que hablar en sus sermones del narco, o tan solo mencionar sus nombres desde el púlpito, podría tener el costo de la vida o ser secuestrado por alguna de las bandas que operan en la zona. Tal temor está fundamentado en que denunciar tales veladas amenazas ante autoridades locales o federales puede representar una “desaparición forzada” de ellos o alguno de sus familiares.

“Esa gente tiene personas infiltradas en nuestras iglesias y si alguno predica sobre el tema son capaces de matar a quien sea, y eso lo sabemos los pastores de aquí (Sinaloa)”, afirma un líder de la Iglesia Apostólica.

Algunos de los secuestros más recientes que se conocen son: 13 de septiembre del 2005, Naomi Ost, hija del director de los Centros de Fe, Esperanza y Amor, cuando iba a la Universidad; el cual causó conmoción en las iglesias evangélicas.

El asunto trascendió al ámbito Internacional. El 17 de mayo del pasado año, Adriana Cortés Ramos, de 21 años, hija de un ministro adventista, fue secuestrada en Puebla; mientras que el pastor y empresario Noé Villegas Trejo, de Tamaulipas, sufrió la misma suerte el 23 de julio, también del 2008, y un mes después apareció muerto. Cristian Carbajal, hijo menor de otro evangelista, luego de haber sido interceptado por varios sujetos en una camioneta el 24 de septiembre, permaneció retenido por 75 días en Guerrero.

En octubre del pasado año, el pastor Manuel Tec Domínguez fue secuestrado en Tijuana, mientras que el reverendo Jesús Arena tuvo que pagar un rescate de 300 mil pesos mexicanos, según cuentan versiones extraoficiales, luego de sufrir la misma suerte en el municipio de Cárdenas, Tabasco.

La mayoría de esos delitos siguen en aumento, de manera que la determinación de la comunidad mormona de enfrentar por sus propios medios, a tales delincuentes, resulta un ejemplo de valentía y determinación, cuando se prevé que, en breve, líderes de diversas denominaciones harán un pronunciamiento sobre el tema y tomen medidas al respecto.

 

Fuente: Cristianos.com

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